CRÍTICA

Contenedor 'neo-noir'

'Contraband' revive con eficacia uno de los temas arquetípicos del género: el delincuente reformado que se ve abocado a un último golpe

He aquí una de esas películas que llegan a las salas tras recorrer un camino tan largo y tortuoso como el de sus personajes: Contraband es el remake americano de Reikiavik Rotterdam (2008), película protagonizada por Baltasar Kormákur —quien, en esta nueva versión, asume el rol de director—, que contaba con el primer guion original del islandés Arnaldur Indridason, figura clave en el contemporáneo fenómeno de la novela criminal nórdica adaptado por primera vez al cine en un trabajo —Myrin— que también había dirigido Kormákur.

Kormákur dirige su traducción con respeto al modelo y sin aparentes derivas, aunque el metraje le crece casi media hora. Como la segunda temporada de The Wire o películas tan dispares como The yellow sea, El hombre de Londres y El Havre, Contraband reivindica la imagen del contenedor portuario como flamante icono del neo-noir y revive con eficacia uno de los temas arquetípicos del género —el delincuente reformado que se ve abocado a un último golpe— sobre un paisaje de nuevas modulaciones de lo criminal, pero no aportará nada sustancial a quien ya conozca la original.

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