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ENTREVISTA

Paula Rego: “No consigo la obra que quiero”

La pintora portuguesa afincada en Londres vive un momento de máxima intensidad artística

La artista portuguesa Paula Rego, en su estudio londinense, con algunos cuadros de la serie 'El hombre almohada (2004), basada en la obra teatral de Martin McDonagh. Ampliar foto
La artista portuguesa Paula Rego, en su estudio londinense, con algunos cuadros de la serie 'El hombre almohada (2004), basada en la obra teatral de Martin McDonagh.

Como en los cuentos infantiles, en los cuadros de Paula Rego (Lisboa, 1935) los animales tienen cualidades humanas. Forman parte esencial del relato porque encarnan, a menudo, a personas clave en la biografía de la artista o, incluso, a ella misma. En su obra Coneja embarazada contándoselo a sus padres, de 1982, Rego recrea un episodio muy anterior, el momento en el que la artista anunció a su padre su propio embarazo, resultado de una relación con un hombre casado, el artista británico Victor Willing, con el que contraería finalmente matrimonio en 1959. Willing falleció en 1988, tras luchar casi dos décadas contra los estragos progresivos de la esclerosis múltiple. Cuidarle, alimentarle, darle las medicinas, era un proceso duro que la artista plasmaría en una serie de cuadros, Niña y perro, en los que Willing está representado como un perro y ella, como una niña empeñada en rasurarle, o en abrirle las mandíbulas para hacerle tragar una medicina.

También hay animales en la obra gráfica que expone ahora en la galería Marlborough de Madrid, pero les ganan en importancia los temas de denuncia. Criaturas, título de la muestra, reúne una docena de piezas gráficas, la mayoría de los años 2008 y 2009, dedicadas a denunciar la ablación, aunque también se recogen algunas piezas de series anteriores, como Ladybird, de 1989; Straw Burning, de 1996, o el Autorretrato con nietos, de 2002. Rego denuncia con ferocidad la mutilación de los genitales femeninos llevada a cabo, a veces, con la colaboración de las propias madres de las víctimas.

“Es un hecho que las mujeres somos, a veces, crueles con las mujeres. ¿Por qué? Quizá por miedo a ser crueles con los hombres. No sé. Todos somos crueles, los hombres, los niños, los animales. Todos somos crueles en algún momento”. La voz de Paula Rego suena, al otro lado del teléfono, con una cadencia algo triste, de quien ha luchado mucho y encuentra agridulce, quizá, el sabor del éxito. La artista habla desde su estudio, un lugar repleto de muñecos truculentos, ropas antiguas, muebles, situado en el norte de Londres, su ciudad, en la que lleva viviendo décadas.

La pintora lamenta no haber podido venir a Madrid para asistir a la inauguración de Criaturas, el pasado 2 de febrero, como hizo, en cambio, en el otoño de 2007, cuando el Museo Reina Sofía le dedicó una espectacular retrospectiva, con cerca de un centenar de cuadros suyos.

“Tengo recuerdos maravillosos de aquella exposición. Me encanta Madrid. Estuve en 1957 con mi marido, y luego he pasado varias veces por ahí, camino de París. Me encanta El Prado, es mi museo preferido. Siempre voy a verlo cuando paso por Madrid”.

Una obra de Paula Rego de 1989 ampliar foto
Una obra de Paula Rego de 1989

Con 76 años cumplidos, Paula Rego es hoy una de las grandes artistas figurativas del panorama internacional, y una de las más poderosas voces femeninas de la pintura contemporánea. Sus cuadros superan el medio millón de euros en las subastas, y sus litografías y aguafuertes se venden como rosquillas. Tras las primeras exposiciones en Portugal y en Londres, su firma se convirtió en una de las más codiciadas por los coleccionistas de arte a finales de los años ochenta, tras incorporarse, en 1987, a la cartera de artistas de la prestigiosa galería Marlborough. Una exposición en la Serpentine Gallery de Londres, al año siguiente, le abrió las puertas del éxito. Templos de la pintura como la National Gallery, o la Tate Britain de Londres, atesoran obra suya, y en 2009 las autoridades portuguesas le dedicaron un museo enteramente para ella, Casa das Histórias. Paula Rego, en Cascais. El museo es como un itinerario documentado de su vida y de su evolución artística. Primero, el dibujo, las pinturas acrílicas, los collages de fuerte inspiración surrealista y, finalmente, los cuadros al pastel, de grandes dimensiones, como el impresionante La familia.

Uno no tiene que ir por ahí disparando contra nadie. Podemos atacar al sistema a través de la pintura

Paula Rego

Historias de la tradición portuguesa, relatos infantiles, como las ilustraciones de la serie Caperucita Roja y Peter Pan, o novelas inquietantes como La metamorfosis, de Kafka, han encontrado en el dibujo al pastel de Rego una visualización particular, en la que asoma siempre el misterio, el miedo, la brutalidad descarnada. Ennoblecida con el título de Dama del Imperio Británico en 2010, Rego ha sido igualmente condecorada en Portugal, donde es, además, enormemente famosa.

PREGUNTA. Usted es una artista figurativa. ¿Qué opina de la obra de Antoni Tàpies, que acaba de morir?

RESPUESTA. Sí, me enteré por los periódicos. Era un artista grandísimo. Vi una exposición suya hará unos tres años, en Barcelona, magnífica. Siento mucho su pérdida.

P. ¿Nunca le ha tentado la pintura abstracta?

R. No, no he hecho arte abstracto. Hace tiempo hice muchos collages que pueden parecer abstractos, pero no lo son, eran collages que contaban historias. Luego lo dejé, y empecé a hacer grandes cuadros figurativos. Siempre me ha gustado contar historias.

P. Los relatos que escuchaba en su infancia, en Portugal.

R. Sí, tenía una tía que me contaba historias continuamente. Empezaba por la mañana, a mediodía, y terminaba por la noche. Me pedía qué quería escuchar y se pasaba todo el día así, contándome cuentos hasta la hora de la cena. Mis obras son relatos, siempre estoy contando algo.

Rego, hija única, nació en una familia acomodada en Lisboa. Su padre, ingeniero electrónico, dejó el país para trabajar en el Reino Unido cuando ella tenía apenas 18 meses. La madre le acompañó y la niña quedó al cuidado de la abuela hasta que regresaron, cuando había cumplido los tres años. Paula estudiaría en un colegio británico en Portugal y terminaría sus estudios en Londres, adonde llegó con apenas 16 años, cuando todavía funcionaban las cartillas de racionamiento. Allí terminó el bachillerato y consiguió ser admitida en un prestigioso centro de arte, la Slade School of Art. En la Slade, Rego aprendió a dibujar y a pintar al óleo, un material que usó durante un tiempo, pero al que ha renunciado completamente seducida por el pastel.

“Creo que fue en 1993 cuando empecé a usar pastel. Hasta entonces utilicé óleo y también acrílico, pero el pastel es maravilloso porque es casi igual que dibujar, uno ataca el papel o la tela o lo que sea, como con el lápiz, y hace una línea y es verdaderamente muy satisfactorio. Es como dibujar, agresivo y tierno al mismo tiempo”.

P. Creo que ahora le interesa sobre todo la “belleza de lo grotesco”.

R. Sí. No conozco a muchos artistas contemporáneos que recurran a lo grotesco, pero todos los grandes maestros del pasado lo han hecho. Fíjese en Goya, siempre hay algo grotesco en su obra, y hay miedo. El miedo es algo muy presente para mí. Pero tiene que tratarse de una historia verdadera, si no es un aburrimiento. Las historias antiguas eran maravillosas. Además, son las historias con las que me he criado.

P. Y sobre ellas se puede trabajar con la imaginación.

Ya no es tan fácil sentir esa espontaneidad inicial. Pero cuando consigo algo es verdaderamente maravilloso

Paula Rego

R. Por supuesto. A veces uno no sabe qué hacer, y lee un poco de un libro, y de repente surgen las ideas, y uno empieza a ilustrarlo. Y se mezclan con otras ideas, de forma que va cambiando constantemente.

Cambiar una historia, transformar incluso a los personajes, es lo que más le gusta a Paula Rego. Desde hace años utiliza como modelo a Lila Nunes, la enfermera que cuidó a su esposo durante su larga enfermedad. También Tony, el actual compañero de la artista, le sirve de modelo. Una y otro aparecen bajo apariencia femenina en sus cuadros. Por ejemplo, en el titulado Olga, Tony es el personaje central, una mujer vestida de negro, con melena rubia, que sostiene una especie de guitarra mientras una niña está inclinada sobre ella, con la cabeza hundida entre sus piernas, en una posición inequívocamente sexual.

Rego se ha reconocido siempre como una artista feminista que da testimonio del mundo femenino. En sus cuadros, las mujeres son omnipresentes. Y no suelen ser frágiles. Más bien sólidas damas, musculosas, con rostros que denotan dureza y determinación. Es como si quisiera reescribir la historia, cambiar el mundo en sus pasteles, siempre un poco ácidos. “Cuando era niña, en Portugal, las mujeres llevaban una vida tan difícil, tan dura, tan dolorosa en aquella etapa del fascismo. El aborto no era legal, pero se producían abortos continuamente, y era injusto, y me indignaba mucho. Hice una pintura sobre un ángel vengador en la ilustración sobre el padre Amaro, [la novela de Eça de Queiroz El crimen del padre Amaro]. El ángel final venía a vengar a Amelia, a la que el cura deja embarazada y muere. Es algo muy triste. Mucha gente abortaba y moría.

P. En sus últimos grabados hay una denuncia de la ablación también. Es usted una artista batalladora. ¿Cree que el arte puede cambiar el mundo?

R. Claro, es el arma de los artistas. Uno no tiene que ir por ahí disparando contra nadie. Podemos atacar al sistema a través de la pintura. Si se tiene algo que decir, se dice a través de la pintura, aunque no siempre se entiende. Por ejemplo, cuando hice la serie sobre los abortos en Portugal [una serie de cuadros de protesta cuando se retiró la ley que permitía el aborto a las diez semanas de embarazo] nadie se dio cuenta de lo que significaban. Y los críticos se limitaron a decir que tenían colores muy bonitos. Ahora que el aborto está legalizado, empiezan a entenderlo.

P. Su esposo era un artista consagrado. ¿No era difícil convivir con otro pintor?

R. No, porque él era muchísimo mejor que yo, era un verdadero artista. Era ocho años mayor y un buen pintor, mientras yo cortaba pedacitos de papel, contando historias y jugando. No estaba haciendo arte. Y me gusta mucho hacer arte, pero también me gusta contar historias.

P. Pero usted también hacía arte.

R. No sé…

Rego, que ha vivido a caballo entre Portugal y Reino Unido, es una artista con doble identidad. “Tengo la nacionalidad británica porque me casé con un británico. Me gusta Londres y llevo viviendo aquí desde hace muchísimo tiempo. Tengo mi estudio. En Portugal, la verdad, no me queda mucho. Londres me gusta, aunque la ciudad que me gusta más es Madrid, me gustaría vivir ahí, pero es difícil porque no hablo español”.

P. Portugal es su fuente de inspiración, pero ¿de qué manera ha marcado Reino Unido su trabajo artístico?

R. Venir a vivir aquí fue fundamental para mí. En aquellos tiempos, Portugal era un país de mentalidad estrecha, donde imperaba el fascismo, era muy difícil vivir allí. Había una atmósfera de miedo y mi padre decía que me tenía que ir, que no era un país para mujeres, y tenía razón. Me envió a Londres a terminar mis estudios y luego a la Slade School of Art. Donde aprendí a dibujar.

P. Por tanto, se siente una artista británica.

R. Eso da lo mismo. Lo que soy es una artista que relata, que cuenta historias con sus cuadros, historias que en realidad son más portuguesas que británicas. Además me traje aquí muchas cosas: la ropa de mi madre y de mi abuela, y la utilizo para mis cuadros. En Portugal no puedo pintar. Tengo que alejar de allí todas esas cosas, traérmelas, ponerlas aquí juntas en mi estudio, y la diferencia es enorme. Allí no puedo.

Es como si en Portugal la artista sufriera algún bloqueo. Desde la década de los sesenta, poco después del fallecimiento de su padre y de que a su marido le fuera diagnosticada su enfermedad, Paula Rego sufre episodios depresivos. Algo similar a lo que le ocurría a su padre, que guardaba un silencio profundo en las sobremesas, sumido en un dolor incomunicable.

Rego recurrió a un analista jungiano y el análisis, según confesión propia, ha dado nuevo impulso a su trabajo. “Ha sido muy importante para mí porque libera la imaginación, porque no tienes tanta conciencia de ti misma, y te permite perder el miedo y sentirte libre”.

P. ¿Es cierto que le interesa cada vez más la pintura a medida que envejece?

R. Sí, es cierto, pero el trabajo es más difícil cada vez. Ya no es tan fácil sentir esa espontaneidad inicial. Pero cuando consigo algo es verdaderamente maravilloso. Y me da mucha satisfacción.

P. Supongo que siente también la satisfacción de ser una artista de éxito.

R. No me siento en absoluto una triunfadora. Quiero decir que me encanta poder exponer mi obra en diferentes países, pero no consigo hacer la obra que quiero hacer. No consigo hacer cosas verdaderamente buenas. Pero sigo intentándolo y tal vez, en algún momento, consiga hacerlo mejor. O

Paula Rego. Criaturas (Obra gráfica). Galería Marlborough. Orfila, 5. Madrid. Hasta el 10 de marzo.

Casa das Histórias. Paula Rego. Cascais.