Bradbury: el cine en sus venas

El escritor, fallecido el martes a los 91 años, inspiró el guion de superproducciones y trabajó en series televisivas

Fotograma de la adaptación de 'Fahrenheit 451'

“Bradbury fue mi inspiración en los mejores momentos de mis películas de ciencia-ficción… En el mundo de la ciencia-ficción, la imaginación y la fantasía, él es inmortal”. Hace unas horas Steven Spielberg, con esta frase, dejaba bien claro lo fundamental de la obra del escritor para el cine. Y eso vale tanto por las adaptaciones de sus títulos como su influencia e incluso su labor como guionista.

Porque Bradbury trabajó durante un tiempo en la televisión y suyos fueron algunos episodios de Alfred Hitchcock presenta…, Studio 57 o Playhouse 90, donde coincidió con toda la posterior elite de directores estadounidenses, una generación que nació en la televisión y saltó al cine. Probablemente su trabajo más extraño está en la colaboración con John Huston en la adaptación al cine de Moby Dick (1956), antes de que sus novelas tuvieran más o menos suerte en diversas adaptaciones para series, largometrajes y cortometrajes.

Para la gran mayoría, Bradbury es el autor de la novela en la que se basa Fahrenheit 451, que dirigió Truffaut en 1966. Truffaut luego actuaría en una de las películas de Spielberg que más le deben a Bradbury, Encuentros en la tercera fase. Aquellos bomberos encargados de quemar libros han servido de ejemplo contra las nuevas tecnologías en innumerables ocasiones, tantas como para aleccionar contra la censura. “La ignorancia es fatal”, decía Bradbury, y él luchó en todos sus trabajos por explorar nuevos campos. “Solo Fahrenheit 451 entra en la ciencia-ficción. Para mí, el resto de mis novelas pertenecen al género fantástico”. Cierto. Ahí están El sonido del trueno (2005), de Peter Hyams, que bucea en la prehistoria y los viajes en el tiempo, The illustrated man (1983), con Rod Steiger y su cuerpo tatuado con un intricado diseño que desarrollan historias futuristas (no, la serie Prision break no es una idea 100% original) o la terrorífica El carnaval de las tinieblas (1983), dirigida por un veterano de lujo, Jack Clayton, que se recrea en los miedos infantiles.

Esa inmersión en el mundo infantil no fue una excepción. Bradbury escribió decenas de libros para niños, y también algunos de ellos pasaron a la pantalla, como El árbol de Halloween (1993). Sus relatos cortos han inspirado decenas y decenas de episodios televisivos, tantos que el mismo Bradbury decidió apadrinar una serie de televisión sobre su obra: The Ray Bradbury theater, 58 episodios que escribió o supervisó entre 1985 y 1992. Si sus Crónicas marcianas solo han tenido patéticos reflejos televisivos, mucha mejor suerte corrió Llegó del más allá (1953), de Jack Arnold, una invasión alienígena que abrió las puestas del audiovisual a su obra. Incluso hoy en día, en Hollywood hay varios estudios con proyectos basados en Crónicas marcianas, The illustrated man y Fahrenheit 451.

Más allá de sus adaptaciones, Bradbury y Philip K. Dick elevaron la ciencia-ficción y la fantasía del nivel de entretenimiento vulgar y barato al de literatura. Tal vez Spielberg –que junto con Lucas realizó el mismo paso en el cine dejando atrás años de producciones baratas de Corman para convertir a la ciencia-ficción en el motor de Hollywood- sienta por eso que ayer martes por la noche falleció otro de sus padres.

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