TENDENCIAS: TALENTOS

Desde Chile, a por el mundo

La cantautora Francisca Valenzuela, parte de la emergente escena musical andina, triunfa con su pop literario

La cantante chilena Francisca Valenzuela, en Madrid. / LUIS SEVILLANO

Como si de un efectivo de las tropas de los libertadores O´Higgins y San Martín se tratara, Francisca Valenzuela (California, 1987) ha conseguido traspasar la cordillera andina –nació en Estados Unidos, pero desde los 13 años vive en Chile- con la disciplina de un Buen soldado, de ahí el título de su segundo disco. Esta joven cantante, miembro de la emergente escena musical chilena de la que forman parte Javiera Mena, Gepe o Ana Tijoux, ha tardado cinco años en armar una nueva compilación de historias de amor y denuncia interpretadas al piano clásico, pero con dejes “pop-rock o rock-pop, como cada uno prefiera”, define la artista. “Mi primer trabajo era más confesional, una ventilación biográfica, en este nuevo he seguido en esa línea pero incluyendo una faceta de cuentacuentos propia de un disco de Paul Simon o Bob Dylan”.

Aterrizó en Santiago de Chile con una inquietud literaria que pronto unió al teclado con canciones pop que inventaba en sus ratos libres después del colegio. Los sueños y tribulaciones de una adolescente en su hábitat natural, su cuarto, dieron vueltas por un circuito alternativo, traduciéndose del pop al jazz y al rock. Envalentonada por las pequeñas victorias que cosechaba en concursos locales, Valenzuela hizo una primera intentona en algunas discográficas, con escasa fortuna. “En aquellos años formé mi primera banda y decidí ir a la escuela de música”, cuenta la cantante. “Era muy complicado que dejaran tocar a una niña con la única compañía de un piano, siempre buscaban grupos de rock”.

Mientras esperaba que la providencia musical se apiadara de ella, desarrolló de manera paralela otra de sus facetas artísticas como buena mujer-orquesta. En el año 2000 publicó Defenseless waters, su primer libro de poemas que incluía un texto de Isabel Allende y estaba ilustrado por su propia pluma. Doce meses después, la escritora chilena le abría las puertas de la todopoderosa editora Carmen Balcells, responsable de su segundo trabajo literario Abejorros/Madurar, una antología de cuentos cortos. “Todo lo que me está pasando es un poco surrealista, pasé de publicar con un editorial independiente gringa a conocer a Balcells”, rememora. “Ahora con este nuevo disco tengo un poco abandonada la literatura, pero pretendo retomarla”.

Francisca Valenzuela tuvo que esperar hasta 2007 para hacerse un hueco en la industria musical. Internet hizo aparición en forma de MySpace y se forjó una plataforma digital desde la que atraer a medios y un sello independiente. De la red salió Muérdete la lengua y con este primer trabajo giras por Chile, repercusión en México –“la meca latinoamericana, el lugar para conseguir cierto impacto”-, visitas a festivales estadounidenses como el South by Southwest, además de sonoras colaboraciones con U2.

“Cuando me paré para empezar el segundo disco todo me parecía nuevo, tenía que definir una línea estratégica y artística que marcara quién soy de aquí en adelante”, cuenta Valenzuela. Comenzó por Google, tiró de familia y acabó tres semanas en Berlín con los productores Vicente Sanfuentes y Mocky ideando un álbum que terminarían de grabar en Chile. “Hicimos un trabajo muy de taller a partir de las canciones que yo había compuesto en piano y guitarra [toca todo tipo de instrumentos]”.

Buen soldado resume en 12 historias el breve recorrido de una joven de cuarto de siglo que se define como cantautora, con algo de indie: “Solo me siento identificada con el sentido originario de la etiqueta, el que le dieron Sonic Youth a esa generación de los ochenta que formó parte de un circuito independiente que no trabajaba con multinacionales”. Valenzuela se arremangó en una esquina del mundo en plena ebullición cultural. “Esa escena musical chilena de la que muchos hablan ha nacido de manera muy auténtica, desde dentro es mucho más espontánea y orgánica de lo que pudiera parecer”, describe. “Grupos como Gepe, Javiera o Astro vienen tocando desde hace mucho, solo era cuestión de tiempo que se empezaran a escuchar fuera de Chile”.

“Por fin nuestro país está empezando a ser visible, y lo estamos haciendo de manera independiente aunque todos juntos”. La generación de Francisca Valenzuela releva a unos progenitores que triunfaron sin ánimo de traspasar fronteras. “Bandas como Los Tres y Los Prisioneros tuvieron mucho éxito en mi país, nosotros hemos optado por un tipo de carrera distinto, usando otros canales. No pretendemos entrar en los top 5 de los billboards, pero sí superar la cordillera. Desde Chile al mundo”.

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