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Adiós a un enamorado de Bilbao

El pintor, dibujante e ilustrador Juan Carlos Eguillor fallece a los 65 años

Miss Martiartu pasó anoche del desconcierto y la sorpresa que siempre la caracterizaban al desconsuelo. El pintor, dibujante e ilustrado Juan Carlos Eguillor (San Sebastián, 1947), uno de los autores claves en la historia del cómic y el dibujo en prensa en Euskadi desde los años de la Transición, falleció ayer en Madrid, donde residía desde hacía ya varios años.

Él mismo recordaba hace dos años en una entrevista en este periódico que empezó a dibujar debido al aburrimiento que sufría en el internado donde estudiaba. La profesora del curso que hizo por correspondencia mientras estudiaba Bachillerato le dijo que no tenía futuro como dibujante, lo que le animó a hacer del dibujo su profesión. Su primera tira cómica fue Mari Aguirre, publicada semanalmente desde 1968 en El Correo, "una hija de mayo del 68, pero disfrazada", como decía su autor. Allí nació también Miss Martiartu, con su peculiar relación con la realidad. A lo largo de su extensa carrera fue colaborando en otros periódicos y revistas, como EL PAÍS, para cuya edición vasca, por ejemplo, realizó en los últimos años numerosas ilustraciones, El Diario Vasco, Egin, Diario 16, Hermano Lobo o Triunfo. Y fue uno de los pilares de la histórica Euskadi Sioux, que sólo sacó a la calle siete números en 1979, pero dejó una impronta indeleble de una forma de concebir el humor.

Su relación con Bilbao supuso una larga historia de pasión, de la que uno de tantísimos momentos fue el hecho de que diseñase el primer cartel de Aste Nagusia, la fiesta grande que la ciudad se inventó en 1978 y que se ha convertido en una de las claves de su actual identidad. "Fue una época explosiva y pletórica en Euskadi", dijo años después. Para el cartel se inspiró en el famoso txistulari del Ayuntamiento, de cuyo tambor salían fuegos artificiales. Y en las aguas de la Ría de la ciudad que tanto amó vivía una de sus últimas creaciones como ilustrador, Max Bilbao, que le permitía "reflejar el Bilbao que ya no existe" o que solo seguía viviendo en su imaginación.

A partir de mediados de los años ochenta comenzó a interesarse por el videoarte, tras un periodo de formación en Nueva York sobre técnicas avanzadas de ilustración. Y luego extendió su interés al trabajo con los ordenadores.

En 2008, realizó las ilustraciones para el primer número de Gvero, la publicación que reunió en edición bilingüe en castelleno y euskera relatos de Iban Zaldua, Anjel Lertxundi, Felipe Juaristi y Unai Eorriaga publicados en este periódico.

Entre otros galardones, recibió el Premio Nacional de Ilustración Infantil en 1983. Uno de los homenajes más recientes a su trabajo se lo tributó el Salón del Cómic de Getxo (Vizcaya), que en la edición de 2009 recordó su su trayectoria profesional.