ESPECIAL GOYA 2012

Grandes actores secundarios

Lluis Homar y Juanjo Artero, intérpretes de muy larga experiencia, compiten el domingo por el Goya

Los actores Lluís Homar y Juanjo Artero. / LUIS SEVILLANO

Se sientan uno al lado de otro. Ambos llevan barba corta cuidada, vestuario juvenil y sonrisa de buen rollo. Los dos son amantes de su profesión, intérpretes curtidos en el teatro, curritos de muy largo recorrido, padres de dos hijos y candidatos por primera vez en su vida a un premio Goya: compiten en la categoría a mejor actor de reparto. Se han conocido unos pocos días antes, en otra entrega de premios, pero hasta ahora no habían charlado tranquilamente. Juanjo Artero tiene 46 años, “y aún hay gente que me llama Javi”, porque él era el adolescente rubio de Verano azul. Desde entonces décadas de teatro y televisión. Lluís Homar ha cumplido 54 años, dos películas con Almodóvar, “y aunque debuté con 24 años en La plaza del diamante, es cierto que al cine he llegado más tarde, porque dediqué mucho tiempo al Teatro Lliure”, compañía que llegó a dirigir. Mientras Artero ha llegado a los Goya con Leiva, un policía todo profesionalidad en No habrá paz para los malvados, Homar ha conseguido su candidatura encarnando a Max, un robot mayordomo en Eva. Y los dos esperan la ceremonia del domingo trabajando en el teatro. Comienzan a charlar y calientan hablando de sus películas.

Juanjo Artero. Enrique Urbizu es un director que lo mide todo muchísimo, que relaciona objetos en la pantalla, que hace que cuando repites el visionado de la película encuentres muchos más detalles. A mí me controlaba mucho el tono y me insistía que mi personaje podía haber sido Santos Trinidad, pero que por cuestiones de la vida había acabado más estable. Urbizu hablaba mucho del azar, de cómo afecta a las vidas.

Pregunta. La película habla del 11-M pero no habla del 11-M.

J. A. Eso es estupendo, porque entra en la descoordinación policial, ahí está Atocha, la sensación de que pasaría si estallaran las bombas…

Lluís Homar. No habrá paz… es estupenda. A mí de Eva me encantó esta posibilidad de encarnar a un robot que en el fondo es el más humano de todos los personajes, que es capaz de regular su nivel emocional para subirlo o bajarlo según quiera el protagonista al que sirve. Me atraía rodar una película tan extraña para España, de ciencia ficción retrofuturista.

P. Ambos llegan a su primera candidatura con tres décadas de trabajo a sus espaldas.

L. H. Ya, y maduros. Pero es curioso… Recuerdo cuando mis padres cumplieron 50 años, aquella fiesta en la casa, la tengo muy viva… Y ahora he superado esa edad. Pienso que yo no soy mis padres, que hay mucha distancia [risas]. No quiero ni saber cómo me verán mis hijos.

J. A. Es cierto. Estás casado, eres padre y te dices: “Pero, pero, si todavía no, si todavía no…”. Tal vez es que la vida es esto. Hay cosas de envejecer que veo igual que cuando pasé la adolescencia: de repente te miras y te sorprendes.

L. H. Y más en tu caso, que toda España vio tu adolescencia en la tele.

J. A. Eso, pero a cambio te llegan otros papeles, ¿no? De repente eres el mayor del equipo. Por ejemplo, Urbizu tiene cinco años menos que yo, le tratas como si fuera un maestro, y en realidad tú eres el veterano.

L. H. Yo en el Lliure empecé con 19 años, era el pequeño de la compañía.

P. Ha habido suerte y ambos compiten a mejor actor de reparto y no en actor revelación.

L. H. [risas] Cierto. Yo vivo la candidatura con mucha ilusión. Otras veces lo he deseado mucho, me decían que me iban a seleccionar y nunca ocurría. Cuando ha llegado, sencillamente lo disfrutas. No pienso en que podía haber pasado antes, porque, fríamente, podía no haber ocurrido nunca.

J. A. Exacto, te alegras del hecho en sí. En mi caso no he hecho tanto cine, y para mí ha sido sorprendente. Me avisaron el día anterior para que estuviera atento y escuchara la radio. Se me olvidó, pero me despertaron los niños, encendí la radio y me sorprendió escuchar mi nombre. Me hace mucha ilusión.

P. Supongo que también habrá cierto cariño y respeto de los compañeros en la nominación.

L. H. Puede. Llevo muchos años en esto. Aunque empecé en el cine muy tarde, cuando nació mi primer hijo en 2000. Vas haciendo, haciendo… Pero hay otro factor muy importante, que es estar en la película adecuada con el personaje adecuado. Con Eva ha sucedido: 12 candidaturas y a mí me tocó este papel insólito. De repente se te acerca la gente y te dicen que les has gustado… y eso lo he notado con Eva.

J. A. Soy muy consciente de que en mi caso mi personaje no es de candidatura obvia, sino que estoy en la película del momento. Lo trabajé muy para adentro, en contraste con el de Coronado. Y me gusta y me sorprende que me hayan seleccionado. Yo creo que ganará Lluís.

L. H. No lo creas, no lo creas. Tú das algo muy limpio que transmite tu trabajo, que rehuye la espectacularidad…

P. Sus personajes son contrapuntos al protagonista en las dos películas.

L. H. Cierto. Hay otra cosa: en nuestro caso, y hablo por los cuatro candidatos [los otros dos son Raúl Arévalo por Primos y Juan Diego por 23-F: la película], creo que gane el que gane los otros tres estarán contentos.

J. A. De verdad que yo con estar en el cuarteto me vale.

L. H. Nunca sabes qué ocurre en los premios. Por un lado te hace ilusión ganar, pero por otro…

J. A. Por otro piensas, ha ganado otro y me libro de este trago, que lo sufra otro.

L. H. Nuestra carrera no va a cambiar ganemos o perdamos. Los dos estamos trabajando, nuestros cachés no van a cambiar [risas]. Es una gala para ir a disfrutar. A favor nuestro juega que es nuestra primera selección, que no hemos pasado aún por el trago del no.

P. Antonio Banderas el domingo compite por cuarta vez por el Goya, y aún no lo ha ganado. Él ya ha oído tres veces ese no.

L. H. Dice mucho de Antonio que a pesar de que le pueda ganar Coronado vaya a estar en la ceremonia. Es un profesional.

J. A. Es un ejemplo. Y por eso pienso que cómo me voy a mosquear si no lo gano yo cuando Banderas no tiene el Goya. Quizá es una defensa, pero creo que es malo para tu karma desear en exceso algo. Yo quiero disfrutar el momento, no pensar en el algo más.

L. H. Para hacer diana, en realidad no te tiene que importar si no la haces.

La charla sigue, hablan de los deseos en la vida, de esa mala sensación de que cuando algo se hace excesivamente importante rara vez lo consigues, de lo que se mueve en el estómago de un actor… Pero de los Goya, poco más: tal vez les importe más seguir trabajando el lunes.

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