Crítica:Alcurucén/Castella, Perera, Adame | FERIA DE SAN ISIDRO

¡Gústese! ¡Merézcalo!

ANTONIO LORCA Madrid 25 MAY 2011 - 22:56 CET

El toreo no consiste solo en dar buenos pases. Hay que saber moverse, situarse, gustarse; hay que predisponer al público, ganárselo, y hacerlo todo despacio, con suavidad, con altanería, suficiencia, humildad, orgullo... El triunfo no solo hay que buscarlo y trabajarlo; hay que merecerlo. El toreo no es un trabajo; es un don y hay que sentirlo.

En ello, quizá, radica la grandeza de la fiesta: esa cosa inexplicable que te cala hasta el alma cuando se unen el cielo y la tierra, y brota esa felicidad inmensa que aparece cuando un toro y un torero se funden e interpretan un misterio.

Sebastián Castella se encontró con toro para ascender a las alturas, un manso encastado hasta la médula que embistió con los riñones, con su cuerpo entero, incansable, codicioso, repetidor, con fijeza y largura. Como una bala acudió a la muleta cuando vio a lo lejos al torero, y éste se dobló por bajo con mando y elegancia, ganando terreno, y cerrando con un recorte precioso y un inmenso pase de pecho. Y allí estaba otra vez el toro, engallado, pidiendo guerra, y Castella afronta el reto con la gallardía de los grandes, bien colocado, seguro y con oficio, y traza dos tandas de derechazos en un palmo de terreno, dominador y con aquilatada maestría, con un estilo emocionado y cálido, y la plaza estalla de emoción. Toma la izquierda, y vuelve a embestir el toro en otras dos tandas con la misma movilidad, aunque los naturales no surgen con la hondura deseada. Y otra tanda más, en la que, por un momento, luce más el toro que el torero. Y otra más; y un circular. Y solo entonces dejó a su oponente en el centro del ruedo y se marchó despacioso a por el estoque de verdad.

Alcurucén/Castella, Perera, Adame

Toros de Alcurrucén, bien presentados, mansos, sosos y nobles; muy encastado el segundo, y noble el quinto.

Sebastián Castella: _aviso_ estocada (oreja); _aviso_ pinchazo, estocada y un descabello (silencio).

Miguel Ángel Perera: bajonazo descarado y tres descabellos (silencio); media traserísima (pitos).

Joselito Adame, que confirmó la alternativa: estocada atravesada y trasera y un descabello (ovación); media atravesada (ovación).

Plaza de las Ventas. 25 de mayo. Corrida de la Asociación de la Prensa. Asistió el Rey Don Juan Carlos desde una barrera del tendido 1. Lleno.

OVACIÓN

El subalterno Javier Ambel, de la cuadrilla de Castella, puso un magnífico par de banderillas al segundo de la tarde.

PITOS

Perera mató a su primero de un sartenazo, y al otro de una media estocada traserísima, errores ambos impropios de una figura.

Hacía dos minutos que había perdido la segunda oreja. La plaza se había desinflado. Hay que ser un genio para mantener la emoción una eternidad. Porque se vive con tanto arrebato que agota. Y Castella hizo un magnífico trabajo, pero le faltó la genialidad para matar al toro cuando los tendidos vibraban ante el hermoso espectáculo de un toro encastado y un torero heroico. Y se cerró la puerta grande en su inmenso error. Así de duro, difícil y misterioso es el toreo.

Algo parecido le ocurrió a Joselito Adame en su confirmación de alternativa. Es chiquito, pero valiente el condenado. Recibió a su primero con un par de estatuarios en la boca de riego, resbaló y quedó en el suelo a merced del toro; él mismo se hizo el quite, se levantó como una exhalación y dibujó tres o cuatro derechazos extraordinarios que remató con un largo pase de pecho. Volvió a las andadas por el mismo lado y se lució de nuevo, aunque hubiera destacado más si se cruza y se coloca mejor. Y otra tanda, y otra sin solución de continuidad., Y unas ceñidas bernardinas finales antes de perfilarse para matar.

¡Uf...! Qué velocidad... Todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos. Como si no le diera importancia a su labor. No dio tiempo a degustar nada.

A los dos, a Castella y Adame, habría que decirles que no piensen tanto en el trabajo bien hecho; que se gusten más, y se hagan merecedores del triunfo que, en teoría, ganaron.

El resto de la corrida fue la otra cara de la moneda. Miguel Ángel Perera no está en su mejor momento; quizá, es que no está en momento alguno. Es humano y no es el primero al que le ocurre. Pero sorprende en un héroe como él. Está como ausente, frío, mecánico, como quien sube todas las mañanas al metro por obligación, pero sin ilusión. Pareció valeroso ante su soso primero, pero sin hondura ni ceñimiento. Y no dio una a derechas con el noble quinto, al que pasó siempre despegado, sin gracia ni sabor.

Castella no pudo repetir lucimiento en su segundo. Quiso recuperar la oreja que perdió en el otro, pero un toro muy tardo se lo impidió. El mexicano volvió a demostrar que le acompañan quilates de valentía, y doblegó a un manso, lo enseñó a embestir y le robó hermosos naturales.

Castella y Adame merecen un rapapolvos: ¡Gústense...! Y Perera, ánimo para volver a ser el que fue.

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El diestro Joselito Adame, durante la corrida en Las Ventas. / BERNARDO PÉREZ

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