Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

La piedra Rosetta del ‘techno’ se ‘expone’ en España

Manuel Göttsching, padrino de la electrónica, interpreta en Madrid su influyente pieza ‘E2-E4’. Solo se ha tocado en directo en cinco ocasiones

El guitarrista y pionero de la electrónica Manuel Göttsching

La historia posee todo eso que convierte a una buena anécdota en un imperecedero relato de la gran mitología de la cultura popular. Es 12 de diciembre de 1981 y Manuel Göttsching (Berlín, 1952), héroe de la guitarra cósmica, figura clave del rock alemán de los 70 al frente del grupo Ash Ra Tempel, pierde el tiempo en su estudio berlinés. Tiene previsto volar al día siguiente a Hamburgo "a ver tocar a un amigo". Piensa que no sería mala idea grabar "algo de música para escuchar en uno de aquellos enormes walkmans de la época". "Después de todo", recordaba el artista el Viernes Santo, "entonces en los aviones la música no salía como ahora de los asientos". Conecta los aparatos de su estudio: sintetizadores, secuenciadores, teclados y su guitarra. Poco menos de una hora después, la pieza E2-E4, 59 minutos y 20 segundos de ácida improvisación minimalista a partir de dos solitarias notas que juegan obstinadamente a evitarse, queda registrada para la posteridad de la electrónica y de la música de vanguardia.

"Pensé que como mucho había salido una pieza interesante", explica Göttsching con la paciencia de quien ha rememorado demasiadas veces la misma historia. Treinta años después, E2-E4 (publicado en 1984 con portada inspirada en el ajedrez; el título remite a la estrategia inicial más habitual del juego de mesa) está considerado "uno de los álbumes más revolucionarios e importantes de la historia", según la revista británica Wire. Boletín oficial de la música de vanguardia, dedicó a la pieza su portada de diciembre con motivo del aniversario y de una gira que traerá este jueves a Madrid el pequeño entretenimiento para el avión de Manuel Göttsching (pese a lo que pudiera parecer, no corre sangre española por sus venas). Será en el festival Electrónica en Abril, que cumple 10 ediciones en La Casa Encendida.

La ocasión es ciertamente única: Göttsching solo ha interpretado E2-E4 cinco veces en directo. "Al principio, nadie quería escucharla, pasó más bien desapercibida. Cuando su influencia fue creciendo hasta hacerse enorme a finales de los 80, resultaba imposible pagar la producción; básicamente se trataba de trasladar todo mi estudio a un escenario. Algo así solo se sustanció con la llegada de los ordenadores". A Madrid llega con la versión siglo XXI de la pieza: guitarra, secuenciador, mesa de mezclas y portátil.

Al principio la obra pasó más bien desapercibida

Manuel Göttsching

Cómo una pieza de consumo personal convirtió a su autor en uno de los padrinos del techno y el house (E2-E4 es una de las raras cosas que logran poner de acuerdo a ambas hinchadas) resulta una de las historias más fascinantes de la electrónica. A finales de los 80, Göttsching recibió la llamada de unos productores italianos que querían adaptar su música a las nuevas y crecientes audiencias house. El fruto se llamó Sueño Latino y resultó un éxito del que Göttsching debió "ciertamente ganar más dinero".

A aquella siguieron incontables remezclas de la pieza, interpretaciones de orquestas de vanguardia y hasta versiones a piano solo. Quién sabe si porque su poder visionario se topó a mitad de camino con la obsesión por el pasado de nuestra cultura, E2-E4 mantiene su vigencia intacta en 2012.

Pero... ¿de dónde provino aquella explosión de espontaneidad adelantada a su tiempo? "Ya trabajaba en este tipo de sonido desde 1976... y luego estaban los minimalistas, Steve Reich o Terry Riley". También, el compromiso con la experimentación bluesy de su anterior banda, Ash Ra Tempel. Ellos, al igual que otros miembros de una gloriosa generación de la música alemana, no temieron, una vez destruyeron el rock, caer en brazos de sintetizadores y demás cantos de sirena futurista de la modernidad electrónica.

Archivados junto a Can, Popol Vuh o los primeros Kraftwerk en las enciclopedias bajo escurridizas etiquetas de kosmische musik o kraut rock ("¡no había quién se aclarase!", exclama hoy Göttsching, "¡en Francia nos llamaban musique planante!"), Ash Ra Tempel aún se prestan a toda clase de progresivos malentendidos. "Éramos una generación de huérfanos de la Segunda Guerra Mundial", recuerda su líder. "No combatimos en ella, ni habíamos nacido, pero crecimos en un ambiente de total aniquilación cultural. En los 50, la música alemana, tras gasear u obligar a la emigración a sus mejores mentes, sencillamente no existía. Tuvimos que inventarla, de ahí el reverdecer creativo de finales de los 60".

En su caso, la gloria contracultural incluyó en uno de sus discos (Seven Up) la participación de Timothy Leary. "Resultaba alguien bastante corriente", aclara Göttsching. Quien no acabe de creerse esa definición del científico visionario del LSD, exiliado en Suiza tras ser tildado por Nixon de "enemigo público número uno", deberá esperar al documental que Ilona Ziok, mujer de Manuel, prepara sobre aquella grabación histórica.