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La alfombra roja africana

"Dios es bueno", reza un cartel cercano al Estadio Nacional en Uagadugú, la capital de Burkina Faso. El lema se lee en francés, el idioma que dejó en herencia el pasado colonial de este país subsahariano, el número 204 en términos de renta per cápita del planeta. Desde esa posición tan olvidada en el ranking económico mundial (solo una veintena de países son más pobres que este), los burkineses son capaces de organizar el evento cinematográfico más importante de África una vez cada dos años, el Fespaco o Festival de Cine Panafricano, que congrega a más de 7.000 personas, convirtiéndolo en uno de los acontecimientos más importantes del país. Durante 8 días, Burkina Faso se vuelca en este evento cultural pensado por y para la industria cinematográfica africana, aunque sobre todo ideado para el disfrute popular.

El mayor reflejo de esto fueron las más de 30.000 personas que acudieron anoche a la inauguración en el Estadio Nacional 4 de agosto, nombrado así en honor de la revolución -golpe de estado- que en tal fecha de 1983 aupó al poder al actual presidente, el militar Blaise Compaoré. En una ceremonia de tres horas a la que él no acudió (se le espera para la clausura, el fin de semana próximo), sí asistió la primera dama Chantal Compaoré, así como el primer ministro y otras personalidades del país, que desfilaron por la alfombra roja para entrar al recinto. El Ejército les daba la bienvenida al palco.

Ya dentro, no hubo discursos eternos como advertían algunos veteranos del Fespaco, dejando más protagonismo que en otras ediciones a los artistas y al público. La gente que abarrotaba el estadio celebró especialmente el ritmo frenético de los togoleses Toofan, que hicieron bailar a los espectadores, así como las increíbles piruetas de un acróbata, que a lomos de dos caballos, se ponía con la cabeza boca abajo al tiempo que controlaba al galope a ambos animales. Ver para creer.

Fue una ceremonia espectacular, dentro de lo espectacular que puede ser algo así en un país que no se puede permitir grandísimos dispendios. Hubo figurantes vestidos de blanco, azul, amarillo, verde o rojo, que correteaban por el césped del estadio dando saltos al compás de los djembés. Hubo otros que iban subidos a zancos, fuegos artificiales y mucha expectación de los medios de comunicación africanos. Al menos trescientos periodistas se agolparon para ver el momento exacto en el que Tertius Zongo, primer ministro, descendía desde el palco directamente al césped por una pasarela metálica alfombrada de color rojo. Una vez abajo, golpeó una claqueta de madera de tamaño gigante y esbozó una gran sonrisa para deleite de los flashes. Quedaba así inaugurada la 22ª edición de Fespaco (la primera fue en 1969).

"Es una gran oportunidad para ver cine africano y para ver a los mejores actores y actrices", explicaba emocionada Isabelle Some, de 21 años, que decía que la inauguración había sido "muy interesante". Para ella, el cine es uno de los mayores atractivos en la vida. "Intento ir los fines de semana a ver películas. No suelo ver las africanas. Me gustan más las europeas, o las americanas. Por ejemplo me gustó mucho American Pie porque habla de gente joven", explicaba a propósito de esa comedia estadounidense de tanto éxito en taquilla hace unos años. "En Uagagudú hay dos grandes salas, la Burkina y la Royal. Es más barato ver una película americana que una africana. La primera cuesta 500 CFA (80 céntimos de euro) y las otras cuestan 1.000 CFA (1,60 euros)" explicaba. Una amiga, Salomé Tambura, de 20 años, no estaba de acuerdo con ella en las preferencias cinematográficas: "Son mucho mejores las películas africanas porque me resulta más interesante conocer nuestro país y nuestro continente".

Burkina Faso se traduce como la tierra de los hombres íntegros. Algunos de ellos (y ellas) esperaban a la salida de los asistentes a la inauguración para hacer negocio. La mayoría vendía agua o refrescos. Pero unos cuantos también paseaban entre la multitud con zanahorias o huevos. "Siempre se vehicula la realidad de África a través de los problemas, pero aquí también la vida es bella, la gente se lo pasa bien", decía al concluir la ceremonia Missa Ebien, cineasta de prestigio en Burkina Faso y que compite en la sección oficial del festival. Ebien calificaba el festival como "los oscar de África". En la calle, sin embargo, el glamour brillaba por su ausencia, dejando protagonismo a la pobreza.