Sportacus, el islandés que no para

Magnús Scheving es el creador, director, guionista y protagonista de la serie infantil 'Lazy Town'

Magnús Scheving, actor, escritor, productor, empresario y gimnasta islandés. / ULY MARTÍN

Cuando, entre los 5 y los 9 años, el pequeño Magnús Örn Eyjólfsson Scheving (Reikiavik, Islandia, 1964) se ganaba unas coronas corriendo de arriba a abajo por el pequeño pueblo de Borgarnes, a unos 70 kilómetros de la capital islandesa, para avisar a sus vecinos de que tenían una llamada en el único locutorio telefónico de la localidad -y eso incluía al mujeriego señor Herbert, que vivía a cuatro kilómetros del teléfono-, robando frutas por el camino para avituallarse, probablemente no era consciente de que ese deporte/trabajo estaba marcando su vida. Como también lo hizo el hecho de ser hijo de profesores. Niños, deporte, educación, movimiento continuo. Su vida. Ahora, con 48 años, sentado en un hotel de la Gran Vía de Madrid, vestido con un traje negro sobre un fino jersey gris de pico, moviéndose continuamente, levantándose, gesticulando, echa la vista atrás: "Creo que entonces ya era Sportacus".

¿Quién? Sportacus es un simpático superhéroe de electrificados bigotes y chandal azul que habita en un dirigible que sobrevuela constantemente Lazy Town intentando que sus habitantes, los niños Ziggy, Stingy, Trixie, Pixel, todos ellos de látex, y Stephanie, de carne y hueso, no caigan en las tentaciones de Robbie Rotten, villano adalid de la pereza y de la comida basura. Sportacus es el protagonista de la teleserie que da nombre a la ciudad, dedicada a promover la actividad física y la alimentación sana entre los niños que se ha emitido ya en 128 países y que, tras su paso por TVE, se reestrena en España en el canal infantil Boing a partir del 10 de marzo. Además de la serie, Lazy Town es un imperio cuya "misión" es extender las bondades de la vida saludable y que tiene otras patas: espectáculos en vivo, una emisora de radio -24 horas de emisión sin publicidad que incluye canciones, sketches, clases de idiomas, cultura-, gimnasios, conferencias, campañas institucionales y gubernamentales, vídeojuegos y todo tipo de merchandising, incluyendo agua embotellada.

El imperio Lazy Town, que cuenta con el apoyo del primer ministro británico, David Cameron, y la primera dama de EE UU, Michelle Obama, en su lucha contra el sedentarismo y la obesidad, es obra del hiperactivo Scheving. En realidad, decir solo que es el creador hace escasa justicia a la verdad. No solo encarna a Sportacus, lo que incluye sus incesantes cabriolas –¿por qué irse a la cama tal cual cuando lo puedes hacer tras un doble mortal con tirabuzón?-, sino que dirige la serie, escribe los guiones, diseñó el vestuario y las marionetas que le dan la réplica a los personajes de carne y hueso, preside la empresa y viaja por todo el mundo firmando acuerdos para la difusión de la serie y alianzas con instituciones y gobiernos para campañas por la vida sana –ha viajado a ESpaña para firmar una con la Fundación Dieta Mediterránea. Es el alma, el corazón, el cerebro, los brazos y las piernas de la empresa, adquirida por Turner en septiembre por 15 millones de libras (17,9 millones de euros).

Hijo del director del colegio y profesor de gimnasia y de una profesora de guardería, se vio siempre rodeado de deporte y niños

Y Lazy Town tiene éxito. Mucho, y no solo entre los 300.000 habitantes de Islandia. “Si paras un coche en Islandia y hay un niño dentro, un 70% tendrá sintonizada la emisora Lazy Town”. Hay más. El apoyo de Lazy Town en 2003 a una campaña gubernamental de fomento del consumo de frutas y verduras -sport-chuches, como se llaman en la serie- consiguió un aumento de las ventas del 22% en Islandia, algo que reconoció a Scheving personalmente el ministro de Sanidad. Algo parecido consiguió en Reino Unido en 2009. Más. Un gran porcentaje de los niños islandeses se van a la cama a las 8.08 de la tarde porque esa es la hora a la que se acuesta Sportacus para estar descansado y activo.

Además de una serie, Lazy Town es un concepto, una idea, que busca "poner al mundo en movimiento". El hiperactivo Scheving la puso en marcha en 1995 con un libro, Go, go Lazy Town, alarmado por la creciente tendencia a la obesidad que afectaba a los niños de su país. El atlético islandés ya tenía un nombre como conferenciante/motivador, pero también había ejercido de presentador de televisión o monologuista, entre otras cosas. Incluso había probado la arquitectura. “Quería aprender cómo se construyen las cosas”, cuenta. No terminó la carrera, pero algo debió aprender, de eso y de ser carpintero, porque levantó ladrillo a ladrillo su casa en la capital islandesa. A su época de carpintero debe las habilidades que ahora le permiten ser Sportacus, pese a sus 48 años. Se retó con un compañero a ver cuál de los dos conseguía ser el mejor, en un plazo de tres años, en un deporte que cada uno elegía para el otro. La única condición, que nunca lo hubiesen practicado. Su amigo acabó siendo campeón islandés de billar, amén de novio de una Spice Girl. Scheving tuvo que lidiar con una especie de aerobic acrobático del que fue campeón de Islandia, Escandinavia y Europa -dos veces, 1994 y 95- y subcampeón del mundo. Lo cuenta como cuenta el resto de su vida, con naturalidad, sin afectación ni falsa modestia.

A ese primer libro -Scheving ha escrito otros 10- siguió un espectáculo en vivo, que Magnús interpretó en teatros durante cuatro años. Solo en 2003 comenzó a fraguarse la serie, que vio la luz en 2004. Hasta ahora son 79 episodios frenéticos -más de 900 cortes de montaje por capítulo- rodados en alta definición en unos estudios de alta tecnología construidos especialmente para la serie y que dejaron con la boca abierta al mismísimo Quentin Tarantino. Casi 10 años entre el libro y la serie, diez años para dar vida a una idea que Scheving nunca logró que entendiesen del todo las decenas de guionistas o diseñadores a los que entrevistó. Y que protagonizó él mismo porque, según cuenta, no encontró a "nadie que entendiese cómo se tenía que mover Sportacus".

Crisis económica

En estos últimos años, la crisis económica que hundió por completo el sistema bancario de su país en 2008, también se ha posado sobre Lazy Town y contra ella, poco puede hacer el todopoderoso Sportacus, salvo seguir en movimiento. Admite Scheving que la crisis afectó a su empresa. "Como a todas, como a todo el mundo", sobre todo en el aspecto financiero. En cualquier caso, no tanto como para hundirla. Tiene, no obstante, una teoría sobre por qué el caso islandés acaparó portadas en todo el mundo. "Era muy fácil escribir sobre ello. No en todos los países se hunden todos los bancos en una semana. Un periodista podía venir un fin de semana, entrevistar a todo el Gobierno, tomarte una cerveza y volver a su casa el domingo para escribir una historia fantástica", ironiza. Mientras, en Islandia, "ni siquiera sabías si ibas a poder usar tu tarjeta de crédito el lunes". "Los que debían vigilar lo que hacían los bancos se durmieron", opina, en parte porque "si alguien iba a preguntar a un banco a decir que algo iba mal, se encontraba con un tipo con el que había coincidido en el colegio y que tenía las mejores notas, porque los bancos contrataron a los mejores. Así que pensabas: "Bueno, este era el listo de la clase, debe de tener razón". En cualquier caso, recurre al tópico vikingo y al elevado nivel educativo para tener una visión optimista del futuro de su país: "Son duros, están acostumbrados a salir en un bote a pescar, es un país en el que el clima es duro, hay volcanes, hace frío, viento. No hay sol, no hay tierra, no hay siestas. Tienes que trabajar para mantenerte caliente", resume. Para España, apuesta por identificar las cosas positivas que se han hecho y se hacen y tomar ejemplo de ellas. Y zanja: "Creo que los políticos y los bancos están arruinando el mundo".

Pese a lo conseguido, Scheving no para. Cuando no está rodando la serie, pasa 280 días al año en un avión. Si está en Islandia, su jornada transcurre en la sede de la empresa, por la que hay repartidas mancuernas para poder levantar pesas en cualquier momento. "Tengo reuniones mientras salgo a correr e incluso cuando estoy en la ducha", dice sin inmutarse, "duermo cuando puedo y voy comiendo todo lo que puedo a lo largo del día". ¿Tiene tiempo para su familia? "Bueno, mis hijos -tiene tres- han viajado mucho conmigo y trabajo con mi esposa", directora financiera. Pero también admite que, cuando su hija quiso tener un perro, tuvo que recurrir a pedir una cita con su secretaria. ¿Lo consiguió? "No, porque su madre se opuso. Se equivocó de persona". Dentro de poco estará en Islandia otra vez, para rodar la tercera temporada de la serie, 13 capítulos, uno de ellos con un nuevo personaje, un chef español. Es posible que las coreografías también tengan nombre español. Después, habrá una cuarta temporada, una película y una quinta temporada. "Espero no ser yo ya el protagonista de la película", dice. Dos veinteañeros le ayudan ya con las acrobacias. Si puede evitarlo, tampoco estará en la quinta temporada. Quizá entonces pare.

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