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Los feos y costosos retratos públicos

Galeristas y directores de museos piden que el dinero de las hagiografías pictóricas vaya al arte

Mariano Rajoy junto a su retrato como ministro de Educación EFE

Con los últimos recortes en la cultura y los nuevos impuestos, que persista la costumbre del retrato oficial es considerado por algunos como un chiste de mal gusto. El mundo del arte y el personal civil en general ha mostrado su estupor, incluida una iniciativa popular que lleva recogidas más de 19.000 firmas, a raíz de que este verano se anunciase que el Estado iba a pagar 190.000 euros a Antonio López por reproducir la imagen de Francisco Álvarez-Cascos como ministro de Fomento y 82.000 a Bernardo Torrens por hacer lo mismo con José Bono como expresidente del Congreso.  El revuelo motivó incluso una interpelación parlamentaria antes del verano. La pregunta del diputado socialista Antonio Trevín escandalizó a muchos por las cantidades pagadas en pos de la vanidad en un momento dramático para la mayor parte de los españoles.

José Bono, ex presidente del Congreso.

Casi todos los consultados consideran que el retrato oficial es un uso a extinguir, al menos tal como la conocemos, y quienes se declaran respetuosos con esa costumbre creen que, a estas alturas del siglo XXI, la fotografía resulta mucho más adecuada que un pomposo retrato clavado en la pared de la institución de turno. Siempre más barata, la fotografía podría servir para mantener un supuesto interés documental y artístico que en otros tiempos se le atribuyó a este género cortesano.

La galerista Soledad Lorenzo tiene una postura inequívoca en contra de esta clase de retratos. "Me parece un chiste de mal gusto que siga existiendo algo semejante. Es espantoso. Si creen que han hecho méritos para acordarse de ellos", prosigue escandalizada, "bastaría con guardar una fotografía de esas que se publican en los periódicos. Nada de fotografía artística, parece que no sepan que la vida evoluciona y que hay costumbres que tienen que cambiar. Creo que el presupuesto que el Congreso debería gastar en retratos es cero euros. Mejor sería que destinaran ese dinero a los museos, que falta hace".

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Retrato de Luisa Fernanda Rudi, expresidenta del Congreso, realizado por Hernán Cortés Moreno en 2007

La también galerista Juana de Aizpuru es menos radical contra esta costumbre, pero sí reclama con vehemencia que los retratos sean fotográficos y no pictóricos. "Ahora no hay buenos retratistas, se llamen como se llamen. Me da lo mismo Antoñito López que Hernán Cortés. Todo lo que me viene a la cabeza son imágenes espantosas. El género se agotó con Velázquez y Goya como podemos ver en el Prado. Los políticos debieran optar claramente por los fotógrafos, como se ha hecho fuera. Pensemos en los trabajos de Avedon, Penn, Newton… Es otro mundo. Y además, más barato". Aizpuru añade: "Cuando he tenido que recorrer una galería en la que colgaban retratos de ese tipo he salido con una tristeza tremenda. Son deprimentes. Nadie quiere ver esas cosas".

La verdad es que son muy pocos los que hasta el momento han optado por la fotografía. Que se sepa, el caso más reciente es el del expresidente del Congreso Manuel Marín (Cristina García Rodero le ha retratado por 24.780 euros). Mientras que José Montilla, expresidente de la Generalitat, eligió a Maria Espeus para un retrato que costó 7.710,40 euros.

El homenajeado elige

Los autores son siempre elegidos por el homenajeado. Un recorrido rápido por las galerías de las dependencias oficiales permite ver como Hernán Cortés, Cristóbal Toral, Ginés Liébana o Bernardo Torrens están entre los favoritos de los retratados. Cuando han ocupado más de un cargo oficial, pueden repetir retrato y cambiar de pintor. Es el caso de José Bono, quien para la galería de Defensa se exhibe con una obra de Hernán Cortés y para el Congreso optó por Torrens. También es insaciable la vanidad de Álvarez-Cascos, quien ya fue inmortalizado como vicepresidente del Gobierno de Aznar y ahora espera trascender con un retrato de Antonio López. Este costoso capricho, récord absoluto en hagiografías pictóricas, es la gota que ha colmado el vaso de la paciencia del personal y ha desatado una intensa campaña en la Red. Hay, por cierto, una curiosa tercera opción. Barata para el erario público, pero osada por parte de los protagonistas. Es el autorretrato. Que se sepa, dos exministros se han homenajeado con cuadros pintados por ellos mismos: Pilar del Castillo, como ministra de Educación, y Juan Fernando López Aguilar como titular de Justicia.

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Retrato del expresidente del Congreso, el socialista Félix Pons, realizado por Bernardo P. Torrens en 1998

El galerista barcelonés Carles Taché deplora tanto el objetivo (el retrato) como el método (a dedo por parte del homenajeado). "Es tan inadecuado como revisable. Habría que ver en qué cosas imprescindibles están metiendo la tijera y qué otras, prescindibles como estas, se están manteniendo como en tiempos muy viejos. Además, el método me parece inapropiado. Cuando los museos se rigen por las buenas prácticas, parece mentira que sobrevivan comportamientos como estos. No digo yo que se haga un concurso público, pero sí que se aplique un poco de sentido común a situaciones como esta".

Entre los directores de museos consultados, la opinión es unánime. Para Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, "es evidente que este tipo de retratos no tienen, en general, un gran valor artístico; y su valor documental puede ser reemplazado en la actualidad fácilmente por otros medios de reproducción. En otras épocas", recuerda, "los pintores, escultores, músicos... necesitaban el amparo de una corte para poder ejercer su trabajo. De ahí que a menudo los retratos reales, de la aristocracia y las jerarquías eclesiásticas hayan llegado a ser cumbres de la historia del arte. Desde el siglo XIX y con el advenimiento de la autonomía artística ese no ha sido el caso, ya que las obras no tienen un carácter representativo, sino de experimentación".

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Imagen de 2006 de la presentación del retrato del anterior alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, a cargo de la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre.

Algunos, como Juan Antonio Álvarez Reyes, director del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla, sueñan con lo que se podría hacer con ese dinero: "Me parece inadecuado que persista un ritual como ese. Es un género que no aporta nada a nadie y se paga con un dinero que vendría muy bien a los museos". Álvarez Reyes evoca los años de la transición, cuando el Congreso disponía de una partida destinada a la adquisición de arte contemporáneo. Ya querría yo disponer de lo que cuesta el retrato de Cascos para adquisiciones. Es un disparate".

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