Cyndi Lauper se moja de verdad

La cantante estadounidense lo dio todo en la última jornada del 46º Heineken Jazzaldia

MANUEL CUÉLLAR San Sebastián 26 JUL 2011 - 11:23 CET

Se había estrenado en el Festival La Mar de Músicas de Cartagena el pasado día 22 y, más o menos, sabíamos lo que se podía esperar de una velada en la gira Memphis Blues de la cantante estadounidense Cyndi Lauper embarcada en la presentación de su nuevo trabajo (o capricho) dedicado por completo al blues.

Pero la plaza de la Trinidad, en la parte vieja de San Sebastián -uno de los escenarios míticos de su festival de jazz- tuvo sobre la cantante nacida en Brooklyn (Nueva York) en 1953 un efecto al menos excitante como la cafeína. O quizás su comportamiento se debiera a la mezcla del escenario y las circunstancias. ¿Qué pensaría Lauper anoche cuando se enfrentó a 2.500 personas que la esperaban aguantando estoicamente bajo una intensa lluvia? La imagen era curiosísima por no calificarla de extravagante: un gentío en las gradas y en la pista de la Trini enfundados todos en ponchos de plástico con capucha que la organización del festival había repartido a la entrada del concierto. Una estampa inquietante, al menos, pues aquel público uniformado parecía o bien una aldea de los pitufos o, mal mirado, una secta de chiflados que se abalanzaría (en plan teleserie de zombis) sobre la cantante si esta no cumplía las expectativas.

Así que, ante semejante panorama, Lauper se puso las pilas y enfundada en su ajustado traje negro de cuero de dos piezas y con un corte de pelo de melena asimétrica de rubio oxigenado comenzó a cantar y bailar Just your fool y Shatered dreams. Entre un tema y otro preguntó en alto a los responsables del escenario dónde había una escalera para poder bajar a la pista. Y dicho y hecho, comenzaron los acordes de She bop y aquella mujer decidió que, ante las inclemencias del tiempo, un artista ha de saber mojarse y si es literalmente, mejor. Se sentó en el primer escalón de una empinada escalerilla en la embocadura del escenario y bajó a la pista, primero a las primeras filas e inmediatamente se dio un paseo que le llevó a recorrer todo el espacio hasta llegar a la grada convirtiéndose en una más bajo la lluvia. Una más, pero sin poncho y con micrófono. Se dejó fotografiar, tocar, se subió a una valla para que todo el mundo pudiera verla y, sobre todo, se mojó. A mitad de concierto, volvió a repetir el numerito, esta vez en una de las gradas laterales de la Trini que tiene una pendiente considerable y unos escalones bastante altos fáciles de subir, pero no tanto de bajar. Sorteó el momento sin partirse la crisma y regresó con la misma hiperactividad al escenario donde interpretó canciones que otros grandes del blues como Etta James o Lowell Fulson habían hecho ya. Hasta se atrevió con una versión de Marvin Gaye.

Estupenda banda

Lo que quedó patente, pese a estar acompañada por una estupenda banda, es que no es tan fácil llevar al directo un disco en el que colaboran como invitados algunos de los más grandes, como B.B. King (guitarra y voz), Allen Toussaint (piano) y Charlie Musselwhite (armónica). En directo se hace más evidente la categoría de capricho de este nuevo disco dedicado al blues. Lauper posee una voz estupenda y muy particular, pero parece que no es la más indicada para el género.

Y queda más claro aun cuando la cantante se deja para el final su traca de grandes éxitos del pop de los ochenta. Su version de Girls just want to have fun de Robert Hazard; su exitazo Time after time y la delicadeza con la que atacó True colors -compuesta por Billy Steinberg y Tom Kelly- contentaron a muchos de los que habían acudido a escuchar, precisamente, aquellas canciones. Pero también hicieron casi olvidar de qué se trataba todo aquello. Del blues de Memphis.

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La cantante estadounidense Cyndi Lauper entre el público durante su actuación en la plaza de la Trinidad de San Sebastián, en el marco del 46º Festival de Jazz de la ciudad donostiarra. / JAVIER ETXEZARRETA (EFE)

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