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Fallece el traductor Martínez-Lage

Recibió el Premio Nacional de Traducción en 2008 por su obra 'Vida de Samuel Johnson'

"Las respuestas que uno quiere / van en lenguas que no lee". Estos dos versos de la canción There Goes Johnny: "And the answers that you need / are in a language you can't read". Las escribió el músico inglés Kevin Ayers, pero el traductor Miguel Martínez-Lage las incluyó como versos de su único libro, digamos, propio: La coz en el tintero. Poemas 1988-2008 (Editorial Alfama, 2009). Consciente de que toda versión es eso, una versión, el poeta había preparado una alternativa: "Y las abstrusas respuestas que arañas / están escritas en lenguas extrañas".

Miguel Martínez-Lage, de 50 años, ha sido encontrado muerto hoy en su casa de Almería. A falta de que se hagan públicos los datos de la autopsia, se especula con la posibilidad de que sufriera un ataque al corazón mientras dormía.

Con Martínez-Lage desaparece uno de los nombres de referencia entre los traductores de la literatura escrita en inglés. Los lectores españoles que han leído en la lengua de Cervantes títulos como Desgracia, Cosmópolis, La flecha del tiempo o Alta fidelidad estaban escuchando tanto su voz como las de J. M. Coetzee, Don DeLillo, Martin Amis o Nick Hornby.

Al traductor navarro (había nacido en Pamplona en 1961), que estudió Filología Hispánica en la Universidad de Navarra y en la Autónoma de Madrid y trabajó como asesor editorial y crítico literario, el mayor reconocimiento le llegó en 2008. Ese año el Ministerio de Cultura le otorgó el Premio Nacional de Traducción por su versión de Vida de Samuel Johnson, de James Boswell, publicada el año anterior por la editorial Acantilado. Era la primera traducción completa al castellano -curiosamente se publicó a la vez que otra de José Miguel y Cándido Santamaría para Espasa- de la que muchos consideran la biografía más famosa de todos los tiempos, publicada en 1791.

Poco tiempo después de que se le concediera el premio, el traductor declaró a este periódico que, siguiendo la tradición, cada generación debe hacer su propia traducción de los clásicos. "O cada 50 años al menos, porque el original no envejece, pero la traducción, sí", dijo. Dotado de un peculiar sentido del humor, Martínez-Lage solía decir que si el original era "un Rolex suizo", la traducción era "un Rolex chino". Pero Rolex. En aquella ocasión él trató de hacer que Boswell hablara en español del siglo XVIII hasta el punto de evitar traducir mind por mente: "Entró en el castellano un siglo después", explicó. Las casi 2.000 páginas de su boswell ocuparon a Martínez-Lage durante seis años, pero no agotaron sus energías. Al año siguiente publicó una nueva versión de ¡Absalón, Absalón! (La otra orilla), de William Faulkner. El novelista estadounidense era una de sus debilidades junto a Virginia Woolf, Samuel Beckett o el citado Coetzee entre la largüísima nómina de autores a los que se acercó, de Auden a Bellow pasando por Gerald Brenan, Joseph Conrad, Henry James, Hemingway, Orwell, Poe, Ezra Pound, George Steiner, Steinbeck, R. L. Stevenson, Eudora Welty o William Gaddis.

"Faulkner se traduce de maravilla y con enorme facilidad, por sí solo, si se sabe cómo", escribió en una nota a su traducción. "Basta con ponerse a su servicio, como uno haría con un enemigo más poderoso que él, a cuyas filas se pasa, como buen traidor, sin renunciar, jamás, a sus propias armas, a su bagaje". El mundo editorial español está hoy conmocionado por la muerte inesperada de Miguel Martínez-Lage. Gracias a él, y tal vez sin saber siquiera que existió, miles de lectores pueden seguir encontrando las respuestas que necesitan. Aunque originalmente estuvieran escritas en lenguas que no pueden leer.

El cadáver se encuentra en el tanatorio de Almería y mañana se celebrará un acto en el tanatorio de la localidad almeriense de El Ejido.