Mil ‘latinas’ falsas en Doha

La arquitecta Beth Galí demanda a Catar por plagiar su farola Latina y ordenar su fabricación a una firma china

Farolas originales, en el parque Joan Miró de Barcelona. / Marcel·lí Saènz

Que te roben una idea es un fastidio. Que lo hagan mediante engaño, después de haberte apeado de un concurso público, es aún más indignante. Y que, además, la copia sea una chapuza y te haga perder dinero y prestigio es ya el acabose. Esa es la situación que dice haber sufrido la arquitecta catalana Beth Galí, que ayer presentó una demanda en los juzgados de Barcelona contra el presunto plagiador: el emirato de Catar, que ha instalado un millar de farolas diseñadas por Galí en la principal avenida de la capital, Doha.

“No puede ser que Asia se dedique a copiar lo que Europa ha pensado y diseñado. ¿Qué nos quedará si nos quitan la creación, el talento, el pensamiento?”, se preguntó Galí, irritada porque las copias ilegales de su farola Latina —de 16 metros de altura y presente en ciudades como Barcelona, Rotterdam o Hamburgo— alumbren 10 kilómetros de la avenida de Al Waab. “Es un plagio a escala planetaria”, dijo.

Los defectos de diseño y fabricación de la farola catarí han provocado problemas graves. Algunas están mal ubicadas y deslumbran a los conductores. Otras están hechas con materiales de mala calidad, por lo que se oxidan y se debilitan. Y algo peor: hay focos que se han caído y han llegado a causar accidentes mortales. Los siniestros han mermado el prestigio internacional de Galí. “Si me hubiese copiado un maestro, aún estaría contenta. Pero esto es una salvajada”. También han dañado el patrimonio de la empresa catalana que tiene la patente, Santa&Cole, que ha dejado de recibir encargos, por ejemplo, para los Juegos Olímpicos de Londres, según su presidente, Javier Nieto.

La arquitecta Beth Galí. / EDU BAYER

En 2005, la empresa ganó un concurso para instalar las farolas en Doha. Pero después de entregar los planos definitivos, la empresa pública Ashghal le comunicó que el proyecto ya no era de su interés. El Gobierno se apropió de la idea y encargó la fabricación de 1.000 unidades a una empresa china que, por supuesto, ofrecía mejores precios. Pero los accidentes obligaron a Ashghal a ponerse en contacto con la empresa catalana, que descubrió así el fraude.

Desde entonces, y pese a la mediación de las autoridades españolas y hasta de la ONU, Catar se ha negado a llegar a un acuerdo amistoso. Galí se ha cansado. “Es hora de decir basta, no podemos tolerar estas situaciones”, dijo. En su demanda, la arquitecta reclama una indemnización de 100.000 euros por daños morales y que sean retiradas y destruidas las 1.000 farolas de Doha.

El Barcelona Centre de Disseny apoya a Galí en su lucha y cree que el atentado a la propiedad intelectual “daña la imagen de Barcelona”. Su presidente, Pau Herrera, pidió “protección” para el diseño y la innovación.

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