Viola Davis: "Aspiro a posiciones como las de Glenn Close o Meryl Streep"

La actriz estadounidense, nominada al Oscar por 'La duda', presenta 'Criadas y señoras' un filme en el que interpreta a una sirviente callada, testigo silencioso de injusticias brutales

GREGORIO BELINCHÓN Madrid 28 OCT 2011 - 09:35 CET

En el último segundo, cuando muchas miradas se posaban en ella y alguno esperaba verla levantarse de su silla, Viola Davis (Saint Matthews, Carolina del Sur, 1965) no subió al escenario del teatro Kodak a recoger el Oscar por su trabajo en La duda. La estatuilla a la mejor actriz secundaria de 2009 fue para Penélope Cruz, así que esta actriz, curtida en años y años de teatro, que ahora ha logrado cierto estatus en el cine -tal vez, como ella misma, reconoce "tarde para lo que es habitual, pero en el momento adecuado para mis deseos"- se quedó sin el reconocimiento merecido.

En La duda, su madre abnegada, su personaje de mujer que quiere que su hijo salga adelante a cualquier precio, y cualquier es cualquier, arrasaba los lacrimales del público. Ahora llega Criadas y señoras, el bombazo de la temporada en EE UU, el filme que costando menos de 20 millones de euros lleva ya recaudados unos 160. Una mirada al racismo en los años sesenta en el sur estadounidense, que por su tono ligero parece perfecta para la taquilla. Y Davis vuelve a entrar en la carrera de los Oscar, con su papel de criada callada, testigo silencioso de injusticias brutales.

Carrera que, por otro lado, a Davis no parece preocuparle. "Pienso mucho más en el reto de hacer un personaje complejo. Y este lo es, porque es tan callada, que en el libro original casi toda su acción se cuenta desde su interior, no desde los diálogos. Es duro telegrafiar la historia desde sus ojos, y a mí me apetecía abordar algo así. El resto, los premios, vienen sobrevenidos". Davis ha pasado muchos años haciendo tele mala y teatro bueno como para que ahora caiga en la trampa de ansiar un premio. "La duda cambió mi carrera. Es innegable. Y me obliga y me permite no volver a aceptar papeles que tuve que hacer hace años. Pero me gustaría ir más allá. Me gustaría interpretar personajes que normalmente no se ofrecen a una mujer afroamericana. Me encantaría encarnar a una mujer que no encajara en el molde que hay en Hollywood para mujeres como yo. Quiero hacer algo con carácter fuerte o sexy. Y por eso debo empezar a producir, a controlar el material. Aspiro a posiciones como las de Glenn Close o Meryl Streep: he estado décadas en el teatro, estoy doctorada allí, creo que tengo las herramientas necesarias, técnicamente hablando. He disfrutado de todo tipo de retos en el escenario, y en los dos últimos años se me ha abierto la horquilla de las posibilidades cinematográficas". Davis no lo cuenta, pero creció en la más absoluta de las pobrezas y solo una beca logró que estudiara y se licenciara en la prestigiosa Escuela Juilliard, antes de ganar un Tony y triunfar en los teatros de Broadway y Los Ángeles.

La actriz habla pausada y contundentemente. Mientras que su compañera de reparto Emma Stone, sentada a un puñado de metros, es más de jijijajá, Davis tiene el poso de la veteranía. Sus bíceps, marcados, se contraen -tal vez de manera inconsciente- cuando sus respuestas entran en profundidades morales o ideológicas. Y el gesto lo acompaña con una sonrisa contradictoria. Con cuestiones más banales, como hablar de Steven Soderbergh, con quien ha trabajado en tres ocasiones, no hay mucho relajo: le ha debido de costar mucho llegar al aquí y al ahora. "Soderbergh es muy interesante porque es muy minimalista. Usa muy pocas palabras, pero son muy precisas: deja claro lo que quiere. Él ya sabe cómo eres porque para eso te ha contratado, así que te deja volar un poco a tu aire. Es tan calmado que a veces te saca de quicio. Le preguntas cómo hacer algo y a veces te responde con un solo gesto. Te llega a parecer un tipo disfuncional [risas]".

En Estados Unidos Criadas y señoras ha tenido un éxito brutal, tal vez por su ligereza, una característica que puede jugar en su contra en Europa. "En Estados Unidos también estamos acostumbrados a la violencia. Ahora todo se estrena en 3D y con efectos digitales creados por ordenados [los famosos CGI]. En mi país, el triunfo de Criadas y señoras deviene del poder de la historia, de la fuerza que emanan estos personajes sencillos, que tienen un coraje extraordinario para cambiar su comunidad. Y es interesante porque hoy en día vemos ejemplos de cómo estos parias, esta gente de la calle, se está levantando para exigir sus derechos: ahí tienes la primavera árabe. La democracia se está abriendo a todo el mundo porque hay gente que no acepta las condiciones creadas por unos tiranos y creo que en eso se parecen a los personajes principales de la película".

El racismo en Hollywood

Ahora Davis seguirá con lo suyo: "Una actriz basa su labor en observar la vida, lo que es un problema porque si estás observándola quiere decir que no estás en ella [risas]. De esos detalles que pillas de seres humanos construyes los personajes. Y luchando contra cosas que deberían no existir. ¿Un ejemplo? El racismo en Hollywood. ¿Cuántos personajes negros ves en las películas? Es nuestra responsabilidad, la de la comunidad afroamericana, cambiar la situación. No sirve quejarse, sirve trabajar para el cambio. Debemos luchar, alcanzar niveles como Close, Streep o Steven Spielberg. Quiero ser E.T., quiero ser la teniente Ripley y luchar contra el alien, quiero hacer todos esos personajes porque esa debe ser mi ambición artística".

Es el momento de preguntar por Obama. "A mí no me ha decepcionado, como puedan decir otros. Si un estadounidense te dice que el presidente Obama le ha decepcionado es que no tiene ni puta idea de cómo funciona el sistema de poder en EE UU. Obama está luchando por cambiar todo ese mundo político y económico, enfrentándose con obstáculos inmensos. El 97% de los miembros del Congreso son blancos ricos que no entienden lo que ocurre en la calle. Creo que ellos sí son decepcionantes".

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La actriz Viola Davis, protagonista de 'Criadas y señoras'. / SAMUEL SÁNCHEZ

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