Willy Toledo, una noche en los piquetes y siete hechos contrastados

El actor fue detenido el día de la huelga general por formar parte de un grupo que intentó cerrar un bar de Lavapiés

El juez lo liberó por falta de pruebas

El actor Guillermo Toledo, recibido por compañeros de profesión el pasado 30 de marzo a la salida de los juzgados. / VÍCTOR LERENA (EFE)

¿Qué pasó el 29 de marzo en el bar La colonia de San Lorenzo de Lavapiés? ¿Alentó Willy Toledo a un piquete informativo a destrozar el local? Con las pruebas que había, ¿fue proporcionado arrestarlo casi 24 horas después de los hechos y que pasara toda la noche en el calabozo? ¿Tenía sentido la petición de prisión provisional que solicitó el fiscal y que fue denegada por el juez? Hasta el momento, solo hay dos versiones contrapuestas: la de Toledo, que niega haber tenido nada que ver con ningún acto violento, y la del dueño del bar, que insiste en que era uno de los cabecillas de la agresión. Pero el equilibrio entre dos versiones no hace una verdad, y por el momento solo hay algunos hechos contrastados, abiertos después a distintas interpretaciones, en torno a esta extraña historia.

Primero. La primera información sobre el arresto era falsa. A posteriori, se convirtió en real. Toledo fue detenido casi 24 horas después de que el piquete llegara al bar, a última hora de la noche siguiente, y después de que una información atribuida a fuentes policiales o del Ministerio del Interior lo diera por arrestado desde las seis de la mañana. Por lo tanto, la detención no se produjo ante un caso de flagrante delito. Fue una medida meditada y reflexionada por la policía después de que en los medios y redes sociales se hubiera hablado durante todo el día de su arresto-no arresto y de que él hubiera negado en rueda de prensa haber tenido ningún tipo de contacto con la policía. Finalmente, acabó teniéndolo.

Segundo. El dueño del bar había presentado una denuncia contra él y un grupo de personas no identificado. Lo hizo a las dos de la madrugada del día 29, tras los altercados, y después de que agentes de policía se presentaran en el bar. El denunciante, Rafael Contreras, dice que no conocía con anterioridad a Toledo, pero que algunos de los clientes del local le dijeron que estaba al frente del piquete. Más tarde, en sede policial, reconoció su foto.

Tercero. Hubo altercados en el local y un grupo de gente del piquete entró para que lo cerraran. Esto parece claro a tenor de multitud de testigos. Pero, ¿hasta dónde llegaron los daños? Mohamed El Morabet, vecino del barrio, estaba dentro del local cuando sucedieron los hechos, tomando algo con sus amigos. Cuando llegó el piquete, sobre las 00.30, salió a la calle. Fuera pudo ver todo lo que ocurría, según explica. Era un grupo grande de unas 40 o 50 personas, y algunos, unos 8, sí entraron a intimidar al dueño de bar, pintaron un “esquirol” en la fachada, dieron patadas a sillas y a mesas, usaron el extintor de incendios y bajaron las persianas. Sobre estos desperfectos parecen coincidir todas las versiones. Pero el dueño del bar aseguró en su denuncia que, además, el grupo rompió "sillas, mesas, vajilla y los grifos de cerveza”. Estos daños no fueron acreditados ante el juez ni con fotos ni con testigos. El dueño asegura que lo arregló todo esa misma noche. Al día siguiente el bar estaba en perfecto estado.

Cuarto. Willy Toledo estuvo esa noche en Lavapiés como piquete. Pero, ¿cuál fue su implicación? El dueño del bar, en conversación con este diario, y ante la pregunta de qué vio hacer exactamente al actor, dice que alentaba a los violentos. ¿Dentro o fuera del local?, se le pregunta. Se enfada, siente que se está cuestionando su versión, y no hay respuesta. Mohamed, el cliente, asegura que el actor en ningún momento entró en el bar y que no vio ninguna actitud agresiva por su parte. Otra de las vecinas del barrio, Inma Garrada, que desde su balcón pudo observar todo lo que pasaba, dice que el grupo que formaba el piquete era enorme –coincide en este punto con Mohamed-, con mucha gente del barrio, y que en su inmensa mayoría estaba tranquilo. “A Willy Toledo lo vi, porque como es alto se le ve enseguida, pero no estaba ni cerca del bar. Estoy totalmente segura de que no entró ni animó a nadie a ser violento”. El dueño del local discrepa.

Quinto. El actor pasó la noche en el calabozo. Después de un día entero con informaciones y desmentidos sobre su detención, con las pruebas existentes –básicamente, la denuncia del dueño del bar-, la policía decidió no solo llevarlo a comisaría sino mantenerlo detenido hasta que, al día siguiente, lo puso a disposición del juez. El actor y su entorno cuestionan que esta medida fuera proporcionada, dado que los hechos ya habían sucedido y que no había ninguna razón objetiva para sospechar que Toledo, sin antecedentes penales, no fuera a comparecer ante el juez cuando fuera citado para ello. Argumentan que la detención es una medida cautelar penal que solo debe usarse cuando sea estrictamente necesario, y se plantean si, en este caso, no se llevó a cabo solo para hacer real un arresto ya anunciado.

Sexto. El juez consideró que no tenía sentido la petición del fiscal de prisión provisional y aseguró que no había pruebas de nada. El juez de guardia de Plaza de Castilla al que tocó decidir sobre si Toledo debía o no ir a la cárcel como preso preventivo, dictó un auto denegando la medida solicitada por el Ministerio Público. El magistrado Marcelino Sexmero dice que no hay “indicios suficientes de la comisión de un delito contra los trabajadores, ya que ni la propia policía ha reseñado en el atestado los empleados coaccionados ni ha tomado declaración a dichos posibles trabajadores, constando solo la declaración del propietario del local”. Sobre los daños en el local asegura que su “realidad no está aún acreditada”. Afirma que la petición de prisión preventiva es “desproporcionada e inadecuada”.

Séptimo. La denuncia sigue en fase de instrucción. Desde su detención se han escrito miles de comentarios, en contra y a favor, sobre Willy Toledo, basados en la simpatía o animadversión que el actor provoca con su activismo político. La justicia tendrá que poner orden con los únicos elementos que valen en un estado de Derecho: las pruebas.

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