Entrevista:

Cayetano: "El toreo se ha estancado y no llega a los jóvenes"

El matador reaparece en la corrida goyesca de Ronda tras una lesión sufrida en julio

ROSA JIMÉNEZ CANO Madrid 2 SEP 2011 - 11:55 CET

Cayetano Rivera en su casa de Madrid | Ampliar foto / SANTI BURGOS

Su imagen aparece en todos los aeropuertos. No sale toreando pero sí como matador para promocionar un perfume de lujo. Cayetano Rivera Ordóñez (Madrid, 1977) es el último exponente de las dinastías Ordóñez, Dominguín y Rivera, las dos casas de toreros más importantes del siglo XX y de los pocos espadas del momento cuya fama trasciende los ruedos. Decidió hacerse matador de toros algo más tarde de lo normal, entrado en la veintena. Ahí comenzó su historia de superación personal: frente al toro, el público más exigente y los percances que jalonan su trayectoria. El torero, que ha recibido a EL PAÍS en su residencia madrileña, analiza su trayectoria y el momento actual que vive la fiesta mientras ultima su reaparición en mañana Ronda, la plaza símbolo de su familia.

Pregunta: El 14 de julio sufrió una fractura en su mano derecha, desde entonces, no ha toreado en público, ¿cómo está siendo la rehabilitación y preparación?

Respuesta: La concentración ha sido clave en las últimas dos semanas. Solo he podido prepararme estas dos últimas.

P.: Casi todas las temporadas sufre algún percance grave que le aparta de los ruedos. ¿Por qué cree que esto sucede y cómo lo afronta?

R.: Principalmente pasa porque es una profesión de riesgo. Es un poco desesperante a veces, pero es la profesión que he elegido. Intento asimilarlo, pensar sobre ello y superarlo para volver cuanto antes a los ruedos.

P.: ¿Cómo va a ser lo que resta de temporada?

R.: Después de Ronda tengo cerrado el mes de septiembre. Quizá haga una excepción y toree en octubre.

P.: Este año su hermano Francisco no estará en el cartel...

R.: Me gusta torear con mi hermano pero pocas veces porque paso muchos nervios y bastante tengo con los míos, pero ahí sí es especial. De niños jugábamos ahí a hacer el paseíllo, vernos ahora en serio, me emociona. Es la única tarde en que de verdad disfruto con él. Entiendo que como empresario abra el cartel a más figuras. Antes de irme volveremos a torear.

P.: ¿Qué piensa de que se anuncie en los carteles como 'Paquirri'?

R.: A mí me parece muy bien. Le hace ilusión, es su padre y tiene todo el derecho del mundo. Lo hace con mucho orgullo. Si él se siente tan 'Paquirri', yo feliz.

P.: El planteamiento de temporada ideal, ¿cómo sería?

R.: Depende del momento en que me encuentre y de que ayuden los toros. Lo ideal sería ir a plazas que me motiven, que me sienta a gusto, que pueda disfrutar, se llame como se llame. Ronda es la más especial, claro. Estoy haciendo un esfuerzo por llegar en las mejores condiciones. Es mi cita más importante del año. Ronda es todo.

P.: ¿Habrá alguna sorpresa?

R.: El vestido, por ejemplo, que está inspirado en unas ideas de Cayetana, solo por eso ya es especial para mí. Está basado en un corte muy clásico, muy de la época de Goya. Es diferente. A mí me gusta. Los trajes goyescos solo me los pongo una vez y pasan al armario.

P.: ¿Qué ganadería prefiere?

R.: Tengo más experiencia con el encaste Domecq. Creo que es el que más se acerca al toro ideal para mi toreo. Es el que me deja estar más a gusto. En concreto, Zalduendo es una ganadería protagonista de mis días importantes: debut, alternativa, presentación en Bilbao, en Sevilla, el toro del indulto en León...

P.: ¿Qué piensa de la dicotomía entre ganadería comercial y ganadería dura?

R.: No me fijo en ello. Comercial o dura me da igual. Voy a la ganadería que me inspira más confianza y posibilidades de triunfo. Voy a la plaza a disfrutar, a emocionarme y a intentar emocionar a la gente. De acuerdo en que cada tarde para mi es un examen, pero no una lucha. Tienen mucho mérito los toreros que lidian esas ganaderías consideradas duras, muchísimo, pero no van con mi tipo de toreo. De acuerdo en que salen toros bravos en cualquier sitio pero los toreros muchas veces nos basamos en experiencias anteriores para escoger.

P.: ¿Dónde se ve dentro de 10 años?

R.: En mi casa. Retirado. Haciendo otra cosa, la verdad. El hecho de haber empezado más tarde creo que me limita la duración de la carrera por el desgaste físico y mental.

P.: Llama la atención que en las tardes en que aparentemente tiene todo en contra saque lo mejor de sí. Dos ejemplos: la reaparición de José Tomás en 2007 y la confirmación en Las Ventas. ¿Necesita llegar a una situación extrema para motivarse?

R.: Quizá el hecho de ser una cita importante siempre ayuda a entregarse pero no debo pensar así. Cuanto más importante sea una corrida y el marco más relevante más lo vives, con más intensidad. Me influye, me pone nervioso, pero me ayuda a concentrarme. Los días así me gustan. También he tenido suerte.

P.: De la época de su abuelo Antonio Ordóñez a ahora, ¿ha cambiado mucho el toreo?

R.: Ha cambiado mucho el toro y el torero, pero no el toreo en sí. Había más ganaderías que embestían, tenía otro tamaño. Los toreros también eran más variados. Al mismo tiempo creo que ahora también se nos exige más. El nivel de exposición es mayor pero también es necesario.

P.: Una vieja reivindicación, el paso del toreo del Ministerio de Interior a Cultura se ha hecho efectivo este año, ¿en qué afectará a la fiesta?

R.: Hay mucho que matizar todavía, pero pronto se verán cambios. De momento sigue siendo la Policía la que vigila que todo siga su cauce en los espectáculos. Cuando se cree un departamento taurino en el Ministerio de Cultura se verá que es lo mejor para la fiesta, para que tenga un ritmo acorde con los tiempos que corren, pero buscando una mayor protección y difusión. Hay que intentar rebajar los costes de cada tarde y que repercuta en el espectador.

P.: ¿Va a dejar de haber policías en los palcos?

R.: Me da igual si es policía, arquitecto o albañil, lo que tiene que ser una persona aficionada, con conocimiento y con mucha sensibilidad. El toreo no es matemática. Hay faenas en las que la estocada se va un poco caída y se malogra el triunfo. Hace falta que sepan captar lo que el público quiere. Creo que la primera y la segunda oreja deben ser potestad del que paga y no tanto llevar el reglamento a rajatabla.

P.: En este futuro departamento taurino del Ministerio, ¿qué papel tendrá el aficionado?

R.: El aficionado debe estar tranquilo. Todos los toreros, ganaderos, empresarios, apoderados, todos, vamos a mirar por el bien del espectáculo en general. A buscar mejores condiciones para ellos, que son los que dan sentido a todo. Debemos contar con todas sus ideas y apoyo. Hay que escuchar a todo el mundo y trabajar juntos. Todavía no ha tomado forma esta entidad, el paso a Cultura es el primer paso.

P.: Para unos, estamos en el mejor momento de la Historia del Toreo. Para otros, estamos cerca del final. ¿Cuál es su opinión?

R.: Pienso que hay un plantel muy interesante de toreros. Necesitamos ciertos cambios para adaptarnos a los tiempos que corren, pero con cuidado. Por otro lado siempre surge la duda de si se deben hacer cambios en la lidia, quizá por darle ritmo a la corrida, pero manteniendo la tradición y el respeto a nuestra cultura. Estoy dispuesto a escuchar pero hay que estudiarlo muy bien. Tampoco podemos estancarnos. Lo importante es intentar entender la situación.

P.: El 25 septiembre se dará la última corrida de toros en Barcelona, ¿qué sentimientos le produce?

R.: Es una plaza muy especial, la guardaré en el corazón, ojalá algún día se pueda recuperar. Me entristece no haberme despedido de su afición, que se pierda su Historia, su marco. Siempre he defendido que se pueda elegir. Si se dejan de dar toros porque no va la gente a la plaza, de acuerdo, que se acabe. Pero prohibir ni lo entiendo ni lo comparto.

P.: ¿Por qué cree que no va mucha gente a los toros, especialmente jóvenes?

R.: Principalmente, por la crisis. Los jóvenes no van porque no hay facilidades tampoco con los precios, ni con la organización de las ferias. Nos hemos estancado y no llegamos a los jóvenes. Tenemos que involucrarnos y trabajar todos juntos. El mundo del toro nunca ha sabido unirse. Desearía que se usase mejor Internet para llegar a ellos, que es básico en la actualidad.

P.: ¿Qué cambiaría?

R.: Sobre todo la promoción, la forma en que se hace la venta de entradas. En los tiempos que corren no tiene sentido que no se hagan ofertas más atractivas.

P.: A medida que ha ido tomando experiencia, ha abierto el repertorio. ¿De dónde toma las ideas?

R.: Viendo vídeos antiguos. El quite rondeño, por ejemplo, lo saqué de una corrida de mi abuelo en México. A base de repetir y darle una personalidad lo haces tuyo.

P.: Como torero de dinastía, ¿qué ha tratado de tomar de las figuras de la familia?

R.: De mi abuelo, todo. Para mí ha sido el torero más completo. De mi padre, su amor propio, valor y facultades. De Luis Miguel Dominguín, su personalidad, su carácter. De Curro Vázquez, su sentimiento, su temple, su arte... Bueno, es mi maestro, aunque intento beber de muchas fuentes él es el principal, es con quien paso más tiempo, viajo, hablo. Es muy importante en mi vida.

P: ¿Pondrá alguna vez banderillas?

R: No me veo. Quizá algún día haga una excepción. Antes de retirarme un día tengo que ponerlas, pero solo un día.

P.: ¿Qué se plantea como meta antes de irse?

R.: Bueno, todavía tengo ilusión y amor propio para solventar y corregir lo que deba. En este tiempo he aprendido a sacar un mayor rendimiento. Creo que en concentración y profundidad puedo mejorar.

P.: Usted quiso ser torero algo más tarde de lo habitual, con una vida hecha, ¿por qué?

R.: Porque no quería quedarme con la duda de conocer qué se sentía haciendo aquello por lo que toda mi familia se ha jugado la vida. Entiendo más mis raíces. El toreo es único.

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