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La fiesta de cumpleaños de U2

La banda irlandesa liderada por Bono borda en San Sebastián el esperado regreso a España de su gira '360º'

"El día 25 de septiembre hizo 34 años que estos tres tipos y yo nos conocimos y montamos esta banda; así que para nosotros, este concierto, es como una especie de cumpleaños". Esta fue una de las primeras frases que Bono, líder del grupo irlandés U2, comunicó a los cerca de 45.000 seguidores que casi llenaron anoche el estadio de Anoeta en San Sebastián. La fiesta de cumpleaños de U2 se convirtió en una especie de metafórico y filosófico homenaje al tiempo. Antes de saltar al escenario los cuatro componentes de la banda, que según la revista Forbes más dinero ha ganado durante el año pasado (100,4 millones de euros), la enorme pantalla de vídeo que se suspende sobre ellos durante todo el concierto mostraba un sencillo reloj de color verde en el que el segundero y el minutero corrían de una manera endiablada consiguiendo transformar casi dos horas en 30 minutos reales. Y casi sucesivamente todas y cada una de las 23 canciones que interpretaron o comenzaban con imágenes de relojes o hacían referencias al tiempo y al espacio.

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"Kaixo!! (hola en euskera), sabemos que estamos en la mítica San Sebastián" gritó Bono, y así comenzó el delirio; de fondo sonaban los acordes de The return of the stingray guitar, una canción nueva con la que el grupo ha estado empezando sus conciertos en este segundo tramo de su gira mundial titulada 360º. Una serie de conciertos que comenzó en el Camp Nou de Barcelona el 30 de junio del año pasado . "El verano del año pasado vimos nacer a un bebé en Barcelona, en España, y hoy, después de haber recorrido el mundo entero, ese bebé ya se ha convertido en un adolescente", explicó Bono al publico durante la primera parte del concierto. Pero se trata de un adolescente mastodóntico. Hacen falta más de 180 trailers para mover las 390 toneladas que pesan los tres escenarios de esta gira que se reparten por distintas ciudades del mundo. Pasado, presente y futuro condensados en un mismo instante. Mientras la garra de San Sebastián acogía al grupo, ya se estaba desmontando la estructura de su anterior actuación en Bruselas y construyendo la de su próxima cita en Sevilla prevista para el día después de la huelga general. Y tanto trajín pasa factura. El adolescente que pudo verse anoche en Donosti padecía ya, al menos, signos de acné. Varias de las 500.000 bombillas led que forman la pantalla de vídeo circular sustentada por una estructura de casi cincuenta metros de altura no funcionaron, de tal forma que gran parte del público veía las enormes imágenes de sus ídolos taladradas por un desagradable parche de color blanco. Aunque los asistentes calificaron el fallo de anecdótico, no deja de ser una muestra de lo currado que está ya este show en el que la banda irlandesa decidió ofrecer casi la misma importancia a la descomunal puesta en escena que a sus maravillosas canciones que les han encumbrado en la cima del rock mundial.

Granos aparte, Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen jr continúan siendo un tren arrollador en directo. Bono demostró que, aunque hayan cumplido 34 años, sigue siendo el líder más carismático -con excepción del desaparecido John Lennon- que ha dado el pop-rock. Es capaz de poner en estado de ebullición a un estadio casi congelado a 11 grados centígrados. Suena Beautiful day, el segundo tema, y ya tiene en el bolsillo al campo de fútbol enterito, pero a esta le sigue el trallazo pseudo punkarra de I will follow y asistimos al primer arrebato de delirio en una noche de dos horas exactas de reinado musical. Su voz está impecable y potente y la derrocha en temas como Mysterious Ways, In a little while y sobre todo en una Miss Sarajevo interpretada casi como si se tratara de una demostración de virtuosismo.

Los coros de The Edge están más presentes que al comienzo de la gira y su guitarra continúa sustentando el directo de U2. Por más carisma que tenga Bono y por más líderes mundiales que conozca o por más abanderado de causas perdidas que sea o que le lleven a ganar alguna vez el Nobel de la Paz, las seis cuerdas de la guitarra de ese genio apodado The Edge demuestran a las claras que U2 sin ellas, no serían nada. Larry Mullen jr lleva, junto al bajista Adam Clayton la sección rítmica dándolo todo y mucho más.

El pasado mes de mayo, Bono tuvo que ser sometido a una intervención quirúrgica por una hernia discal que llevó a la banda a un parón de dos meses y a tener que posponer a 2011 varios de sus compromisos en Estados Unidos. En agosto, el circo de 360º volvió a echarse a andar en Turín y, desde entonces, U2 ha querido enseñar al público algunas de las 30 canciones que dicen tener en la recámara aún sin grabar y que probablemente se conviertan en tres Lps una vez que finalicen su gira el año que viene. Los cuatro temas son 'North Start', Mercy, Glastonbury y Every breaking wave. Anoche, el grupo decidió echar mano de la segunda. El resto del repertorio entró dentro de lo esperado y se centró más en éxitos del pasado que en su anterior visita a Barcelona donde incidieron en su último trabajo No line on the horizont.

Tampoco faltaron las referencias al espacio, el universo y las causas justas que defiende el grupo. Una de las canciones, Walk on, estuvo dedicada a la activista birmana Aung Suu Kyi de la que Amnistía Internacional pide que sea liberada del arresto domiciliario al que la tiene sometida el gobierno de su país desde 1989. Varios voluntarios de la organización pacifista portaron focos que fueron colocando en la pasarela circular que rodea los 360º del escenario de U2.

El infalible himno Where the streets have no name puso fin a una noche que el público donostiarra vivió con entrega después de haber asistido a un concierto más que correcto ofrecido por los neoyorquinos Interpol y unos arrolladores U2. Como postre, y por si a alguien le cabía alguna duda de la recuperación total de Bono, el cantante acabó columpiándose de un micrófono circular que había bajado desde el interior de la especie de nave espacial que han construído para esta gira mientras cantaba Hold me, Thrill me, kiss me. Todo bañado en sudor de las continuas carreras y bailes que se pega durante las dos horas de fiesta de cumpleaños en las que siguen demostrando que 34 años después, todavía les queda mucho carrete.