Tormenta de ideas para una nueva feria

Profesionales del sector debaten para mejorar el modelo de la cita madrileña.

Buscan afrontar la crisis económica y el futuro del sector

Escritores como Almudena Grandes y Javier Marías dan su opinión

Editores como Claudio López Lamadrid, David Trías y Pilar Reyes y dueños o directores de las librerías Casa del Libro, Machado, Alberti y La Central

Caseta en la Feria del Libro de Madrid. / GORKA LEJARCEGI

El alma de la feria desplegó su ánimo el sábado por la mañana y su corazón latió con fuerza en la caseta 82 dejando en evidencia la realidad de un modelo en entredicho: dos remolinos de gente alborotaron el Paseo de Coches del Retiro ante la firma de libros de sendos personajes mediáticos: Risto Mejide (Que la muerte te acompañe, en Espasa) y Mario Vaquerizo (Haciendo majaradas, Espasa). En medio, como en un sándwich, los escritores Juan José Millás y Fernando Aramburu y el bloguero Mikel López Iturriaga, de El comidista, atendían a algunos lectores. A esa misma hora, el pabellón de actividades culturales estaba medio vacío, o medio lleno, como casi siempre, primero con la presentación del I Premio Ellas Juvenil Romántica y, luego, con el encuentro con Maurizio de Giovanni, autor de La primavera del comisario Ricciardi.

La cita madrileña iguala todo y a todos. Los autores saben a qué se exponen y el público tiene clara la trinidad ferial: paseo, compra, firma… Es el evento editorial más importante de España, popular y comercial, cuyas señas de identidad nadie quiere cambiar pero sí mejorar, según editores, distribuidores, libreros y escritores. Proponen que vaya más allá de la venta y la proyecte con armas renovadas al mundo dual, analógico y digital, al que se enfrenta un sector lleno de incertidumbres ante la jubilación de un modelo de negocio y trastocada la cadena de valor del libro.

Un sentir y necesidad que resume Almudena Grandes, una de las firmas más queridas por los visitantes de la feria: “El evento literario más importante es el encuentro de los lectores con su autor. Y esta feria lo ofrece y hay que conservarlo. Pero habría que meterse en serio en una renovación o abandonar el modelo actual por uno que potencie la actividad cultural. Me parece estupendo que la feria se amplíe. Habría que cambiar los pabellones de sitio y su función. En el Retiro hay edificios a los que se podría extender, como Casa de Vacas o el Palacio de Cristal. Eso sí, cualquier mejora tendría que mantener este parque como escenario”.

El evento literario más importante es el encuentro de los lectores con su autor. Y esta feria lo ofrece y hay que conservarlo

Palabras más, palabras menos, es lo que piensa una quincena de profesionales del sector que, tras una defensa de esa fiesta comercial, sus opiniones coinciden en reclamar un modelo donde abundan los términos imaginación, renovación, creatividad, innovación y riesgo. Ideas dirigidas tanto a su lado comercial como cultural.

“Se podría sacar más provecho de lo comercial y popular con ideas más innovadoras en el campo de eventos culturales que repercutieran en favor del libro”, asegura Miguel García de la distribuidora Antonio Machado y la librería homónima, y miembro del Comité Organizador.

“Hay que mejorar las actividades culturales y adaptarlas a todos los públicos”, recomienda Marcela Serras, de Planeta.

“La parte comercial funcionará mejor cuando la parte cultural sea potente”, sentencia Antonio Ramírez, de librería La Central.

El momento de esa renovación podría empezar este mes si la feria se convierte en fundación. Se abriría una etapa que facilitaría la reflexión, según José Manuel Anta, director de la Federación de Asociaciones Nacionales de Distribuidores de Ediciones (FANDE). “Un cierto lavado de cara no le vendría mal”, apunta David Trías, director literario de Plaza & Janés, que lanza una propuesta: “Organizar eventos con mayor interacción y cercanía con los tiempos actuales y no temer a la cultura digital que ya está conviviendo entre nosotros”. Y con muy poca presencia allí.

Lo que está claro, añade, es que la parte comercial también necesita una transformación, “un revolcón

Metamorfosis comercial
No se trata de copiar ningún modelo de feria porque la de Madrid posee un capital clave que no tienen otras: la impagable cita del lector con centenares de autores. Es a partir de ahí donde empezarían las mejoras. El cambio, dicen, empezaría por dentro.

Habría que hacer la visita más fácil y clara, y menos cansada para el lector de cada sector, opina Julián Rodríguez, de editorial Periférica. “Lo interesante”, agrega, “es que cada lector pueda llegar al 'grupo' de librerías o editoriales que le interesan con cierta comodidad y rapidez”. Para eso sugiere otro orden, casetas agrupadas de la siguiente manera:

1) Literarias por un lado, y junto a estas, agrupación de editoriales independientes literarias. 2) Librerías mainstream y editoriales de best sellers, etcétera. 3) Entre unas y otras, en algo así como un espacio central, varios módulos para presentaciones. 4) Cerca de la agrupación de casetas literarias pequeños stands para que la feria invitara a editoriales latinoamericanas, lo que daría una dimensión hispanohablante importante. 5) Cerca de la agrupación de casetas generalistas pequeños stands dedicados a la literatura infantil, es fundamental que aumente la atención a los menores de lo que se haga en formato 'papel' si queremos un futuro lector en ese soporte. 6) Dividir cada zona en colores distintos”.

El dueño de La Central también sugiere otra puesta en escena que beneficie a los expositores y sea más atractiva para los visitantes. Ahora todos están alineados igual, no se diferencian unos de otros fácilmente en un espacio pequeño y simétrico “donde es imposible vender una marca”. Su propuesta es que cada expositor “pueda vender su especificidad, pero conservando ese principio democrático de la feria en el que nadie tiene más metros”. Lo que está claro, añade, es que la parte comercial también necesita una transformación, “un revolcón”.

Para potenciar la feria y adaptarla a los nuevos tiempos, Serras toca aspectos como la duración (17 días), horarios (se cierra de 14 a 18 horas), instalaciones, mejora de equipamientos y creación de otros “para hacerla más cómoda y atractiva”. Pilar Reyes, editora de Alfaguara, propone abrir a la hora de comer, entre semana, (“cuando la gente que trabaja puede ir”) y en la tarde; mientras que la programación cultural la enfocaría al fin de semana.

Esta jornada continua sería costosa para los expositores porque necesitarían dos turnos de empleados, según Teodoro Sacristán, director de la FLM, y Fernando Valverde, director de CEGAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros).

Para evitar que este modelo se vuelva decadente, en palabras de Ignacio Ugalde, director de la librería Casa del Libro, de Gran Vía en Madrid, “es importante reflexionar sobre posibles mejoras e identificar síntomas de cansancio”. Varias veces, dice, se ha hablado de la idoneidad de una mayor flexibilidad horaria o la posibilidad de abrir por la noche.

La parte comercial funcionará mejor cuando la parte cultural sea potente”,

Aliados culturales
“La apertura como fundación a patrocinios podría ser una alternativa eficaz para financiar programas y espectáculos de mayor calado que, en último término”, asegura Ugalde, “contribuirían a elevar el nivel de la feria como referencia cultural”.

Una actividad que no es proporcional a la importancia del evento, reconoce Lola Larumbe, de Librería Alberti. No es incompatible el aspecto comercial con una actividad paralela cultural de calidad “para darle más peso, reforzar la propia imagen de la feria y rentabilizarla en el futuro”, afirma el director de FANDE. Hoy las actividades culturales las proponen los más de 400 expositores y la organización lo que hace es asignarles día y hora. La única actividad con una intención es la del país invitado, de la cual se encarga la embajada respectiva.

Pilar Reyes, de Alfagura, imagina una suerte de festival literario “en el que haya cafés, conciertos, conversaciones entre escritores y que los lectores puedan ir a pasar el día en esta especie de festival de las letras en el parque”.

Como los actuales pabellones nadie los ve óptimos, casi todos proponen extender la feria a edificios próximos al Paseo de Coches: Casa de Vacas, Palacio de Cristal, el de los Jardines de Cecilio Rodríguez... Algunos como David Trías, Julián Rodríguez, Miguel García y Lola Larumbe van más allá y proponen una feria que extienda sus redes por la ciudad. Trías, de Plaza, se refiere a sitios muy próximos como Círculo de Bellas Artes o Círculo de Lectores. Mientras que Rodríguez, de Periférica, sugiere actividades nocturnas, tanto dentro como fuera del Retiro, “con eventos literarios participativos: lecturas de autores en lugares públicos: plazas, estaciones de metro, etcétera”.

Ideas y propuestas

- Mayor interacción con los tiempos actuales y digitales

- Agrupación de expositores por temas y sectores.

- Diseño de casetas a cargo de los expositores.

- Horario con jornada continua y por la noche.

- Actividades culturales mejor organizadas y con más nivel.

- ntegración de edificios del Retiro y alrededores para eventos culturales.

Frente a la idea que cambios que buscan dar más juego a la actividad cultural, Claudio López Lamadrid, de Mondadori, recuerda que “ésta se ha ganado a pulso el ser lo que es: un encuentro comercial y festivo entre autores y lectores y rentable para los expositores”. Por eso no le ve sentido a transformarla en na feria más “cultural”. Aunque reconoce que le gustaría “que hubiera zonas dedicadas a la poesía, a libros en lengua extranjera, pabellones de género con programación adecuada… Poder pasear por las casetas y encontrar fondos de catálogo”, pero no ve quién se atrevería a dedicar su espacio, “por lo demás carísimo”, a algo que no sean los libros de venta asegurada.

Javier Marías tampoco ve fácil el cambio de modelo debido a lo arraigado del actual. Pero señala que en vez de haber muchas actividades con desigual nivel, “tendría más sentido elegir unas pocas con suficiente atractivo para todos. Acontecimientos que den realce a la feria”.

Un deseo generalizado que en el ecuador de la 71ª feria del Libro de Madrid no es la tónica. En cuanto a ventas no hay opiniones entusiastas, prueba de que la fórmula establecida no es suficiente para afrontar la crisis del sector. Sigue reinando la caza de firmas que no cesan de ser anunciadas por megafonía.

Lo escribió Sebastián de Covarrubias hace 401 años en su diccionario del Tesoro de la lengua española o castellana: “Feria: Es lo mesmo que mercado, aunque incluye en sí gran concurso de gente y mercaderías, como la feria de Salamanca, la de Alcalá, de Tendilla, de Villalón, de Pastrana o Torija. Y cuando no pagan de las mercaderías alcabala, se llaman ferias francas. Proverbio: “Cada uno dice de la feria como le va en ella”. Díjose a ferendo, porque todos llevan a ella sus mercadurías”.

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