El lápiz que pinta otra realidad

El joven artista belga Ben Heine mezcla fotos y dibujos en el proyecto 'Pencil Vs. Camara'.- Sus creaciones se venden por miles de euros

TOMMASO KOCH Madrid 15 MAR 2011 - 16:51 CET

En la céntrica Rue Berri de Montreal, en Canadá, hay varios rascacielos. Algunos transeúntes esperan en la acera para cruzar la calle. Ah, y Super Mario emerge de un tubo en medio del asfalto en busca de unas monedas gigantes. El tercer elemento de esta descripción urbana fue lo que la imaginación de Ben Heine dibujó en un papelito que este belga de 27 años puso encima de la foto en blanco y negro sacada el 29 de mayo de 2010. La suma de las dos imágenes recibió 45.840 visitas en la red social de álbumes fotográficos Flickr y forma parte del proyecto artístico Pencil vs Camara [Lápiz contra cámara] de Heine.

Como revela el mismo nombre del proyecto, su constante es la mezcla de fotografía y diseños. El fondo es una foto de la que una parte queda escondida tras un papelito blanco con un dibujo y la mano que lo agarra. El diseño reproduce una realidad alternativa, otra escena posible. O imposible. "Al principio dibujaba sobre todo sujetos realistas", cuenta Heine por teléfono. "Pero a medida que seguía diseñando evolucioné hacia escenas más delirantes, ya que me parecía más interesante", añade. Con delirante se refiere por ejemplo a un dinosaurio con dos pistolas en medio de una ciudad, o a un burro con gafas de sol haciendo burla.

"Quería mezclar mis dos pasiones principales, mostrar una especie de batalla entre fotografía y dibujo cuyo límite fuera la imaginación", explica Heine. Realizó la primera pieza de Pencil vs Cámara hace 11 meses y ahora ya van 49. Piensa llegar hasta 100 ("luego me dedicaré al arte abstracto, hay que renovarse"), y de momento la respuesta del público le está dando la razón. "Ha sido increíble", relata Heine. Desde la publicación de algunas imágenes en periódicos locales, el joven belga ha llegado a exponer sus obras en Francia, Reino Unido, Alemania, a ser entrevistado por medios rusos y brasileños y a vender algunas de las piezas por 4.800 euros. Es decir, Heine ya vive de su arte, confirma entre extasiado y sorprendido.

La idea es original y bastante simple al fin y al cabo. Los distintos métodos usados por Heine también parecen serlo: "Hay cuatro opciones. La más frecuente es sacar la foto de la mano sujetando el dibujo justo ante el escenario que quiero reproducir". De hecho, hubo veces que fotografió el papel quemándose, para demostrar que era real. Los otros tres métodos consisten en fotografiar el diseño ante la foto del paisaje, mezclar digitalmente las dos fotos (la del paisaje y la del dibujo), y crear todo con el ordenador desde la nada, solución que Heine todavía no ha intentado. Sea como sea, la imagen acaba en un laboratorio de impresión de alta calidad de Bruselas del que sale la versión definitiva de la obra.

Todo un proceso que involucra a varias personas. "Aunque la fase creativa solo es mía", destaca Heine. Además, el joven belga ya cuenta con un agente y una compañía, IberPress, que gestiona los derechos de sus obras en España e Italia. Algo en su tono de voz y en sus respuestas muestra una sorprendente (para un chico de 27 años) diplomacia de lobo de mar que no quiere mojarse. O que no quiere salir de lo convencional por miedo a meter la pata. De hecho, antes de Pencil vs Camara Heine publicaba en su blog también dibujos sobre temas políticos, que abandonó porque provocaban reacciones polémicas entre los usuarios. "Ahora tengo cierta responsabilidad, no quiero molestar a nadie", afirma. Así, repite una y mil veces que todo es estupendo y que espera seguir evolucionando. No parece quedar mucho del chico que estudió periodismo político en la universidad.

Por más que se porte como un veterano sin embargo Heine a veces olvida la cortina de la oficialidad. Así, recuerda su infancia en Costa de Marfil, donde nació y que dejó a los siete años, y su niñera Audette, que fue "como una segunda madre". Y se ríe a la pregunta de cómo está gestionando la fama: "Hombre, tampoco es para tanto. No tengo a ningún paparazzi siguiéndome". Incluso su perfil en Facebook es el de un chico cualquiera, aficionado de Johnny Depp y de Lady Gaga. Lo que es diferente son las cifras. Su página cuenta con más de 13.000 fans, mientras que en Twitter tiene a 1.738 seguidores. Sus fotografías en Flickr han recibido hasta la fecha más de 500.000 visitas. Números importantes, que hace unos meses Heine no hubiera podido imaginar, ni siquiera con un lápiz y un papelito blanco.

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