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Necrológica:

El depositario del teatro español del siglo XX

Ricardo Doménech, catedrático de 72 años, fue el gran nexo entre la dramaturgia republicana, la del exilio y la contemporánea

Con lo mediático que es el teatro y lo poco que salía en las fotos el catedrático Ricardo Doménech, una de las más destacadas personalidades del teatro español del siglo XX. Eso se debía en parte por su desinterés por ser centro de cualquier atención y en parte porque en España no se termina de reconocer el rigor académico y la sabiduría puestas al servicio de lo público.

Doménech (Murcia, 24 de abril de 1938) ha fallecido en Madrid el domingo, día 10 del 10 del 2010 a las 10 de la noche. Estaba luchando con un cáncer desde hace tiempo, a pesar de lo cual hasta el momento de su muerte mantuvo una incesante actividad. En estos días concluía para la editorial Cátedra un amplio estudio sobre uno de los temas en los que más había trabajado en su densa carrera investigadora, El teatro español del exilio, al tiempo que no dejaba de impartir cursos a alumnos de los programas de varias universidades americanas, con las que entró en relación en los años sesenta.

Doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense y catedrático de Dramaturgia en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD), institución esta última de la que fue director en dos ocasiones, dejando una huella imborrable en las muchas generaciones de alumnos que pasaron por sus manos.

Tras cursar Periodismo y Arte Dramático, se licenció en Filología Hispánica y comienza su intensa labor como crítico, ensayista y docente. En 1966, publicó con la editorial de Cuadernos para el diálogo, su libro El teatro, hoy, doce "crónicas" a través de las cuales analizaba el arte dramático del momento, de Brecht a Osborne, sin dejar de anotar los ecos perdurables de Valle-Inclán. Como docente, formó parte del equipo que llevó adelante el Teatro Estudio de Madrid (TEM), con el apoyo de amantes de la escena como Antonio Garrigues Walker y Luis María Anson. Junto a William Layton, Miguel Narros y otros profesores y profesionales, será maestro de una generación encabezada por Ana Belén, José Carlos Plaza y Francisco Vidal. Al tiempo, comienza su labor en España y en numerosas universidades de Norteamérica. Notabilísimo cuentista, sus libros La rebelión humana, Figuraciones, Tiempos, La pirámide de Khéops y El espacio escarlata, se han considerado fundamentales dentro de la narrativa española.

Fue crítico teatral en revistas como Triunfo, Cuadernos para el Diálogo, Primer Acto o Cuadernos Hispanoamericanos, labor en la que destacó especialmente como con sus monografías que hoy resultan imprescindibles. La aparición de su obra El teatro de Buero Vallejo, una meditación española significó un auténtico acontecimiento. Más tarde, sus trabajos se concentraron fundamentalmente en Valle-Inclán y García Lorca. En 2008 publicó García Lorca y la tragedia española, un estudio que es un punto de inflexión en el análisis de la obra del dramaturgo granadino. Y junto a los estudios de Buero, Valle-Inclán y García Lorca, sus trabajos sobre el teatro del exilio, teniendo a Alberti, Max Aub y José Ricardo Morales como arietes.

Ha sido el hombre que más ha contribuido a dar a conocer en los años sesenta y setenta, e incluso en décadas posteriores, un teatro que no estaba en los escenarios españoles como era el que se escribió durante la II República y el creado en el exilio, motivo por el cual este país estará siempre en deuda con Doménech.

Ha sido director de colecciones de obras dramáticas y de publicaciones. Por la colección Voz-Imagen, de amplio eco en los años sesenta, le fue otorgado el Premio Nacional de Teatro. En la actualidad, era director-fundador de la revista Acotaciones, una de las de más prestigio en el ámbito teatral. En el año 2008 se le rindió un gran homenaje, publicándose un volumen de 500 páginas, Teatro español. Autores clásicos y modernos, en el que participó un centenar de intelectuales, desde Francisco Rodríguez Adrados a Luis Landero, pasando por José Luis Abellán y José Monleón.

Doménech deja muchos huérfanos profesionales. Entre ellos Ignacio Garcia May, Ángel Roger, Manuel Aznar, Luciano García Lorenzo, Guillermo Heras, Pepe Martín, Daniel Sarasola o Juan Mayorga.

Este último ha confesado estar conmocionado nada más enterarse de la noticia: "Me siento un privilegiado por haber sido compañero durante ocho años de Domenech y haberme beneficiado de su magisterio desde mucho antes y durante nuestra convivencia en la escuela", ha apuntado Mayorga quien dijo sentir una infinita gratitud por las muchas conversaciones que tuvieron: "Siempre tuve el consejo, la advertencia inteligente, la ayuda, era un hombre que tenía esa palabra que necesitabas escuchar, era uno de los hombres más cultos que he conocido, de profunda y gran inteligencia y sensibilidad". Mayorga destaco que con Doménech se ha perdido a un "hombre importante, en una sociedad en la que hay tantos majaderos en primer plano y aunque desconocido por la mayoría, era uno de esos hombres que forman un país, porque tenía una voluntad cívica y un extraordinario profesor de enorme generosidad, no sólo era maestro en las horas lectivas, sino en todo momento".

Tanto Mayorga como otras muchas gentes del teatro han señalado que el mejor homenaje que se le podía hacer era dar a conocer sus muchos relatos, "porque era un magnífico escritor". Domenech será incinerado mañana en el Crematorio del Cementerio de la Almudena de Madrid.