59ª edición del festival de cine de San Sebastián

Kore-eda y su 'Kiseki' revolucionan Donostia

La mañana la completa la estupenda 'Le skylab', de Julie Delpy

GREGORIO BELINCHÓN San Sebastián 20 SEP 2011 - 17:01 CET

Mañana de gloria en la sección oficial del festival de cine de San Sebastián. Segunda película con fuerza para ganar la Concha de Oro, Kiseki (Milagro), del maestro japonés Hirokazu Kore-eda, otra obra grande en el concurso tras No habrá paz para los malvados, de Enrique Urbizu. Kore-eda aparece en Donostia por cuarta vez; la última salió sin premio a pesar la grandeza de su Still walking. ¿Volverá a pasarle?

Al japonés, autor de Nadie sabe, no parece importarle mucho. Él sigue a lo suyo, a rodar como pocos la infancia, a contar con niños más inteligentes que los adultos cómo es tener sueños y luchar por ellos. En rueda de prensa ha confesado: "De pequeño siempre estaba preocupado. Era más adulto que un adulto normal". En el corazón de su película un grupo de niños capitaneados por dos hermanos separados (uno vive con su padre, otro con su madre) busca cumplir sus sueños, que se haga un milagro. "En nuestra vida cotidiana hay cosas importantes que a veces olvidamos, que obviamos y no nos damos cuenta de su importancia. En marzo, el terremoto y el tsunami en Japón hicieron que mucha gente perdiera estas cosas. Deseo recuperar todo lo que perdimos en marzo", añade el autor, poniéndose en paralelo a los niños. "En principio pensé que era un título demasiado directo, pero luego me gusta que el público, al ver que ninguno de los deseos imposibles se cumplen, busque pequeños milagros en la película". Preguntado sobre a quién dirige su trabajo, el japonés reflexionó: "Esta película la hice para que la disfruten los adultos, pero también es cierto que suelo hacer mis largometrajes pensando en una persona concreta. Still walking estaba dirigida a mi madre, y Milagro es para mi hija, que tiene cuatro años, para que la vea más adelante".

En 'Milagro' un grupo de niños capitaneados por dos hermanos separados busca cumplir sus sueños

Rodar con niños

El talento para rodar niños, para incluirnos en la infancia japonesa, de Kore-eda es excepcional: "En realidad yo llevo un guion base y según voy escogiendo a los niños intérpretes cambio los personajes, su carácter y sus frases. Aquí eran un niño y una niña, y cuando encontré a Koki Maeda y Oshiro Maeda, los dos hermanos actores, supe que los protagonistas serían ambos chicos".

El otro título de la mañana también ha dejado buen sabor de boca. Le Skylab es la cuarta película como directora de Julie Delpy (ya ha rodado la quinta), y escarba con humor y ligereza en una macrorreunión familiar en Bretaña en el verano de 1979, cuando el Skylab [estación espacial estadounidense] estaba a punto de caer sobre la Tierra. "Para mí la familia es importantísima pero no sé por qué, no soy capaz de explicarlo", dice la directora, que se guardó un papel para ella y así poder homenajear a su madre, fallecida hace dos años.

"Espero que la gente no piense tanto en que me he inspirado en mi familia, sino que busque sus propias referencias. Por eso la cámara se mete dentro de las comidas y del barullo, quería que no hubiera barreras entre la pantalla y el público. Para mí el cine es intentar que las personas olviden la realidad exterior". Pero era obligatorio preguntar por sus padres: "Eran ultraliberales y anarquistas. Me educaron como un animal salvaje, quiero decir de forma libre, con libertad para pensar y libertad artística". Por supuesto, Delpy sabe que no todas las familias son perfectas. Tampoco la de la película: "La familia no me gusta nada, a veces la odio, pero también me encanta que esté reunida. Es tan importante, en cierto sentido". Sin embargo, logra su objetivo inicial: "No quería sonar a nostálgica, yo no lo soy, sino, sencillamente, que Le Skylab fuera alegre, divertida".

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Los niños actores Oshiro Maeda (centro) y su hermano Koki, con el director de Milagro, Hirokazu Kore-eda, hoy en San Sebastián. / VINCENT WEST (REUTERS

El crítico de cine Carlos Boyero nos habla desde el festival de San Sebastián de la nueva película de la francesa Julie Delpy / GREGORIO BELINCHÓN

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