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Las trampas de la identidad y el compromiso latinoamericano

Segunda entrega del Debate cultural latinoamericano con Juan Villoro, Laura Restrepo, Pablo Casacuberta, Guillermo Arriaga y Lucrecia Martel.

WINSTON MANRRIQUE SABOGAL Madrid 2 DIC 2010 - 13:46 CET

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América Latina lucha contra los tópicos fue el titular que ayer abrió esta serie Debate cultural latinoamericano. Este encuentro busca reflexionar sobre los diferentes aspectos del ámbito de la cultura y la creación del continente, en lo que concierne a los autores, sus obras o políticas culturales. Participan cinco de los escritores, artistas y cineastas con más rodaje y proyección internacional, una característica que les permite una mejor observación desde el interior, como latinoamericanos que son, y desde el exterior, como autores globales y cosmopolitas en continuo encuentro con el resto del mundo y su cultura.

Mientras el tema de ayer giró en torno a la ruptura con la tradición y la cultura como capital importante, el de hoy se centra en La identidad y el compromiso del autor con la su obra o con el entorno.

LA IDENTIDAD Y EL COMPROMISO DEBEN ESTAR EN LA OBRA

Winston Manrique Sabogal. Siempre se habla de la identidad de los países o regiones, y de la que busca etiquetar a los creadores. ¿Qué es eso de la identidad? ¿Para qué sirve?

JUAN VILLORO. Una de las cosas más misteriosas de la literatura es que corresponde a algún lugar. Yo leo a Fernando Pessoa y siento a Lisboa o leo a Ramón López Belardi y siento a Jerez, hay un sentido de lugar muy especial . Creo que no se puede escapar del sentido de pertenencia, que es distinto de lo exótico, porque nadie puede ser exótico para sí mismo. Es difícil que en la mañana Guillermo Arriaga o yo nos despertemos sintiéndonos muy mexicanos, pero ¿qué mexicanos nos sentimos?. Los personajes de los que escribimos, de vez en cuando beben un tequila porque son alcohólicos o porque tienen ganas, pero no porque pensemos: "Quiero que este personaje tenga un gesto típico mexicano". Inevitablemente está el sentido de la pertenencia, y la literatura crea esta ilusión de estar en un sitio definido y no en otro. Entonces el hecho de que no se escriba literatura exótica no quiere decir que no tenga que ver con el lugar de donde venimos. Simple y necesariamente lo que pasa es que no es auto-referente, no es típico para sí mismo.

PABLO CASACUBERTA. Hay una palabra que tú has mencionado también, y es la palabra inevitable: Identidad. No hay nada más patético que tratar de tener una identidad. La identidad viene por añadidura. Si uno se concentra en contar lo que quiere, la identidad va a estar allí de cualquier manera; y el énfasis en esa parte, que es la parte inevitable, en cierta medida es tristísimo.

GUILLERMO ARRIAGA. Aunque creo que no hay progreso en la literatura, sí hay avance en el arte. Al mismo tiempo, creo que así como no hay progreso, tampoco hay voluntad; y no hay voluntad en el arte porque no puedes decir: "Voy a escribir una novela con la que me voy a ganar el Premio Nobel de Literatura"; ni siquiera puedes decir: "Voy a escribir una novela que va a ser un best seller". No se puede ejercer voluntariamente un control sobre la calidad de lo que estas produciendo; no es como un atleta que siempre puede mejorar sus tiempos. Por eso creo que en lo personal no sería válido discutir si hacemos o no literatura exótica. Lo que lo que tenemos que hacer es concentrarnos en contar la historia. Hay que contar la historia que nos llega a nosotros y de manera inevitable. Pienso que hay avance en la cultura cuando somos capaces de seducir a la sociedad y somos capaces de hacer que la cultura sea importante para la sociedad y no para el gobierno. Creo que la cultura es un proceso de seducción constante. Escribir un libro y escribir un guión es un arte de seducción. Los avances están en los espacios que vamos creando. Hay avances en la libertad de expresión, hay avances en la capacidad de publicar, hay avances en la capacidad de producir películas, hay avances en tener galerías donde se exponga el arte. No hay progreso en el arte, pero sí hay avance en la forma como vamos captando espacios para la cultura.

J. VILLORO. En la relación entre el autor y la forma como ejerce su trabajo es importante reconocer que se haya terminado un poco la época de los caudillos culturales, quienes precisamente por detentar una excesiva facilidad por interpretar la realidad desde el lenguaje o la imaginación, en un continente donde mucha gente no sabe leer, se convertían en una especie de oráculo que podía hablar de muchas cosas, incluso de las que ignoraba. Este líder social ha ido desapareciendo en favor del contador de historias en América Latina. Creo que hay una normalización en el sentido de que los escritores son menos importantes por lo que representan social y políticamente, y espero que más significativos en el futuro por las historias que cuentan.

G. ARRIAGA. El talento es prácticamente inexistente. Pero cuando el talento existe no hay caudillos culturales ni poder, ni nada que lo detenga. Nada detuvo a Juan Rulfo, a quien en su momento se le auguraron escasas ventas; sin embargo, hay que ver en lo que se convirtió. García Márquez, no sé a que caudillismo cultural haya pertenecido en Colombia, pero el talento se abre paso. Yo creo que el escritor o el creador debe estar vinculado a su obra y comprometido con su obra. Si empezamos a pensar en términos del poder y no de la obra, entonces hay un obstáculo grande.

LAURA RESTREPO. Uno no debe preguntarse si eso es bueno o malo, pues no sería una pregunta licita. Uno tiene que hacer lo que tiene que hacer, con toda la energía y con todo el compromiso, pero si es bueno o malo, eso no es un problema; es así porque así tiene que ser, si se lee o no se lee, es totalmente ajeno a ti, en el momento en el que te lo planteas estás perdido.

Con respecto a lo que decía Juan de no perder el arraigo, es que no hay que perderlo ni siquiera cuando el arraigo es el desarraigo. Este es un aspecto muy propio de estos tiempos, donde la diáspora de alguna manera también nos ha llegado a los latinoamericanos y estamos contando historias que ya ni siquiera tienen el terruño como eje. Existen formas de identidad un poco más complejas, mucho menos típicas. El humor, por ejemplo, es una forma de desarraigo. Esto me parece importante, porque si algo rompe con la épica y con el tono mayor de la grandilocuencia es el humor. Es un terreno nuevo que empiezan a recorrer nuestras artes, la del humor, la de desarraigo; y en medio de todo eso: la identidad. La identidad no se busca, la identidad es. Esos presupuestos que había antes, esos cajones en los cuales se movía un escritor latinoamericano esos ya no los tenemos más.

Mañana tercera entrega: 19 nacionalidades, 19 realidades

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