Entrevista:

"Tengo más premios que obras"

Manuel Terrín ha ganado 1.769 certámenes de literatura.- El poeta lamenta que los recortes hayan afectado a su remuneración

ESCUELA DE PERIODISMO UAM / EL PAÍS 2011 Albacete 10 ENE 2012 - 08:19 CET
Esta entrevista forma parte del proyecto final de la asignatura de Digital de los alumnos de la 25ª promoción de la Escuela de Periodismo UAM / EL PAÍS 2011

Año, certamen, lugar, obra, premio. Por este orden y todo rigurosamente apuntado con una antigua máquina de escribir, Manuel Terrín Benavides (Montoro, Córdoba, 1931) toma nota de los certámenes literarios que ha ganado. Asegura que son 1.769 hasta hoy, aunque en el momento en que se publique este artículo puede que sean más.

El propio Terrín dice que un periódico de Los Ángeles le definió como el escritor que más premios literarios ha ganado en el mundo. "No me interesa aparecer en el Guinness de los Récords al lado del que más chorizo come", contesta el poeta, de 80 años, sentado entre medallas, placas y estatuas en el salón de su piso de Albacete.

Llegó a esta ciudad de joven para trabajar de técnico en el Ejército del Aire. A los 20 años no pensaba en la poesía ni mucho menos, por eso estudió electrónica aeronáutica. Terrín descubrió su segundo amor más tarde. Con 32 años acabó el Bachillerato de letras, pero tuvo que pasar otra década antes de que empezara a participar en certámenes. Corría el año 1969. Fue un amigo el que le animó a concursar y, cuando recibió su primer premio, el poeta no daba crédito a lo ocurrido.

El autor no dispone de ordenador y para estar al tanto de las convocatorias de los concursos confía en un grupo de amigos

El 2008 fue su año récord: ganó 81 premios

En las paredes del pasillo y del salón de su casa se alternan cuadros bucólicos y diplomas, mientras los muebles cobijan fotos de familia, pequeñas columnas y otros premios en forma de pantera, caballo o ciervo. Un Quijote dorado luce encima de una mesilla de cristal y una placa conmemorativa evita que los libros de una estantería pierdan el equilibrio. En realidad, la mayoría de sus trofeos yace en el archivo municipal de su ciudad natal, donde hasta le han dedicado una calle. "Ya no cabían todos esos premios en casa... Necesitábamos espacio", se excusa la musa inspiradora, su mujer. Joaquina se sienta en otro sofá, con la televisión de fondo, pero no se pierde ni una palabra de su esposo. Se limita a asentir con la cabeza, sin esconder el profundo orgullo que se filtra por sus ojos.

Caballero de otro tiempo

Pese a su abrigo negro y la expresión seria en las fotos, Terrín es un caballero al que le encanta hablar tanto de literatura como de cocina manchega. Con tono tranquilo discurre de las obras de Manrique a Machado, algunos de sus autores favoritos, y confiesa que ninguno de sus dos hijos se dedica a la escritura. Mientras habla, suena el teléfono. Le llaman desde la Universidad de Málaga para anunciarle la transferencia del último premio ganado apenas un día antes. "Hoy invito yo", afirma con una sonrisa de oreja a oreja. Terrín no va a recogerlos todos. Para hacerlo, tendría que desplazarse de un lado a otro del país -y en alguna ocasión, incluso en el extranjero- casi cada semana.

Cuando se le pregunta por la cantidad de dinero que gana anualmente con su arte, el poeta y escritor minimiza. "Claro, no son premios importantes como el Planeta... si le quitas los impuestos [aunque muchos premios estén exentos de retenciones, para la mayoría de las remuneraciones suelen rondar el 19%), los gastos de desplazamiento para las ceremonias de entrega... se trata apenas de una ayuda para la economía familiar". Para demostrarlo, desaparece unos segundos detrás del umbral de la puerta y vuelve con unas hojas amarillentas entre las manos. Es ahí donde apunta en una tabla el resumen de su éxito desde 1971. Durante los primeros años se mantuvo en una modesta media de 12-14 certámenes ganados, pero la década de los ochenta marcó el cambio. Al prejubilarse con 55 años, el poeta pudo dedicarse enteramente a la escritura, y eso se refleja de manera muy clara en las estadísticas. Entre las líneas de la tabla trazada a mano, el total de premios recibidos empieza a superar los 50, hasta llegar a 81 en el año récord, 2008.

Las ganancias también fluctúan. El año pasado acumuló unos 28.000 euros brutos. Sin embargo, los recortes han llegado también a los certámenes de literatura y el escritor afirma que no es posible vivir de eso. "Los premios son mucho más reducidos y a veces incluso no pagan", denuncia, pero declina especificar quien. "Además, ya no costean el viaje y las ceremonias de entrega son mucho más austeras".

Profesión: concursante

¿Dónde encuentra el tiempo para escribir tanto? Terrín admite que siempre ha tenido facilidad con los versos, pero todos los días intenta sentarse, aunque sea un rato, delante de su máquina de escribir ("una pieza de museo", como la define). "No me pongo una plumita en el cuello, ni madrugo para trabajar", destaca. Lo que más le gusta componer son los sonetos sobre su tierra natal y "las cosas de la vida", pero a veces incluso se atreve con relatos. Eso sí, siempre textos breves. "Intenté escribir una novela, pero me aburría como una ostra... Al fin y al cabo, entre componer poemas, buscar los concursos, preparar la documentación, las fotocopias, ir a correos para enviar la inscripción... es como un trabajo de oficina", bromea, pero admite que tiene "más premios que obras". Si un texto no sale ganador de una competición, Terrín suele enviarlo a otros concursos. A veces esta estrategia le ha causado problemas. "En alguna ocasión me han acusado de autoplagio. El jurado puede fallar con retraso y ha ocurrido que he enviado un poema a un certamen sin saber que ya había ganado otro con el mismo texto", explica.

El autor cuenta con 24 libros de poesía y seis de prosa publicados. Sin embargo, dice que no tiene ni idea de cuántas copias se han vendido. Y la emoción de ganar un nuevo concurso tras haber triunfado en más de 1.000 certámenes ("¡1.769!", corrige) ya no es la misma que al principio, aunque siempre es "una gran alegría". En ocasiones, incluso ha repetido victorias.

Terrín no tiene ni ordenador y para estar al tanto de las convocatorias de los concursos confía en un grupo de amigos aficionados a la literatura. Cada sábado desde hace más de 25 años los 15 miembros de la asociación cultural Alcandora se reúnen en Albacete para intercambiar opiniones y noticias de competiciones, a pesar de no contar con subvenciones públicas para organizar actividades relacionadas con la escritura.

No todo es tan fácil como ganar premios en la vida del poeta cordobés. La Asociación Damnificados por Terrín (ADT), un grupo de escritores anónimos que se dedica a criticarle en foros literarios en Internet, se encarga de complicarlo. Denuncian supuestas irregularidades en los fallos de los jurados e incluso le desean la muerte para poder obtener algún que otro premio. A los que le acusan de ser cazapremios el escritor contesta orgulloso: "Sí, lo soy. ¿Y qué hay de malo?".

Los concursantes compulsivos

A Ana C. Gómez, redactora de contenidos de la web Premios Literarios, no le gusta nada la palabra cazapremios. "Existen escritores que participan de forma habitual en concursos literarios, a veces de forma profesional, como único medio de vida, al igual que concursan con sus obras los arquitectos o los diseñadores y nadie les llama así", sostiene. Vivir del certamen, asegura, es posible: "Conozco a más gente que a partir de una determinada edad -de jóvenes es más raro- vive exclusivamente de los premios, y que además lo hace de forma siempre limpia".

Para ella, solo pueden definirse cazapremios los que recurren a la trampa. "Hay autores que participan con obras ya premiadas en otros concursos o prácticamente iguales -algo que las bases normalmente prohiben- a las que simplemente les cambian un par de versos o escriben con distintas palabras una idea de otro, etc", explica. De todas formas, es cada vez más fácil descubrir el plagio, gracias a Internet.

Las nuevas tecnologías han facilitado mucho la vida de los concursantes. "Enterarse de las bases no es hoy día difícil, gracias a Internet", afirma Gómez. "Y luego es cuestión de llevar un cuadro claro donde apuntar cada premio, la obra enviada, con qué seudónimo, fecha de fin de plazo, fecha de fallo y algunos detalles más, como quién ha ganado cada año para así ver qué tipo de cosas se premian en un concurso determinado y adaptarse a ellas. Sobre esta tabla van tachando, coloreando y eliminando cada cual a su manera".

La redactora conoce muy bien el nombre de Manuel Terrín: "Escribe bien, según los entendidos. Poco arriesgado o innovador, pero bien". Sería imposible no hacerlo, puesto que el poeta cordobés a menudo se convierte en protagonista de las discusiones del foro de la página web, casi siempre como diana de criticas.

En otro foro literario el escritor Luís Vea García comenta: "Yo he sido uno de los que le he sufrido. Y lo digo con la sonrisa en los labios porque en muchas ocasiones en las que he quedado segundo o tercero, él ha sido el vencedor. Aunque también he tenido el gusto de ganar y luego ver cómo su nombre era pronunciado como uno de los participantes, lo cual ha añadido mérito a mi premio".

Vea llegó a ganar un centenar de premios entre 1999 y 2003. Más que vivir del certamen, cree que se puede "sobrevivir" de ello, aunque no sea fácil. "Dejé de presentarme en concursos cuando cuando me di cuenta de que el premio ya no era un medio para darme a conocer, sino se había convertido en el fin de mi escritura", admite el autor.

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