FERÍA DE SAN ISIDRO | VIGESIMOTERCER FESTEJO

Espectáculo ‘cuadri’

Los seis toros presentaron una estampa impresionante, serios, muy serios

Los toros de Cuadri ofrecieron espectáculo, que es uno de los mejores regalos que le pueden hacer a un aficionado. Los seis toros presentaron una estampa impresionante, serios, muy serios, toracos de los que te mantienen pegado a la piedra. Todos ellos codiciosos en mayor o menor medida, cumplieron de manera irregular en los caballos y vendieron caras sus vidas con aspereza y dificultades. Destacó con los montados el primero, que acudió tres veces desde lejos y apretó de lo lindo en la segunda vara, pero tuvo una vida corta en la muleta. Tercero y quinto portaban casta en sus adentros, y aunque mansearon en los caballos, con la cara siempre por las nubes, embistieron largo en el tercio final y colaboraron a un hipotético triunfo, y el resto derrochó bronquedad y dureza, gañafones y recorridos muy cortos.

Cuadri/Rafaelillo, Castaño, Bolívar

Toros de Hdros. de Celestino Cuadri, muy bien presentados, serios y con cuajo. Bravo el primero y mansos los demás; encastados tercero y quinto, y desclasados segundo, cuarto y sexto. Duros y ásperos en general. Corrida muy interesante.

Rafaelillo: dos pinchazos, casi entera ladeada –aviso- y un descabello (algunos pitos); tres pinchazos, media y dos descabellos (pitos); estocada caída (silencio).

Javier Castaño: tres pinchazos, estocada tendida y tres descabellos (palmas). Sufrió una voltereta que le produjo traumatismo craneal y cervical y conmoción cerebral que le impidió continuar la lidia.

Luis Bolívar: pinchazo y estocada caída (silencio); media estocada (pitos):

Plaza de las Ventas. 1 de junio. Vigésimo tercera corrida de feria. Tres cuartos de entrada.

Al final, salió a saludar el mayoral de la ganadería, un premio excesivo, sin duda, pero había quedado en el ambiente un rictus de satisfacción porque en la plaza hubo toros en el pleno sentido de la palabra, y eso no se ve todos los días. Vamos, en San Isidro es que no se ha visto una corrida-corrida como la de ayer, lo que explicaría que a la gente se le calentaran las manos.

El problema es que con estos toros no es fácil mandar, ni templar, ni hacer el toreo actual ni el de siempre. Con estos toros no se pueden torear cien corridas en una temporada. Porque estos toros te ponen en torero para toda la vida o te retiran de la circulación. Así de duro. Por eso, todo el que puede huye de ellos como gato escaldado. Es mejor no probar, por si acaso…

Quizá, por eso, el público lo pasó bien, pero los toreros… Bueno, los toreros, al principio, también, pero en cuanto salió el primer toro…

El primero era un tío, que embistió muy corto al capote de Rafaelillo. Se lució -el toro- en el caballo, persiguió en banderillas, y el torero brindó al público. Aquí hay tomate, pensó el respetable. Pero no hubo. El toro tenía, quizá, quince pases, y Rafaelillo le dio treinta o cuarenta, muy despegados, sin confianza alguna, y la ilusión se diluyó con rapidez. No fue el torero arrojado de otras tardes. Mató Rafaelillo dos más y no despegó. No está uno todos los días para ser un héroe; lo que ocurre es que ayer había que serlo. Pero Rafaelillo no lo fue. Abrevió con el manso cuarto y la gente se enfadó sin motivo, y supo a poco -no se le vio suelto ni con las ideas claras- su pelea con el toraco que mató en sustitución de Castaño.

OVACIÓN: David Adalid volvió a triunfar con las banderillas, y su compañero Marco Galán, con el capote.

PITOS: Más que pitos, dolor por que los toreros no alcanzaran ese triunfo tan necesario en tarde de tanta responsabilidad.

Por cierto, Javier Castaño, el más esperado de la terna, cometió un error de libro y lo pagó caro. Estaba cerca de su primer toro, volvió la cara para pedir el cambio del tercio de picar y el animal lo arrolló y le propinó una fea voltereta que lo dejó muy conmocionado. Salió a matar al toro con evidentes muestras de dolor en el rostro, estuvo valiente, pero no se confió. Pasó a la enfermería y ya no salió.

El lote -el mejor, quiere decirse- se lo llevó Bolívar. El tercero embistió largo y codicioso por el lado derecho, y el quinto, noble por el izquierdo. Lo intentó de veras, pero nunca dio la sensación de mando, ni de poderío, ni de templanza. Muchos pases hubo, y, también, la sensación de que los toros le ganaron la pelea.

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