El IBEX 35 del arte contemporáneo

La web Artnet desarrolla un novedoso índice para coleccionistas que combina la evolución del precio de un artista con otras cualidades intangibles

Eduardo Chillida junto a una de sus obras expuestas en su museo Chillida- Leku, en Zabalaga (Hernani). / JESÚS URIARTE

Decía el crítico de arte John Berger que cuando llegaba a la sala de Las meninas en el museo del Prado se quedaba con el aire, lo que flotaba entre cuadro y espectador al margen de cualquier interpretación que los expertos del arte han concluido sobre el metarretrato. Esas partículas capaces de conmutar sensaciones e historia se diluyen cuando un artista y su legado quedan reducidos a lotes por artificio del mercado del arte, implacable en su habilidad para hacer del color y la inspiración números. Thomas Galbraith, director de análisis de Artnet ha creado una herramienta que aplaca la voracidad de los compradores con el hedonismo. “Unimos el Repeat Sales Regression [un instrumento que compara la evolución en el precio de una obra] con el Hedonic Regression, basado en características como la temática”, explica el responsable de una de las webs de compra y venta de arte más importantes del sector.

Los expertos de Artnet han hallado la fórmula para hacer de lo intangible un valor añadido y esencial en la valoración de una pieza a través de un archivo que recopila precios de más de 700 subastas en todo el mundo. El índice hedonista incluye en la ecuación el género, el estilo, contenido, fecha y materiales de una obra. “Hay muy poca información publicada sobre estos aspectos, las bases de datos más importantes se apuntalan sobre subastas y precios, por eso estamos dispuestos a compartir metodologías con otros índices de arte, además de consultar a expertos externos”, explica Galbraith, lanzándole el guante a su principal competidor Artprice, con un aval de más 100 millones de obras de arte en su haber, pero que en opinión del experto, “se niega a compartir”.

La herramienta -en una fase preliminar que se concluirá entre finales de abril y principios de mayo- permite descubrir cómo el trabajo de artistas contemporáneos –los primeros en pasar por el filtro- evoluciona en el mercado a partir de la media que se extrae del precio de una obra en dos fechas determinadas. Además, un comprador que acceda a Artnet en busca de una inversión podrá saber cómo la moda afecta a la valía de su presa. Encontrará, por ejemplo, explicación a por qué la serie de las enfermeras de Richard Price cotiza en alza en un determinado momento en relación a sus caricaturas y chistes.

Listado de las cinco obras más caras de Eduardo Chillida. / ARTNET

La obra de Eduardo Chillida, uno de los conejillos de indias de la web de arte, aumentó su cotización en el mercado a finales de la última década. El dossier que se genera de cada artista incluye una breve biografía salpicada de momentos históricos determinantes para comprender por qué en 2006 Rumor de límites nº VI se vendió por 3.748.148 dólares (más de 2.800.000 euros) -el valor más alto que una obra de Chillida ha alcanzado en el mercado-. Y la razón por la que a partir de ese momento la obra del artista empieza a caer.

Entre la maraña de gráficos y números, Artnet incluye un listado de las cinco obras más caras del artista vasco que dibujan un repunte a partir de 2010 cuando su trabajo vuelve a situarse por encima de las seis cifras llegando a principios de 2012 con otro récord: Katezale supera los tres millones de dólares (2,2 millones de euros). ¿Por qué se produce esta repentina alza en la cotización de la escultura de Chillida? Los analistas, aferrados a sus números, ahora se acompañan de expertos menos cuadriculados que enmarcan este hecho con el cierre del museo Chillida Leku en Hernani. Acicate para que el mercado del arte vuelva a dirigir su mirada sobre el escultor.

Estas conclusiones se obtienen al comparar la evolución artística de la obra del escultor vasco, el índice creado por Artnet y una tercera columna, el mercado financiero a través de baremos como el FTSE 100, S&P 500 o el DAX. Estos índices bursátiles, más propios de la vorágine del parqué de Wall Street, median entre el hedonismo y la volatilidad de un sector que no escapa al concepto de burbuja y convierte en tendencia a artistas con la misma facilidad que los relega a los almacenes de las casas de subastas. “El mundo del arte a veces se sustenta en análisis subjetivos e información seleccionada de manera rutinaria que acaba en conclusiones manipuladas”, considera Galbraith. El analista ha encontrado en la asepsia mercantil el pretexto para aportar transparencia a un mercado que consideran opaco para nuevos jugadores.

El catálogo de artistas, como la propia herramienta, se encuentra en desarrollo. Por el momento han comenzado por el arte contemporáneo para poner en marcha este índice, con intención de que los próximos creadores que se sometan al escrutinio sean los latinoamericanos.

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