El baile desconocido de Pola Negri

La filmoteca de Madrid proyecta 'Mania', una película desaparecida de 1918 y recuperada ahora por la Cinemateca Nacional de Polonia

ELSA FERNÁNDEZ- SANTOS Madrid 30 SEP 2011 - 12:11 CET

Barbara Apolonia Chaluoiec, más conocida como Pola Negri, fue una de esas inigualables divas del cine mudo. La actriz falleció en 1987 pero anoche, en la Filmoteca de Madrid, se proyectó en una sesión especial con música en vivo un filme suyo desaparecido, Mania, de 1918. La historia del drama amoroso de una empleada de una fábrica de tabaco que dirigió Eugen Illés se daba por perdida desde hace años pero ha sido rescatada y restaurada por la Filmoteca Narodowa (Cinemateca Nacional de Polonia) y ahora viaja por Europa en sesiones especiales con la orquesta Leopoldinum de Wroclaw como brillante ejemplo de un patrimonio que no debe perderse en el olvido.

La película (que fue rodada en Berlín) cuenta la historia de amor de Mania con un joven compositor, Hans. Ella baila y ama su música y a ella, a su vez, la ama un mecenas del arte, que tienta a la bella joven con un futuro como amante de lujo y con una salida para el sueño artístico de su amado. El sacrifico, sobra decirlo, está servido. Mania fue rescatada en 2006 por la filmoteca polaca, un coleccionista checo guardaba una copia y la institución la compró y digitalizó.

Pola Negri apenas tenía 20 años cuando rodó la película, le quedaba por delante una de las carreras más famosas del cine mudo. Cuando Max Reinhardt la invitó a viajar a Berlín para trabajar con su equipo su futuro de estrella quedó marcado. El siguiente, ya en Alemania, fue Ernst Lubitsch, quien moldeó a la actriz y le dio el pasaporte definitivo a la gloria. De esa época datan su Carmen y su Madame du Barry.

En 1923 viaja a Hollywood. Sus romances con dos de los hombres más influyentes de la época, el débil Rodolfo Valentino y el coleccionista de ninfas Charles Chaplin, le dieron una aureola de femme fatal. Finalmente, se casó con un príncipe georgiano. Es en ese momento cuando el estrellato de Negri llega a su punto más álgido, puede interpretar con igual gracia a una pobre bailarina o a una aristócrata, su exotismo físico le permite todo. Son imborrables las imágenes que se conservan de ella en el funeral de Valentino, "consiguió robar el show a todos, llegando en volandas, desde Hollywood, disfraza con sus malas elegantes tocas de viuda. Deshaciéndose en lágrimas, se desmayó ante el atúd...", recuerda Kenneth Anger en su fundamental Hollywood Babilonia.

Como pasó con tantos, el cine sonoro acabó con la estrella de la actriz. La expresividad de los intérpretes mudos chocaba de frente con las nuevas tecnologías. Volvió a Europa, pero en el viejo continente se cocinaba algo mucho peor que el cine sonoro: el nazismo. En vísperas del estallido de la 2º Guerra Mundial, regresó a EE UU.

Billy Wilder pensó en ella antes que en Gloria Swanson para una de las cumbres de la historia del cine, Sunset boulevard, pero la polaca se tomó aquello como un insultó y no accedió a interpretar la gran obra maestra sobre el ocaso de aquellas divas del cine mudo que hoy, aunque sea con cuentagotas, las filmotecas rescatan..

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