El baile de disfraces de Lady Gaga

Unos 200 fans se quedan fuera del concierto víctimas de un timo de entradas falsas vendidas por Internet

MANUEL CUÉLLAR Madrid 13 DIC 2010 - 00:28 CET

La actual reina del pop de consumo masivo, Lady Gaga, llenó anoche el Palacio de los deportes con un show fotocopiado del que ofreció a principios de semana en el Palau Sant Jordi de Barcelona y, de tan leido y publicitado aquel, este resultó tan previsible que pese a contar con más de 15.000 almas entregadas a la causa, Gaga no consiguió esos estados de comunión energética entre artista y público que emocionan y mucho en recitales de otros artistas.

Y es que el show de Gaga está bastante mal planteado en cuanto a su ritmo. Realizar 15 cambios de vestuario y casi ocho de escenografía necesita de un productor que controle al 100 por cien la calidad de las transiciones y quien le haya diseñado esta parte tan importante a Lady Gaga en esta gira ha fallado estrepitosamente. El baile de los monstruos deja hasta en más de cuatro ocasiones al público literalmente congelado de aburrimiento.

Que las comparaciones son odiosas es muy sabido, pero gran parte de los presentes citaron a Madonna para concluir que "a la pupila todavía le falta mucho para alcanzar el nivel de la maestra".

El nombre de la gira monster ball sí está perfectamente elegido, pues parece que más que un concierto el empeño de la diva neoyorkina es ofrecer casi dos horas de bailongo discotequero de disfraces al que invita a unirse a todos los freaks del mundo.

Los músicos quedan relegados a los lados y el fondo del escenario donde Gaga casi los esconde bajo unos andamios que soportan gran parte de las escenografías de su espectáculo. La parte principal de las tablas han de estar reservadas para sus bailes, sus excentricidades y muchas veces para convertirse en un púlpito desde el que Gaga berrea su filosofía entre tacos y gestos obscenos. "Olvidad a todos aquellos que os digan que no sois lo suficientemente valientes o buenos, cuando salgais de aquí quiero que os améis a vosotros mismos más de lo que me amais a mi". "Jesús ama a todo el mundo. Hay mucha gente confusa, como yo, sobre si eres varias personas o sobre tu orientacion sexual, pero estoy segura de que amas a todo el mundo. Tampoco estaria de mas que enseñaras los dientes... Enseñame los dientes!" grita Gaga para enloquecer al público al que llama durante toda la noche "mis pequeños monstruos".

Lo que también quiso dejar claro Gaga es que ama Madrid. La cantante recordó anoche la primera vez que visitó la capital para ofrecer un concierto en "un club gay". "Era muy pequeño para unas 400 personas y se quedó mucha gente fuera. Así que le pregunté al dueño del garito hasta qué hora se podía actuar y cuando me dijo que toda la noche, volví a repetir el show para la gente que se había quedado fuera y fue un momento jodidamente especial, por eso llevo a Madrid en el alma y esta noche lo volvería a hacer sin pensarlo", afirmó sentada al piano.

Tal vez lo que no le habían dicho a la neoyorquina es que alrededor de unas 200 personas, según datos de la policía, esperaban entre sollozos fuera del edificio al no haber podido entrar víctimas de un timo de falsificacion de entradas . Según las mismas fuentes policiales, ocho números de serie habían sido repetidos en entradas falsas hechas "en un papel de muy buena calidad". Estas mismas fuentes aseguran que tanto El Corte Inglés, los tickets falsificados llevaban su sello, como la organización habían alertado del problema. Durante la noche, ninguno de ellos había presentado ninguna denuncia.

Volviendo al espectáculo la veintena de canciones que desgranó anoche Gaga fueron las mismas y en el mismo orden que en Barcelona y logró los mejores momentos con sus hitazos como Love Game, Telephone, Alejandro, Poker Face y Bad Romance casi todas ellas en una traca final apoteósica que, al menos, logró que un concierto que no fue para tanto dejara un muy buen sabor de boca a sus fans incondicionales.

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