CARME RIERA / Académica de la Lengua

“Las monjas creían que era tonta del bote”

El último libro de Carme Riera, recién nombrada académica de la Lengua es una novela negra cargada de suspense

Carme Riera, nueva académica de la Lengua, limpiando y dando esplendor a la institución. / BERNARDO PÉREZ

Pregunta. Al fin académica, que diría su madre.

Respuesta. Eso parece. Espero que no me lo quiten. Santa Rita, Rita.

P. ¿Su mantra seguirá siendo sillón, nollón?

R. Un poco. Pensaba que si decía sillón, sillón sería sí, y nollón... Era la n de no, nadie, nada.

P. ¿Qué palabra elige que empiece por n minúscula?

Perfil

Tiene 63 años y dos hijos, su último libro es una novela negra y, a la pregunta de quién es, hoy por hoy, el asesino, responde: “Me huele que los banqueros”. Su gran afición es mirar. También nadar, escuchar música, leer e ir al cine. Confiesa que baila valses, tangos y rocks de nostalgia, y que el mar la fascina. De las dos escuelas de pensamiento mallorquín, sobrasada y ensaimada, asegura pertenecer indisolublemente a ambas.

R.  Voy a ser abuela dentro de nada, no tengo nietos y es niña. Por tanto, niña.

P. ¿A quiénes daría las sillas f, b y r, que están desocupadas?

R  Huy, pues hay muchas candidatas. Desde Rosa Montero a Fanny Rubio o a Marina Mayoral. Escritoras a mogollón.

P.  Se presentó al Premio Anagrama cono Afrodita Antibiótica. ¿Diosa del amor, la lujuria y la belleza, pero frenada con clamoxil? ¿Se corta mucho?

R. Era un guiño a Jaime Gil de Biedma, que había escrito un poema diciendo: “bajo esta nueva advocación te llamo Afrodita Antibiótica”, hablando de sus armas, melladas y sin filo. Pensé que tenía que ganar ese premio, porque el lema era Partidarios de la felicidad, y mi pseudónimo, Afrodita Antibiótica. Era la necesidad de curarse.

P. Cronos corta los genitales a Urano y los lanza al mar. Y de ahí sale Afrodita, usted. ¿Tiene un par?

R. No, Afrodita no tenía un par. Salía de un par, que es distinto. Ya me gustaría ser Afrodita, la diosa maravillosa saliendo allí del agua. Acuérdese de Boticelli, por favor.

P. “Lo único que no pienso aportar [a la Academia] es un toque femenino”. ¿Qué le da grima de la visión de la mujer?

R. No me da grima. Es que siempre te preguntan: ¿Usted cómo lo ve, aportará un toque femenino? A ver qué diría un hombre si le preguntaran: ¿Aportará usted un toque masculino?

P. Pero es contraria a las cuotas. Son ustedes seis mujeres de 46 sillones. ¿Le parece bonito?

R. No, me parece que tiene que haber más mujeres, y creo que las habrá.

P. Su obra va del lirismo a la ironía. ¿En qué es lírica y en qué irónica?

R. A veces hasta soy dramática. Cuando me miro al espejo, por ejemplo. Dramática e irónica. Porque cada día me levanto antes para poderme enfrentar paulatinamente con mi imagen. Cuando te haces mayor, la ironía es imprescindible.

P. ¿El espejo la trata mal?

R. Fatal, cada vez peor. Es injusto. Mi maestro Blecua padre decía que había un tipo que, mirándose en el espejo, había visto una calavera, y dijo: “Este espejo adelanta”.

P. “La verdad es que no me divierto escribiendo”. ¿Qué lo hace, por mortificación?

R. Es que fui a un colegio de monjas, y decían que la mortificación era muy importante.

P. ¿Y lo ofrece por la conversión de Rusia, por los chinitos?

R. No estaría mal. Lo que pasa es que los rusos ya están bastante convertidos. Pero también vienen aquí, compran mucho y arreglan la economía. Los chinitos necesitan mucha conversión, para que puedan trabajar ocho horas en vez de dieciséis.

P. Se define como “traficante de palabras”. ¿Es una camella del lenguaje?

R. Pues en cierto sentido sí. Lo que pasa es que mi tráfico es legal. Las palabras me vienen de las que me solía decir mi abuela, y las llevo a mis alumnos, a los que muchas veces les tengo que explicar el significado. Ayer alguno puso una cara rarísima ante heterodoxo.

P. ¿De qué curso de la ESO?

R. De cuarto de carrera. Pero no lo ponga, porque me da mucha pena.

P. Dijo que el nacionalismo catalán rechazaba El Quijote. ¿Cree que se les ha pasado o siguen viendo gigantes?

R. Depende de quién. Mas tiene una visión abierta y pienso que lo ha leído. Además, ¿cómo se puede rechazar El Quijote si la única ciudad por la que pasa es Barcelona? Eso solamente lo pueden hacer los incultos. Yo se lo regalé una vez a Pujol, y me lo agradeció.

P. Vive en una casa que fue de un pariente de Puccini. Imagino los gorgoritos en su ducha.

R. Pues a mí me echaron de todos los coros, porque canto muy mal. Pero tengo un marido que siempre tiene música puesta.

P. ¿Por qué dice que de niña era triste y rara?

R. Porque era verdad. Aprendí a leer muy tarde, y las monjas creían que era tonta del bote.

P. ¿Es muy ortodoxa en todo?

R. ¿Tengo yo pinta de ortodoxa? Moralmente creo que intento ser buena persona. En cuanto a lo demás, soy una desordenada, un desastre doméstico, más bien.

P.  Pues tendrá que tener el sillón n como los chorros del oro.

R. Me he comprado un estropajo pequeñito y una vileda, porque el estropajo a lo mejor ralla.

P. ¿A qué santo se encomendará para escribir el discurso de ingreso en la Academia?

R. Mi santo es Erasmo de Rotterdam, aunque me parece que santo no le hicieron.

P. ¿Asistirá a las sesiones como una buena chica?

R.  Por supuesto. Ya he pensado a ver si con la tarjeta dorada esa de Renfe me sale mejor el asunto de venirme los jueves.

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