65º FESTIVAL DE CANNES

Haneke: “La vista te puede engañar”

El cineasta retrata en 'Amor' el desamparo del envejecimiento

Michael Haneke, en la rueda de prensa en Cannes.

“¿Que si mis actores sufren mucho? No, ellos están concentrados en su trabajo, no ven hasta el final el conjunto, y en un rodaje no tienen tiempo para ese sufrimiento. Luego como espectador, te emocionas. La gente cree en ese mito romántico de que cuando ruedas un drama sufres y cuando haces una comedia, ríes. ¡Con la de comedias que conozco cuyo rodaje fue un infierno!”. Michael Haneke (Múnich, 1942) tiene que aclarar ese detalle porque sus películas son descarnadas, directas, duras: Funny games, La pianista, El tiempo de los lobos o La cinta blanca no dan un respiro. En Amor, la historia de un matrimonio de ancianos que ve su cotidianeidad alterada cuando ella sufre una embolia, aparece la cara más tierna de Haneke, siempre eso sí con su escalpelo preparado, pero con un cariño desconocido en su carrera al mostrar el desamparo de la tercera edad. “Sin embargo, yo nunca he escrito una película para mostrar algo. Y menos ahora. Pero sí quería hablar de cómo te enfrentas a la enfermedad cuando envejeces, o cuando la sufre alguien de tu alrededor”.

Rodeado de los dos actores protagonistas, Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva, y de Isabelle Huppert, que encarna a la hija de la pareja, Haneke, con su eterno aspecto de pastor protestante, siempre ascético, rechazó cualquier etiqueta: “Yo no sé interpretarme, no puedo juzgarme a mí mismo. En mis películas solo intento reflejar una situación dada por la vida. Pero yo no soy un retratista de la violencia, me niego a esa etiqueta. De ahí que trabaje en el rodaje sobre todo con las emociones. El cine se parece a la ópera en que los diálogos reflejan esos sentimientos y sí es cierto que trabajo más con los oídos que con los ojos, atento a la verdad: el sonido transmite mejor las emociones, la vista te puede engañar”.

El creador aclaró su amor por la sencillez: “Me gusta cuando puedo simplificar técnicamente un rodaje, y que Amor se desarrollara en un piso ha ayudado a eso”. Y no confirmó una imagen que provocó la risa de la concurrencia en Cannes. Emmanuelle Riva contó que cuando se montó en una silla de ruedas eléctrica se asustó, y que solo la condujo después de ver a Michael Haneke manejándola con soltura por el piso parisiense. El cineasta espartano también tiene su derecho a bromear.

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