Canguelo

Griñán, tras su toma de posesión. / JULIÁN ROJAS

Empieza a resultar indecoroso y ofensivo utilizar las frases de manual al saludar a alguien. Los rutinarios “¿qué tal andas?” y “¿cómo va la vida?” pueden encontrarse con el silencio o con un disimulado rictus de angustia. O con lógico mosqueo si el interrogado, que está jodido, decide que detrás de ese saludo convencional no existe auténtico interés por saber cómo se siente. Y hay mogollón de gente sin culpa, sin comerlo ni beberlo, que ha sido condenada al miedo, esa sensación paralizante que machaca, crea insomnio, hiela los gestos, extingue la voz. Miedo a qué ocurrirá con su trabajo mañana, o dentro de un mes, o dentro de un año. Algunos deseando que lo que tenga que ocurrir, ocurra ya. Para saber a qué atenerse. O para aullar. O para maldecir al Altísimo, ya que los de abajo, los creadores de esa ruina, son abstractos (la crisis, los mercados, los ajustes, esas cosas incoloras e inodoras) y están blindados ante cualquier amenaza de los desposeídos. Y el que no haya tenido suerte, o padrinos, o ahorros, es probable que sienta cómo le abandona el pegajoso terror. A cambio de la desesperación. En cualquier caso, un trueque indeseable.

Y percibes que la risa, esa sensación maravillosa, higiénica y liberadora, con motivos o sin ellos, empieza a escasear, o se vuelve amarga, o es un gesto defensivo. O precisa de esos lúdicos alimentos que tanto la facilitan llamados alcohol y marihuana.

Exagero con la penuria y el desfallecimiento de la risa. Hay una gente que no la ha perdido. Excepto cuando el papel que deben interpretar les exige gesto fiero y dialéctica abrasiva acusándose mutuamente de su responsabilidad en la ruina de la patria. Pero en las imágenes de sus múltiples congresos, mítines y celebraciones constatando la inmejorable o recobrada salud de sus partidos, todos se parten de risa, se palmean y se abrazan. Qué alegría y placidez debe otorgar la seguridad de que tu curro nunca sufrirá los ERE. Veo al progresista Griñán declarando con expresión solemne : “Prometo por mi honor y mi conciencia”. La centrista reformista Cospedal sonríe más que ríe, como gesto automático, cuando finaliza sus soflamas contra sus antecesores en el poder. Zapatero también sonreía cantidad. ¿Qué les hace tanta gracia a los jefes, o testaferros, de la cosa pública?

Comentar Normas

Para poder comentar debes estar registrado en Eskup y haber iniciado sesión

Darse de alta ¿Por qué darse de alta?

Otras noticias

Últimas noticias

Ver todo el día

Los costes de la multa recortan el beneficio de Deutsche Bank

El País Madrid

El banco pactó esta semana una sanción récord por manipular los tipos de interés

26/04/2015: Un día en un minuto

Asciende a 2500 la cifra de muertos en Nepal tras el terremoto, el PP y el PSOE critican a Ciudadanos, la cena de corresponsales en Washington con Obama

La Fiscal se niega a que González defienda a opositores venezolanos

Alfredo Meza Caracas

Luisa Ortega Díaz advierte que las leyes venezolanas impiden participar del proceso penal al exjefe del gobierno español

EL PAÍS RECOMIENDA

Terribles vecinos españoles

Un libro rescata el costumbrismo anarquista del periodista Acín: de sus años incendiarios hasta una madurez artística

¿Por qué tengo miedo a conducir?

Un tercio de los automovilistas españoles experimenta, en algún momento, miedo al conducir

Lo más visto en...

» Top 50


Webs de PRISA

cerrar ventana