CRÍTICA

El tiempo es mujer

La zaragozana Paula Ortiz emprende su primer largometraje, presentado en forma de tríptico amoroso, con arrojo y ambición

A la zaragozana Paula Ortiz no se le pueden negar ni la ambición, ni el arrojo a la hora de afrontar su primer largometraje: De tu ventana a la mía adopta la forma de tríptico de amores contrariados, conjugado en tres tiempos que cristalizan en otras tantas claves estéticas. La formación filológica de la cineasta invita a pensar en la película como vocacional equivalente cinematográfico de un libro de relatos entretejidos, con el denominador común del amor contrariado y la fuerza y la capacidad de supervivencia de los personajes femeninos como motor narrativo.

DE TU VENTANA A LA MÍA

Dirección: Paula Ortiz.

Intérpretes: Maribel Verdú, Luisa Gavasa, Leticia Dolera, Roberto Álamo, Fran Perea, Pablo Rivero, Luis Bermejo.

Género: drama. España, 2011.

Duración: 100 minutos.

De tu ventana a la mía despeja todas las dudas razonables sobre la capacidad y la elocuencia de una mirada debutante: Ortiz, candidata al Goya a mejor dirección novel, sabe contar en imágenes y logra armonizar los diversos registros y niveles narrativos de su propuesta con transiciones elegantes y precisas.

Es en el material sobre el que Paula Ortiz levanta su ejercicio virtuoso donde se detectan las debilidades del conjunto: una suerte de summa de los tópicos que nutren buena parte de esa narrativa contemporánea que empaña de sentimentalismo neokistch su reivindicación de lo femenino como receptáculo del dolor y la exclusión, pero también como fuente de una sabiduría vital que, al parecer, lo masculino jamás podrá rozar ni con la punta de los dedos. Así, De tu ventana a la mía descubre su verdadera naturaleza de objeto formalmente deslumbrante que se levanta sobre una posible falacia cultural muy del signo de los tiempos.

El extraño ambiente de western Las Bárdenas de la historia de Inés (Maribel Verdú), a principios de los cuarenta, gana la partida en cuestiones de intensidad y fuerza visual, frente a la afectación rococó del relato de la sobreprotegida y lánguida Violeta (Leticia Dolera), en los años veinte, y el delirante juego metafórico entre cáncer y Transición que malogra la sobriedad de la odisea de emancipación sentimental que vive, a mediados de los setenta, Luisa (Luisa Gavasa).

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