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Te he robado el correo, la tarjeta de crédito y el móvil, pero tú no lo sabes

Llega Oído Caníbal, una inquietante y adictiva serie sobre el peligro y el drama de los hackers sociales

Políticos, periodistas, escritores, medios de comunicación, médicos, bufetes de abogados... Nada ni nadie está a salvo. El año pasado, la policía detuvo en Jerez de la Frontera a un ciberdelincuente de 41 años cuyas siglas son J.M.N y que, presuntamente, se había metido ilegalmente y sin que sus dueños se dieran cuenta, en la intimidad electrónica de más de 1.000 personas.

Las investigaciones se iniciaron a raíz de una denuncia presentada por el Ayuntamiento onubense de Minas de Riotinto, en la que se ponía en conocimiento que una persona podía haber vulnerado varias cuentas de correo electrónico, oficiales y particulares, pertenecientes a la corporación.

Tras el análisis de los datos obtenidos, la Guardia Civil puso en marcha un dispositivo para poder detectar los rastros electrónicos, lo cual permitió realizar un seguimiento hasta los ordenadores de la universidad gaditana, donde los investigadores identificaron al sospechoso. Dicha persona resultó ser un auténtico experto en el manejo de tecnologías de comunicación avanzadas y estaba dotado de una gran preparación académica siendo licenciado en Ciencias de la Documentación y la Comunicación, Lingüística y diplomado en Biblioteconomía.

De los registros practicados, la Guardia Civil intervino numerosos cuadernos con anotaciones sobre sus víctimas, y en los que recogía minuciosamente datos relativos a cuentas de correo electrónico, contraseñas, números de cuentas bancarias, números de tarjetas con su respectivo PIN, entre otros.

En casos reales como este se ha basado David Navarro para crear una inquietante serie titulada Oído Caníbal. Canal+ Xtra emite sus seis capítulos todos los martes a las 12 de la noche y a partir del día 13 podrá verse íntegra en la web de la cadena. Se trata de un proyecto experimental y alternativo que apuesta por lenguajes narrativos diferentes y por nuevos talentos interpretativos. David Navarro que escribe, dirige y produce esta propuesta ha logrado que tras el visionado de sus primeros minutos el espectador quede, no solo enganchado sino también horrorizado por la fragilidad a la que todos estamos expuestos.

Tanto que le hemos solicitado un manual básico y de urgencia para sobrevivir a personajes y situaciones como las que ha ideado para Oído Caníbal.

¿Cuáles son las reglas básicas para protegerse ante ataques de voyeurs y hackers sociales?

Es casi imposible protegerse completamente, salvo si eres un fanático de la seguridad que deje de consultar su correo en ordenadores que no son el tuyo o dejas de utilizar wifis, y nunca permites que el camarero se lleve tu tarjeta de crédito de la mesa o que mire más datos de tu DNI que no sea la foto y la firma. Pero los peligros son mucho más cotidianos y sencillos. Si yo hoy pierdo mi teléfono móvil sólo tengo que llamar a mi operadora y me cancelarán la línea, si acto seguido voy a un centro comercial y pido un duplicado, en cuestión de minutos me darán una tarjeta. Si ese móvil no es el mío, te acabo de robar el teléfono. El mundo siempre tiene huecos para las excepciones y las ambigüedades y esos vacíos se llenan con gestos de confianza.

¿Cuáles son las formas principales para detectar un ataque? Por ejemplo, si alguien lee tu correo, ¿No queda el mensaje como leído?

Las víctimas nunca notarán que sus correos ya han sido leídos. Lo que caracteriza a los hackers sociales es su minuciosidad, se cuidan muy bien de no dejar huellas, pues de ello depende alargar el juego e incluso esa pulcritud forma parte de su ritual de excitación. Los afectados se darán cuenta de que algo raro pasa cuando estén viendo su correo y sin razón aparente sean desconectados, de forma continua, señal de que el voyeur ha entrado en su cuenta en estos momentos, caducando la sesión del legítimo poseedor de ese correo. El siguiente paso para el voyeur es tomar un papel activo, hablar por el chat del email o enviar correos a los amigos de la víctima, haciéndose pasar por ella y potenciando cierta excitación, adulterando la realidad y viendo el resultado que provoca, como cuando tras observar a las hormigas en el suelo te aburres y las pisoteas.

¿La aparición de este tipo de delincuentes también está generando fóbicos tanto a redes sociales como a compartir todo tipo de datos?

Sí, y pese a que es razonable desconfiar de las redes sociales, ocurrirá como con otras tantas cosas, que además de ser imposible blindarse y seguir teniendo vida, la agresión siempre podrá venir por otro lado. Las redes sociales lo ponen la agresión muy fácil, si conoces que existen hackers sociales y voyeurs patológicos no las usarías, pero por otro lado... tampoco saldrías a la calle sabiendo que hay violadores. Lo que hace especial estas patologías es que son totalmente ocultas, lo más parecido a tener un gusano dentro.

¿Puede ser cualquiera un hacker social? En términos de la calle, de andar por casa, ¿de quién deberíamos sospechar?

Los hackers clásicos son informáticos pero los hackers sociales son personas normales, que llaman por teléfono, escriben a boli, y escuchan pausadamente, todo normales. Es de suponer que hay muchas más personas que gustan del bestialismo de las que abiertamente lo reconocen o podríamos identificar, ser hacker social o voyeur patológico es parecido, nace en intimidad, es un deseo.

¿Qué hay que hacer en el momento en el que una sospecha se convierte en algo más que una sospecha?

Los voyeurs y la víctimas rara vez son amigos, suelen ser personas que una vez coincidieron en algo, surgió una atracción para el voyeur y desde entonces se pega como una lapa. Hay casos de persona que han tenido un parásito de este tipo en su correo durante años sin saberlo, hasta que pasó a la acción. Y explicar el caso a la policía es tan difícil como implosible, sólo cuando el voyeur o hacker social salta la barrera activa se puede hacer algo, según del nuevo delito que cometa: suplantación de la personalidad habitualmente, que según en que contexto puede no tener ninguna repercusión penal, o sólo simbólica, como juicio de faltas, que es lo que se refleja en la serie.

¿Es cierto que existen terapias para este tipo de delincuentes? Y, ¿son delincuentes o enfermos?

En mi opinión son más bien enfermos, su grado de excitación y mitomanía es superior a la media. La obsesión por sus víctimas las sitúa en otro plano y el uso de las nuevas tecnologías fomenta cierta limpieza, por lo que llega un momento en el que los agresores pueden perder la noción de si esto que hacen en intimidad es delito o es un mero videojuego: nunca se enfrentan a los ojos de su agredido, ni comparten esta afición con los amigos. Cuando algo así es irrefrenable y causa una excitación mayor que cualquier cosa, supongo que es enfermedad, como la ludopatía (en este caso es robo de la identidad).