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El Rey pidió a Mario Vargas Llosa que presida el Instituto Cervantes

El Jefe del Estado actuó como intermediario de lujo en nombre del Gobierno

El rey Juan Carlos entrega a Mario Vargas Llosa en 2010 el Premio Internacional Don Quijote

Cuando el domingo pasado sonó el teléfono de Mario Vargas Llosa y el Nobel escuchó la propuesta de su interlocutor, la respuesta parecía clara. Fue el rey Juan Carlos quien llamó al escritor para pedirle que presidiera el Instituto Cervantes. El autor de Conversación en la catedral pidió unos días para pensárselo, aunque agradeció al jefe del Estado el honor.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, pidió personalmente al monarca que hiciera la propuesta en nombre del Gobierno. El Rey, que siempre ha situado las políticas lingüísticas entre sus temas de preferencia, y que ha mostrado un claro compromiso con los avances que en este sentido ha hecho la Real Academia Española en su estrategia panhispánica y el Cervantes, no lo dudó, apuntan fuentes de Exteriores y del entorno de Vargas Llosa.

Los planes del PP para la institución que debe enseñar y promocionar el idioma y la cultura en español por todo el mundo son ambiciosos. Sus dirigentes pretenden que la lengua se convierta en la pieza clave de la acción cultural exterior, como ha apuntado en su estrategia tanto el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, como el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle.

Es un plan que ya estaba en el ánimo de gobiernos anteriores pero que se ha revelado difícil de coordinar. Hasta la fecha han existido multitud de organismos –el más importante de todos, el propio Cervantes- pero todos han dependido de distintos ministerios. Nadie quería renunciar a sus cuotas de poder a favor del otro y eso generaba pugnas, tiranteces y hasta batallas como las que protagonizaron en su día Miguel Ángel Moratinos y César Antonio Molina. Aquella controversia acabó con la salida de Molina de Cultura.

Quien presenció todo en primera fila fue el actual secretario de Estado de Cultura cuando era portavoz del PP en el Congreso de los Diputados. Ahora, con su nuevo cargo, José María Lassalle no ha querido que el nuevo Gobierno cometa el mismo error. Por eso pretende que el Cervantes se convierta en una institución clave y que quede controlada por la órbita de presidencia del Gobierno, más que por un ministerio concreto.

Y es ahí donde sin duda podría jugar un papel de representación crucial el premio Nobel. Vargas Llosa, dueño de una agenda internacional privilegiada tanto en el plano cultural como en el político, presidiría el Cervantes con un perfil marcadamente simbólico. Como presidente del Instituto, actuaría como una especie de embajador plenipotenciario de la lengua española en el mundo y se sentaría en el patronato (donde ahora es vocal) junto al Rey, que es su presidente de honor.