Reportaje:

Cattelan flota en el Guggenheim

El museo neoyorquino expone una retrospectiva del polémico artista

BARBARA CELIS Nueva York 4 NOV 2011 - 21:22 CET

Una retrospectiva poco ortodoxa para un artista polémico, tan admirado como denostado y en última instancia, inclasificable excepto para el mercado del arte, donde cotiza muy bien. Maurizio Cattelan: All (Todo), la muestra que se ha inaugurado hoy en el museo Guggenheim de Nueva York, es uno de esos eventos a caballo entre el arte y el espectáculo que caracterizan la puesta en escena de esta institución. En este caso, el hueco de la célebre rotonda del edificio concebido por Frank Lloyd Wright se ha convertido en el contenedor de toda la obra de Cattelan, que si habitualmente impacta en función del contexto en el que se presenta, aquí conmociona visualmente al mostrarse en su integridad suspendida en el aire.

La rampa que habitualmente sirve como espacio expositivo está vacía y las 130 obras incluidas en esta muestra, (la práctica totalidad de los 22 años de vida artística de este italiano nacido en 1960) cuelgan a diferentes alturas de un complejo entramado de cuerdas y tramoyas. Se crea así un entretenido puzzle en el que los fans del artista reconocerán y sonreirán al redescubrir sus obras más célebres, mientras que los no convertidos tendrán más dificultades para encontrarle un sentido más allá del puro impacto visual. Quizás la mejor prueba de esta extraña dicotomía es que antes de presentar la exposición ante la prensa, la comisaria Nancy Spector dio una breve charla con diapositivas en la que explicó el sentido de la obra de Cattelan y se paró a explicar con detalle académico el significado con el que el artista concibió algunas de sus piezas, algo a lo que sin embargo no tendrán acceso quienes acudan a ver la muestra (a menos que se compren la aplicación para el iPhone con la explicación de cada obra a 4 dólares o el catálogo, a 45).

Pero según contó Spector, el propio artista fue quien se negó a escribir los títulos de las obras y sus explicaciones en la muestra, de forma que éstas pudieran adquirir en el Guggenheim un significado nuevo, alejado de jerarquías y con el aire igualitario "de los chorizos que cuelgan en la carnicería" en palabras de Cattelan. Pero es difícil que obras concebidas con una dimensión política como L.O.V.E, -una mano gigante con el dedo anular levantado y colocada frente a la bolsa de Milán en 2010- adquiera, suspendido en el Guggenheim, la fuerza de esa escultura. O que la reproducción en cera de Hitler titulada Him tenga el mismo efecto emocional aquí que cuando se mostraba en una gran sala vacía y oscura en la que se entraba por detrás y uno creía ver a un niño rezando arrodillado para después descubrir el rostro del dictador. Y el sentido de obras como Stadium, para la que creó un equipo de fútbol de italianos de raza negra como forma de atacar el racismo en su país, se pierden aquí por completo.

Lo que parece innegable es que la exposición tiene mucho de espectáculo puesto que a medida que uno avanza por la rampa va descubriendo piezas que no es posible ver desde todos los ángulos y que aparecen por sorpresa como si fueran nuevos actores sobre un escenario. Algunas de ellas, como los perros disecados que duermen sobre sillas o las diferentes camillas con muertos que penden a diferentes niveles de esta gran menestra artística son, cuando menos, inquietantes. Frank y Jaime, dos policías colgados boca abajo que Cattelan creó para criticar el Nueva York post 11-S aquí resultan algo más cómicos que en la instalación original frente a una pared, mientras que la ardilla que se suicida en Bidibidobidiboo no pierde fuerza.

Cuatro claves

Irreverencia, cultura como espectáculo, preocupación social y dimensión política han sido cuatro de las claves que han marcado la producción de este artista en cuya obra también hay visos claros de influencias publicitarias y que coincidiendo con esta exposición vuelve a dar un giro de tuerca anunciando además que se retira del mundo del arte. "No sabemos muy bien lo que eso significa en palabras de Cattelan" comentaba Spector durante la presentación. De momento lo único que se sabe es que este artista, cuya ironía duchampiana le llevó hace años a convocar un premio entre artistas que consistía en que un creador renunciara a exponer durante un año a cambio de 100.000 dólares, (no convenció a ninguno y se gastó el dinero él mismo en mudarse a Nueva York) seguirá trabajando en la revista Toilet Paper, su vehículo de expresión desde hace ya un año. Su futuro parece flotar en el aire, como lo hace ahora su obra.

Otras noticias

FOTOGALERIA: Instalación

Maurizio Cattelan: All, Solomon R. Guggenheim Museum, November 4, 2011 - January 22, 2012 / Photo: David Heald © Solomon R. Guggenheim Foundation

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