Reportaje:

Los cuentos de Tamayo

El artista presenta en el Bellas Artes obras de la última década - Las figuras imaginarias y el color llenan los cuadros

EVA LARRAURI Bilbao 14 MAR 2011 - 21:16 CET

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El pintor Daniel Tamayo (Bilbao, 1951) ha imaginado en sus cuadros a lo largo de los diez últimos años unas escenas llenas de color en las que conviven animales fantásticos, seres mitológicos y figuras humanas que rememoran cuentos infantiles, lejanas referencias del mundo clásico, o paisajes cercanos, sintetizados por la geometría. La exposición Fabulario despliega en 26 pinturas de mediano y gran formato las abigarradas historias de sus cuadros en el Museo de Bellas Artes de Bilbao (hasta el 12 de junio de 2011).

Cada cuadro es una fábula en la que el artista se refiere a Itaca o al paisaje de Aralar, inventa seres grotescos o reconstruye con ironía personajes del imaginario popular. ¿Acaban las fabulas de Tamayo con moraleja? La crítica Alicia Fernández, directora de la Sala Rekalde, de Bilbao, escribe en el catálogo de Fabulario que "en Tamayo la moraleja la decide el espectador" porque pinta "cuadros expandidos" en los que sus elementos parecen trascender los límites y proponer "un fin abierto y dinámico".

La muestra presenta un total de 26 pinturas de mediano y gran formato

El autor reconoce que no sabe "qué rumbo" tomará su trabajo tras la exposición

Tamayo iba para aparejador pero la afición al dibujo que mostraba desde niño acabó por alterar su destino profesional. En 1970, después de pasar el verano en Londres, decide ser artistas. Aprobó entonces el ingreso en la recién creada Escuela de Bellas Artes de Bilbao y comenzó sus estudios con el propósito de ser "un digno legatario" de arte vasco que entonces descubrió.

Nunca abandonó el contacto con las aulas. Desde hace más de 30 años es profesor de pintura en la Facultad de Bellas Artes de la UPV. "Compartir estas dos actividades, la de enseñante y pintor, es una suerte", dice. "Siento que mi relación con los alumnos me ha enriquecido como persona. Aunque casi nunca se manifiesta de manera explícita, una de las satisfacciones más plenas me la aporta la gratitud del alumno".

Al mirar una hacia atrás, Tamayo llega a la conclusión de que ha pintado porque cree "que merecía la pena hacerlo". ¿Qué ha sido la pintura en su vida? "Un refugio donde guarecerme, un laboratorio en el que construir mundos de fantasía, repletos de juguetes", explica el artista. "Me siento protagonista de una gran aventura, única y trascendente, donde los pinceles sustituyen a los remos en el espacio del cuadro, como un Odiseo enfrentado a la incertidumbre del inmenso océano".

La inauguración de la muestra cierra una etapa creativa del pintor. "No sé qué rumbo tomaré tras Fabulario", reconoce. El último cuadro de la muestra salió del estudio de Tamayo en 2010. El color se ha apagado y han desaparecido las figuras, "monigotes", dice el autor. Lessismore town, algo así como La ciudad de Menos es más, dominada por las arquitecturas grises apunta el camino que ahora Tamayo quiere transitar.

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Daniel Tamayo en el Museo de Bellas Artes ante una de las obras de su Fabulario. / LUIS ALBERTO GARCÍA

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