CRÓNICAS (SIN)VERGÜENZAS

En busca de la hierba más verde

Barcelona celebra una cata legal de marihuana

El evento sirve para presentar una película sobre la vida del antiguo traficante Howard Marks

‘MISTER NICE’. Howard Marks, conocido en EE UU como 'Mister Nice', pasó siete años entre rejas por traficar con marihuana. Ayer presentó en Barcelona la película del mismo título, basada en su libro de vivencias. / ALBERTO ESTÉVEZ (EFE)

Los caminos de la prensa son inescrutables, tanto que un día puedes recibir en tu correo electrónico una nota que dice “invitación a una cata legal de marihuana”. Entonces empiezan los sueños humeantes llenos de grandes canutos y el consiguiente reportaje gonzo de periodista fumado que cuenta el terrible momento en que se dejó arrastrar a una orgía de hierba. Así que uno se acredita, se viste para la ocasión y se prepara para lo mejor (peor). Pero nada, como siempre pasa en el mundo del plumilla, todo es una ilusión. Empieza a desvanecerse —ya de entrada— con una rueda de prensa de 45 minutos (ignorando aquella regla de oro que dice que a los 20 minutos todos dejan de prestarte atención) trufada de nobles discursos sobre las bondades de la marihuana. Un señor abogado, un experto en el tema, un extraficante de marihuana y el alcalde de Rasquera, aquella localidad catalana de 950 habitantes que planea convertir sus cultivos en un gran campo de hierba. Todos muy concienciados y alertando de la deriva capitalista del planeta, clamando por la legalización de una droga que 17 estados en Estados Unidos ya aprueban para tratar a sus enfermos de cáncer.

Lo raro del caso es que ayer por la mañana, en Barcelona, después de 45 minutos de discursos, nadie había dicho nada de la película que, teóricamente, era la excusa para todo aquel despliegue. Así que en el Club María, al final de Las Ramblas, ni una palabra de Howard Marks. Marks es aquel señor que se convirtió en el mayor traficante de marihuana de la historia, le pillaron, le metieron siete años en la cárcel y salió convertido en un apóstol del tema.

Al tipo en cuestión, más conocido como Mr.Nice (igual que la película que adapta su libro) se le veía simpático, distraído, sin enterarse de un comino de lo que estaban diciendo, más allá de lo que su traductora le iba soplando a la oreja. La película, protagonizada por Rhys Ifans y David Thewlis, tiene un look sospechosamente parecido al de Blow. Aparte de eso, poco más que decir: “Soy amigo de Rhys Ifans desde hace 16 años, me gusta que haya sido él el protagonista” aportó Marks a una pregunta de la prensa.

Después, la cata legal. En realidad, la cata no era solo legal sino de que de hecho no era ni cata: se trataba de oler distintos tipos de hierba, cual sommelier, y adivinar qué ingredientes contenía y si era ácida, picante o dulce. Una actividad de cinco minutos de duración, inocua aunque divertida, con la que se da por terminado el acto. “¿Y los porros?”, pregunta el cronista. “Ah, ¿quieres uno?”, contestan desde la organización. “Si quieres hay que hacerse socio del local. Si no, nada”. Uno insiste: “Pero, ¿no había una cata?”. Nada, que no había cata, aunque, según el organizador “porque os habéis rajado”. Así que en lugar de canutos hubo entrevistas. “Bueno, no sé si algún día van a legalizar la marihuana. Llevo 50 años equivocándome así que mi opinión carece de fundamento”, decía Marks, pelo alborotado, pose de leyenda viva. Y reconocía que aún fumaba a diario (la marihuana, que no el tabaco) y que eso ya está bastante bien visto y que España era “muy tolerante”: “En Inglaterra deberían tomar ejemplo". ¿El local de la presunta cata? Bonito, nada siniestro, y al final lo único que se podía catar allí fue un zumo de sandía.

Mientras tanto, en un sofá de la planta noble se sentaba Bernat Pellicer, el alcalde de Rasquera, ponía cara de “qué hago yo aquí” que inmediatamente reemplazaba con un “yo ya sabía a lo que venía” antes de exponer uno de los casos más fascinantes de la política nacional: un pueblo entero que decide dedicar sus terrenos al cultivo de la marihuana y que se encuentra con todas las trabas por parte de un enemigo de gran calado: “el estado español”. “Es bastante increíble lo que está pasando: ayer vino al pueblo un equipo de televisión de Tokio para ver con sus ojos lo que estaba pasando. Yo creo que la guerra moral ya la hemos ganado”.

Finalmente, el periodista consigue el carné del club, lo enseña y se acerca un asesor: “No salgas de aquí fumando porros y si llevas algo te lo pones en tus partes íntimas”. El fumeteo parece próximo. Pero ni rastro. No queda ni zumo de sandía. Media hora después nadie ha encendido nada. El periodismo no es lo que era. Y el cine, tampoco. Por cierto, Mr. Nice se estrena este viernes, y en la película, al menos, se fuma.

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