¿Dónde está el límite de la eterna juventud?

La pasarela madrileña llega a su fin plagada de interrogantes

Uno de los diseños de Carlos Díez en la Madrid Fashion Week / EFE

Blur. Twitter. Etta James. Free jazz. Inserte la moneda. Josh Wink. Juncal Rivero. Bigotes. Maternidad. Es la forma en que se lanzan estímulos en todas direcciones, más que la fortaleza de un solo diseñador, la que permite albergar la esperanza de que el corazón de Mercedes-Benz Fashion Week al fin bombea. La jornada tradicionalmente dedicada a los jóvenes (más sobre este amorfo particular después) imprimió ayer, siquiera por acumulación, algo de ritmo. En realidad, la pasarela madrileña se cierra este domingo con la plataforma El Ego. Sita Murt o Martin Lamothe no se acomodan en un salón y salen a la calle para intentar responder al tiempo que les ha tocado vivir. Aunque tal vez el más fiel reflejo de lo que hoy somos esté en la colección de María Escoté. En teoría, su desfile corresponde a otoño/invierno de 2012, pero la mitad de las prendas ya están a la venta en Internet. “Vivimos una época que no puede ni quiere esperar”, razona Escoté.

Una modelo luce un diseño de Maya Hansen / DANIEL OCHOA DE OLZA (AP)

 

La red no solo condiciona el tiempo de comercialización. Su inmediatez impregna una propuesta que recupera la cultura cyber de los noventa. La ansiedad y la desazón que acechan al final del subidón de la música electrónica, se traducen en pantalones surcados por cremalleras y zapatos con tachuelas. Nada resulta muy original, pero sí tiene un nervio propio. Y le parecerá nuevo a una generación de clientes que no había nacido cuando estalló la cultura de clubs. Seguramente, los mismos chicos que han convertido la venta en la red de Escoté (Barcelona, 1979) en un éxito desde que creara su página hace un año.

Todo ha cambiado con Internet. También las posibilidades de los diseñadores que empiezan. Los que saben aprovecharlo, como Maya Hansen, entienden su oficio y sus canales de difusión de una forma completamente distinta que sus mayores. En esto la moda es igual que cualquier otra industria. Las redes sociales explican que el segundo desfile mayor de esta creadora, especializada en corsés desde 2006, despertara más expectación que los de algunos veteranos. “Muchas clientas me han conocido por Twitter”, reconoce. “Tengo a una persona dedicada a eso. Consigue que nuestra marca tenga presencia en todo el mundo y parezca mayor”. Redes sociales más Lady Gaga –quien se puso un corsé de Hansen en televisión- forman una ecuación que hoy parece condenada al éxito mediático.

Pero, oye, la tecnología no es patrimonio ni de la electrónica ni del pop. También sirve para descubrir que Juncal Rivero es una de tus más fieles seguidoras y proponerle que vista de diva de los años 50 en tu desfile. Exactamente eso es lo que hizo Hansen. Aunque la diseñadora madrileña –nacida en 1978, hija de argentino y danesa- trata de distanciar a la modelo de Noche de fiesta. “Ella ha desfilado con grandes como Óscar de la Renta. Esa estética es el tema de mi colección y me olvido de todo lo demás. Además, quería una mujer más madura y con más cuerpo. Me peleo con Ifema porque no proporcionan modelos con curvas”. Entre tocados, siluetas de sirena y tafetanes se perdía definitivamente cualquier atisbo de modernidad cibernética y hasta del erotismo que el corsé lleva implícito. Como también sucede en TCN, la corsetería de Hansen quiere escapar del cajón de la ropa interior y saltar a la zona regia del armario.

En el fondo, lo más interesante del día fue la acumulación de relatos peculiares. El retorno a la pasarela de María Barros, tras dos temporadas de hiato por maternidad, es una experiencia en primera persona. “En este tiempo he echado tanto de menos desfilar que he aprendido a no volver a quejarme por nada de lo que suponga”, afirma la creadora gallega. Nacida en 1980, Barros exhibe el acercamiento visceral a su oficio propio de su edad, pero forma junto a Sara Coleman lo que podríamos llamar la sección reflexiva de esta generación.

Ni una cosa ni la otra son aplicables a Carlos Díez. Por una parte, seguir calificándolo como joven es absurdo porque nació en 1967. Por otra, resulta pertinente porque probablemente nunca dejará de serlo. El vasco entregó una traviesa colección que habla del tema más recurrente estos días: el dinero. Díez imagina cuellos de camisa que se convierten en capuchas y pinta bigotes en hombres y mujeres. Al final, esta jornada en la que caben igual marcas de larga biografía que se dirigen a un público rejuvenecido (Sita Murt, TCN) o creadores que salen de la plataforma El Ego (Sara Coleman, Maya Hansen) obliga a preguntarse, ¿qué es un diseñador joven? Y lo más importante, ¿hasta cuándo dura eso? Porque las jóvenes promesas, como todas las demás, hay que cumplirlas.

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