ESPECIAL GOYA 2012

La tentación de los Goya

¿Hay algo más tentador que recoger un premio en una noche y luego pasar por caja?

Los premios Goya han servido para aumentar la recaudación en taquilla de muchas películas

'Pa negre' y 'La soledad' son dos ejemplos de la repercusión de los premiso del cine español

Una escena de 'Pa negre', de Agustí Villaronga.

¿Hay algo más tentador que recoger un premio en una noche de glamour y luego pasar por caja? La repercusión comercial de los premios Goya es cada vez más evidente: películas que triplican su taquilla, productores que recuperan parte de la inversión o que incluso recogen importantes beneficios, directores que logran que les abran las puertas para su siguiente título. Todo eso puede suceder en una única noche, la de la gala de los premios que concede la Academia de Cine y que mañana celebra su 26ª edición. Desde aquella primera ceremonia en 1987, en el teatro Lope de Vega de Madrid, con el entonces presidente y fundador de la Academia de Cine, José María González Sinde, en la que resultó ganadora El viaje a ninguna parte, de Fernando Fernán Gómez, ha llovido mucho y para bien. Hace apenas unos pocos años, la lectura de las candidaturas y la propia gala eran seguidas por un puñado de periodistas y cámaras. Todo lo contrario a lo vivido el pasado 10 de enero en la Academia de Cine, donde su presidente, Enrique González Macho, y dos actores, Lluís Homar e Inma Cuesta, procedieron a leer el nombre de los nominados. La sala estaba llena a rebosar. Cámaras, televisiones, periodistas, todos lanzando al mundo la noticia para la que estaban convocados. Ordenadores y móviles propagando por las redes sociales todo lo que allí sucedía.

“En mi caso, la repercusión de los premios canta por sí sola”, asegura Agustí Villaronga, el director que en la ceremonia del año pasado arrasó con Pa negre, nueve premios, entre ellos el de mejor película y director. “Mi película había sido ya estrenada, había tenido una carrera discreta, estaba de capa caída y de repente llegaron las nominaciones y con ellas la película ya creció. Pero fue después de la gala de los Goya cuando incluso se reestrenó con más copias que cuando se proyectó por primera vez”, explica este realizador con una de las trayectorias más personales de la cinematografía española. Los datos lo avalan. En enero de 2011, antes del anuncio de las nominaciones de los Goya y los premios Gaudí, la recaudación de Pa negre era de 850.000 euros. Tras estas candidaturas, el filme, que seguía en cartel con algunas copias solo en Cataluña, se reestrenó y llegó a 1,5 millones de euros, cifra que alcanzó los 2,6 millones de euros tras el éxito de los Goya. Villaronga comparte la opinión de Agustín Almodóvar que, en la fiesta de los nominados de este año, se declaró convencido del prestigio creciente de los Goya, de que el público se fía de los premios, que se sabe que una película avalada por estos galardones merece la pena ir a verla. “Yo creo que se ha conseguido que el público siga con atención estos premios, que las películas galardonadas generan interés y garantías de calidad”, añade Villaronga, aunque cree que este ejemplo es más evidente en el caso de que un título consiga un puñado de premios. “Quizás un galardón suelto no tiene tanta repercusión”, dice el realizador catalán.

Lo que está claro es que en esta repercusión es fundamental la labor y la rápida reacción de la productora y la distribuidora de las películas. Como en el caso también de La soledad, este filme sobre la pérdida y la esperanza dirigido por Jaime Rosales que, en la ceremonia celebrada en febrero de 2008, consiguió los tres premios a los que optaba: mejor película, director y actor revelación para José Luis Torrijos. Se alzó frente a las otras dos propuestas que partían como favoritas: El orfanato, de Juan Antonio Bayona, y Las trece rosas, de Emilio Martínez Lázaro. La soledad se estrenó el 1 de mayo de 2007 con 30 copias y la vieron 41.203 espectadores. Cinco días después de los Goya, se reestrenó con 40 copias y consiguió un total de 118.738 espectadores. “Triplicamos el número de espectadores. El efecto Goya está claro en el caso de mi película”, explica Jaime Rosales. “El resultado inicial fue para mi decepcionante, algo que cambió de manera radical tras los premios. No hay duda de que es solo atribuible a este premio”, añade el realizador de La soledad, su segundo largometraje tras Las horas del día.

Cada caso es diferente, opina Rosales. En su opinión, depende mucho de la fecha de estreno y del calendario elegido por la distribuidora. “En películas estrenadas alrededor de la fecha de los Goya el efecto no es tan significativo, incluso puede ser marginal, pero si el estreno está algo alejado de la gala, la carrera comercial creo que es más evidente”. La soledad era un película de producción pequeña e independiente, pero no por ello Rosales quiere hacer militancia de lo que el llama “cine pequeño”. “Sería malo que los premios Goya solo premiaran este tipo de películas, frente a grandes títulos como en este año La piel que habito. La Academia debe de premiar la calidad por encima del tamaño de su producción. Es la calidad la que tiene que ir pegada al premio. Eso es lo que hará grande a los Goya. Hay películas enormes que son maravillosas”, explica el realizador que no oculta “lo tentador” que resultan los Goya. “A mí me importa mucho que mi película tenga un premio o esté nominada, tanta como ir a un festival. Es una manera de dar a conocer tu película de manera espontánea, sin márketing. Yo prefiero eso a una valla publicitaria en cualquier ciudad”.

Los casos de Pa negre y La soledad no son los únicos. Ejemplos hay muchos. El bola, el filme de Achero Mañas que lanzó la carrera de su actor, Juan José Ballesta, entonces casi un niño, pasó de los 142.827 espectadores a los 694.010 finales tras su éxito en los Goya de 2001 (cuatro premios, entre ellos el de mejor película). También Celda 211, de Daniel Monzón, que aumentó un 146% su recaudación tras los ocho galardones conseguidos hace dos años o, en menor medida, Camino, dirigida por Javier Fesser, que no fue nada bien en taquilla antes de los Goya y que tras alzarse con seis premios en 2009 subió solo un 15%.

Enrique González Macho, que se estrena en la gala de mañana como presidente de la Academia de Cine, se muestra orgulloso del prestigio consolidado de los Goya. “En esto nos vamos pareciendo a los Oscar”.

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