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El cantaor Enrique Morente fallece a los 67 años

El artista granadino, considerado como el gran innovador del flamenco, llevaba en coma varios días en la clínica madrileña La Luz

Enrique Morente ha fallecido en la clínica madrileña La Luz. El cantaor, que llevaba varios días en coma inducido, fue ingresado la pasada semana para ser intervenido de un cáncer de estómago y operado de nuevo horas después con motivo de una hemorragia. La clínica se ha convertido en un punto de encuentro de artistas amigos del cantaor, quienes han arropado a la familia en los últimos días. En el momento de producirse el fallecimiento, se encontraban, entre otros, Joaquín Sabina, Arcángel, el productor Javier Limón y Carmen Linares.

"La familia Morente anuncia que hoy, lunes 13 de diciembre, pasadas las 17 horas, Enrique Morente ha fallecido. Después de varios días de denodada lucha contra la muerte, Enrique Morente, un creador único y una persona maravillosa, deja un enorme vacío en nuestros corazones y en el de la música, a los que se dedicó por entero y con entrega a lo largo de toda su vida", señala un comunicado difundido por su familia. En el mismo, reiteran su gratitud con las personas que han mostrado su cariño y afecto al artista en los últimos días y señalan que los datos del sepelio serán facilitados posteriormente. Según fuentes cercanas al cantaor, la capilla ardiente quedará se instalará mañana a la una de la tarde en la sede de la SGAE en Madrid (calle de Fernando VI, 4), aunque los primeros momentos se reservarán para los más allegados al fallecido y no se abrirá al público hasta dos horas después. Posteriormente los restos mortales del músico serán trasladados para su entierro a Granada, su ciudad natal.

Innovador del flamenco

Si a Camarón se le atribuye la popularización del flamenco, a Morente se le puede adjudicar el título de gran innovador del género, una tarea que arrancó en 1996 con Omega, el disco que grabó con Lagartija Nick en el que fusionaba el flamenco con el rock alternativo, y que nunca abandonó del todo. La osadía y la provocación marcaron una carrera dedicada a fusionar el flamenco de raíz con todas las músicas posibles. Junto con el guitarrista Paco de Lucía, Morente estaba considerado como una de las figuras más emblemáticas de una música que también puede identificarse como una manera de vivir.

Mientras ha durado la hospitalización, el músico ha estado acompañado por su esposa Aurora, sus tres hijos y muchos de sus amigos más íntimos que no han parado de llorar desde que se conoció la gravedad del caso. El cantaor, que hace menos de un mes estaba cantando, suspendió las actuaciones previstas para mediados de diciembre tras las complicaciones postoperatorias. Para el próximo marzo, estaba previsto el lanzamiento de El barbero de Picasso, un disco y un documental en el que profundizaba aún más en la figura del pintor malagueño, al que ya había dedicado otros discos.

La noticia de su fallecimiento ha caído como una bomba entre sus numerosos seguidores y en general en el mundo de la música. Apenas hace unas semanas fallecía Marío Pacheco, productor de algunos de los discos flamencos más importantes de las últimas décadas, y ahora desaparece uno de los artistas fundamentales del género.

Varios discos pendientes

Nacido en Granada, en el barrio del Albaicín, el cantaor que más innovó en un género donde impera la ortodoxia tenía varios discos entre manos pendientes. Hace poco más de una semana, mientras participaba personalmente en Madrid en las oficinas de Universal en las mezclas de El barbero de Picasso, ya hacía planes para el próximo: "En cuanto acabemos con esto nos metemos con el percusionista Mark Roadh", comentó en Universal. Como siempre, quería seguir trasgrediendo. Compaginaba su tarea como músico con la producción de los discos de su hija Estrella Morente.

El barbero de Picasso incluye, entre otros temas, El ángel caído, una canción dedicada a Antonio Vega que el cantaor interpretó en el homenaje al creador de La chica de ayer. Junto al CD se ha grabado documental en el que se ve a Morente en el Museo Reina Sofía cantando junto al Guernica de Picasso, en Granada en escenarios escogidos personalmente por él, en el Liceo acompañado por Eric Jiménez, batería de Los planetas, y en el museo de la localidad madrileña de Buitrago de Lozoya, donde se exhibe la colección de Eugenio Arias, peluquero y amigo del pintor malagueño. El documental, dirigido por Emilio Borrachina, se estrenará en el Festival de Cine de Málaga.

Morente que había creado su propio sello, Discos Pobreticos, había grabado con casi todas las grandes compañías pero firmó en los últimos tiempos una licencia exclusiva con Universal. Las personas que le conocían además de admirarle como cantaor destacan su importancia como creador. Siempre andaba con mil ideas en la cabeza. En su casa de Granada, en el barrio de casas encaladas del Albaicín, instaló su propio estudio y en su ordenador reposan muchos proyectos en marcha y sin concluir del todo. Era tan perfeccionista que nunca daba un trabajo por acabado. Literalmente había que arrancarle los discos de la mano.

"Nunca he pretendido innovar sino crear y expresarme", aseguró con motivo de la reedición de Omega, el disco que supuso una inflexión en su carrera y que tuvo una continuidad en colaboraciones con Señor Chinarro, el guitarrista Pat Metheny y discos como El pequeño Reloj (1993) y Morente sueña la Alambra (1995). Antes había grabado al menos una docena de álbumes cultivando a los clásicos.

Creador infatigable

Morente se conocía bien. Cuando se metía en el estudio para grabar entraba por una puerta y salía por la contraria. Definía sus grabaciones como "tornados" en los que se fundía la raíz del flamenco con cualquier música posible. Creador incansable pero también gran disperso, solía bromear con que le hubiera gustado ser cantante de rock. Amigo de Antonio Arias y de Jota, cantante de Los Planetas, compartía con ambos sus ansias de experimentar con los sonidos del pasado y el futuro. Desde que publicó el disco Pablo de Málaga quedó prendado de los sonidos de la batería de Eric Jiménez -también integrante de Los Planetas- con el que mantenía una de sus vías creativas sobre lo que él denominaba como el silencio del cante.

El día de Navidad el cantaor hubiera cumplido 68 años, una edad impensable para cualquiera que lo conociera. Era un personaje tan bonachón y con tanta energía que parecía mucho más joven. Humilde como solo los genios pueden serlo, gran conversador, con un sentido del humor agudísimo y una personalidad increíble, el mundo del flamenco pierde a un personaje irrepetible. Su aprendizaje fue autodidacta. Creció escuchando en la radio a los antiguos, especialmente a Antonio Chacón. Ejerció como cantor de la catedral antes de partir hacia Madrid a los 17 años para desarrollar su carrera. Con el tiempo acabaría por volver a su Granada natal donde se instaló en un carmen (casa popular) y donde ejercía como gran maestro de ceremonias.