Diego Puerta, un vendaval de valor y torería

El diestro fallece con 70 años por un fallo multiorgánico.- Compartió plaza en los sesenta con Dominguín, Ordóñez y Romero

ANTONIO LORCA Sevilla 30 NOV 2011 - 13:20 CET

Un auténtico vendaval azotaba Sevilla la tarde del 26 de abril de 1968, viernes de feria; la plaza de la Maestranza lucía el cartel de 'no hay billetes' porque sobre el albero había una terna de auténtico lujo: Antonio Ordóñez, Diego Puerta y Curro Romero, con toros del Marqués de Domecq. En presencia de los Príncipes de España, que se asomaban por vez primera al palco real, Diego Puerta cortó las dos orejas y el rabo al tercero de la tarde, Gallineto de nombre, y cinceló su nombre con letras de oro en la historia del toreo.

Ese torero, que había cumplido 70 años el pasado 28 de mayo, ha fallecido hoy en Sevilla, su ciudad natal, en su domicilio de la Urbanización Las Canteras por un fallo multiorgánico a consecuencia de la diabetes que padecía, que le había producido una grave insuficiencia cardiaca y renal. Por la tarde, sus restos han sido trasladados al Ayuntamiento, donde quedó instalada la capilla ardiente hasta que mañana se proceda a su entierro en el cementerio de San Fernando.

Ha muerto uno de los referentes del toreo del siglo XX. Se ha ido un depositario del valor, de la entrega, la gracia y la torería. Ha desaparecido una grandísima figura del toreo que, en 16 años de alternativa, triunfó en todas las ferias, estuvo a la altura de los mejores y se ganó el reconocimiento general gracias a un valor heroico que adornaba con un toreo pleno de gracia y ambición

Quizá, Diego Puerta no ha gozado del reconocimiento posterior que merecía; se retiró de los ruedos siendo aún muy joven, a los 33 años, y cuando disfrutaba de la gloria taurina. Aún se recuerda en Sevilla aquel 12 de octubre de 1974, cuando Puerta se despidió en un mano a mano con su compadre Paco Camino.

Se fue y no volvió. Se encerró en el campo, se hizo ganadero de fama y agricultor, y descansó su cuerpo de las 58 cornadas que lo recorrían de los pies a la cabeza, que venían a ser como el certificado de calidad del gran torero que residía en sus carnes.

Diego Puerta Diánez había nacido en 1941, en el sevillano barrio del Cerro del Águila, muy cerca del matadero, donde aprendió las primeras lecciones toreras; tras una exitosa campaña como novillero, tomó la alternativa en la Maestranza el 28 de septiembre de 1958, apadrinado por Luis Miguel Dominguín y con Gregorio Sánchez como testigo. Y ahí inició una carrera plagada de obstáculos, con las corridas duras como primer plato, las graves cornadas, después, y con el arrojo, la entereza y la torería como armas principales para alzarse con el triunfo entre tantas dificultades.

No fue contratado en Sevilla en 1959, lo que le supuso un grave contratiempo. Y ese mismo año, en Bilbao, un toro le partió el hígado y salvó su vida de milagro. Y llegó a la siguiente feria de abril dispuesto a comerse el mundo. El menú era de Miura, y el toro se llamó Escobero, quinto de la tarde, de 593 kilos de peso, al que Puerta le cortó una oreja en una de esas tardes eternas por el valor misterioso que derrochó el torero, quien no se arredró tras dos espeluznantes cogidas, y al que obligaron a visitar la enfermería con el cuerpo dolorido y magullado. Al día siguiente, no repuesto aún de la tremenda paliza, volvió a hacer el paseíllo para cortar tres orejas y salir de la feria convertido en una reconocida figura de la época. Poco después, se compró su primera finca, a la que bautizó con el nombre de Escobero, para no olvidar a aquel fiero miura que tanto le hizo pasar y que lo encumbró a la gloria.

Fue la vida torera de Diego Puerta un vendaval de afición, que apostaba la vida cada tarde, sin miedo nunca a perderla; un torero a carta cabal, con el cuerpo cosido a cornadas, y con satisfacción siempre de no haber perdido nunca la pelea.

Tres días antes de su despedida sevillana, un toro le partió los testículos en Zaragoza. En contra de la opinión de los médicos y su familia hizo el paseíllo y se retiró el loor de multitud.Mañana recibe sepultura, pero quedará para siempre su pundonor y su enorme valentía. Honor y gloria a los héroes.

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El torero Diego Puerta. / EFE

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