Borges, un escritor sin fronteras

Escritores y lectores homenajean el inagotable legado del escritor argentino en el 25 aniversario de su muerte

ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS Madrid 10 JUN 2011 - 00:18 CET

Cuando falta menos de una semana para el 25 aniversario de su muerte, se multiplican las evocaciones a la obra y la persona de Jorge Luis Borges. Desde hace tres días, la Casa de América de Madrid concentra cada tarde a un buen número de lectores borgianos dispuestos a saber algo más sobre el escritor argentino, fallecido en 1986 en Ginebra. Bajo el título Milonga de arena, Rosa y laberinto. Borges 25 años después arrancaba con la proyección del documental Los libros y la noche de Tristán Bauer, proseguía con una conversación sobre el autor de El Aleph entre su viuda, María Kodama, el especialista en su obra Marcos Ricardo Barnatán y el crítico Ignacio Echevarría y se cerraba en la noche del jueves con tres conferencias a cargo de los escritores Ricardo Piglia, Alberto Manguel y Luis García Montero que abordaron, respectivamente, las facetas como cuentista, crítico y poeta del escritor argentino. Todos coincidieron en la vigencia permanente de un escritor sin fronteras literarias cuya hegemonía aún invocan escritores de toda condición.

El rostro de Borges, toda una celebridad literaria gracias a la inmensa popularidad que en gran medida cimentó en su genialidad a la hora de manipular a los medios a su antojo, se reproducía en imágenes de archivo proyectadas a la espalda de los ponentes. Chapas con su nombre, una pequeña mesa con libros y jóvenes escritores Patricio Pron tomando nota en segunda fila.

Luis García Montero recordó su visita como joven poeta español de 25 años al ya anciano escritor en su casa de Buenos Aires un mes de julio de 1984. "Ser lector de Borges es una forma de leer y también una forma de ser", señaló Montero, que recordó versos de Mis libros o de Un lector. "Hay escritores que se jactan de los que escriben y otros que se enorgullecen de lo que han leído, Borges pertenecía a estos últimos".

Tanto Alberto Manguel como Ricardo Piglia coincidieron en señalar que el Borges poeta, cuentista y ensayista son lo mismo y no hay fronteras entre uno y otro. "Borró los límites. Se adelantó en la mezcla de ficción y no ficción", dijo Piglia, flamante Premio de la Crítica, quien enumeró sus encuentros con un escritor cuya célebre ironía le convertía en personaje de sí mismo. "Borges creaba su obra a medida que iba leyenda e iba leyendo a medida que creaba su obra", añadió Manguel. "Existe el AdB y el DdB, el antes de Borges y el Después de Borges".

Borges decía que un escritor necesitaba un símbolo para permanecer en el lector, "Para él Quevedo, por ejemplo, no lo tenía, mientras que Cervantes y Shakespeare, sí. Borges no creía ni en los cánones ni en la historia de la literatura. Ni siquiera en los originales. Alguna vez dijo que algunos originales le eran infieles a la traducción".

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La viuda de Jorge Luis Borges, María Kodama, junto al escritor argentino Marcos Ricardo Barnatán, a la izquierda, y al crítico literario Ignacio Echevarría, en la Casa de América de Madrid. / ALBERTO MARTÍN (EFE)

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