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"Los escritores vascos no son libres, están subvencionados"

Fernando Aramburu gana el premio Tusquets de novela 2011 con una obra que analiza el peaje que la sociedad de Euskadi ha pagado por su relación con ETA

El escritor Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) ganó el martes la séptima edición del Premio Tusquets por su novela Años lentos, en la que, a través de las experiencias de un niño, recrea el nacimiento del grupo terrorista ETA. El fallo del premio, dotado con 20.000 euros, se hizo público en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México).

El jurado del premio, formado por Juan Marsé, Almudena Grandes, Juan Gabriel Vásquez, Rafael Reig (ganador en 2010) y Beatriz de Moura, valoró "la narración dickensiana de una infancia en los años 60 en el País Vasco", y el que Aramburu ofrezca una brillante reflexión en la que el recuerdo personal y la memoria colectiva se unen en un turbio trasfondo de complicidades con la violencia etarra. Años lentos se editará simultáneamente en México, Argentina y España en febrero de 2012. El escritor, que reside en Alemania desde 1985, anticipa que la novela podría ser la primera pieza de una serie sobre el País Vasco.

En conversación con EL PAÍS, Aramburu no tiene pelos en la lengua en señalar esas complicidades, empezando por la Iglesia católica, y en criticar el silencio de tantos escritores vascos sobre la violencia de ETA: "Están subvencionados, no son libres",

Pregunta. Nació en 1959 el mismo año que ETA. En Años lentos habla del papel de los curas de barrio en el origen de todo aquello.

Respuesta. Desde pequeño me he confrontado con el fenómeno de ETA. Los curas de barrio de los que hablo, trasunto de otros que he conocido, aprovechaban su poder sobre las conciencias de los vecinos para introducir ciertas semillas políticas que germinaban en determinados chavales. Había una selección previa. Yo, por ejemplo, no cumplía los requisitos. Empecé a aprender a tocar el txistu pero el cura me retiró del grupo de forma sibilina sugiriendo a mis padres que aprendiese a tocar el tamboril, lo cual era un descenso de categoría. Los que sabían euskera podían aprender a tocar la guitarra.

P. ¿La Iglesia es responsable de lo que vino después?

R. La responsabilidad de la Iglesia es grande. Hay una tarea de esclarecimiento y de explicación por hacer. La Iglesia tiene una pregunta pendiente que aún no ha respondido, la de su implicación en la ideologización de unos jóvenes que acabarían empuñando las armas.

P. ¿Cómo eran los sicarios, como se dice aquí en México, de ETA?

R. Había dos tipos diferenciados. El primero es el independentista de casa, al que su familia alienta el odio hacia lo español desde pequeño y está imbuido de la idea de que el pueblo vasco es una víctima. Pero hay otro tipo de sicario que es el inmigrante o hijo de inmigrante que trata de integrarse mediante la militancia. Hay muchos de estos: basta con ver la nómina de ETA.

P. La novela transcurre en la San Sebastián de los años 60. ¿Cómo era la ciudad entonces?

R. En aquellos años quienes vivíamos en San Sebastián teníamos la ventaja de que en media hora estabas al otro lado de la frontera y podías comprar libros, prensa o música prohibida en España. Era una ciudad con orgullo cosmopolita que mantuvo el festival de cine, inauguró el de jazz... Tenía el deseo de ocupar un lugar en el planeta. Luego esto se perdió, sobre todo en la década 1977-1987, y el nacionalismo tuvo una responsabilidad en esa pérdida.

P. Al recibir el premio ha dicho que los escritores vascos nos son libres. ¿Por qué?

R. No lo son porque están subvencionados, forman parte de la campaña de promoción del idioma. En el País vasco se mantiene la ficción de que existen lectores en euskera y por tanto es necesario el apoyo oficial. La subvención tiene un doble peligro: te permite ser escritor pero sabes que si te sales del camino te pierdes parte del pastel. A Bernardo Atxaga le tengo un gran afecto, es una excelente persona, pero ha tocado el tema de ETA de manera metafórica, sin nombrar lo evidente: el sufrimiento y la sangre. No es un hombre libre y trata de complacer a unos y a otros.

P. Años lentos coincide con el final de lucha armada anunciado por ETA.

R. ETA es una organización creada para ejercer la violencia. Esa violencia perdura aunque no actúe. Ahora se nos pide que tengamos confianza en personas que han matado a 800 seres humanos, y yo me niego. ETA no se disuelve porque es su única carta para presionar por la liberación de los reclusos. Disolución a cambio de presos es la clave del final.

P. ¿Cree necesario una especie de proceso de desnazificación en el País Vasco?

R. Sería útil, pero difícil porque primero hay que derrotar a ETA y eso aún no ha ocurrido. Ahora parece que la izquierda abertxale quiere participar en el juego democrático, lo que es un paso en esa desnazificación.