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Príncipe de Asturias para los Guerreros de Xian

El equipo de arqueólogos chinos que investiga y divulga los extraordinarios soldados de terracota del Emperador Quin Shihuang recibe el premio en su categoría de Ciencias Sociales

Premio a los guerreros de terracota. O mejor dicho, a los hombres y mujeres que los han devuelto a la vida tras más de dos mil doscientos años enterrados como el ejército de ultratumba del primer emperador chino. El jurado de los premios Príncipe de Asturias ha decidido galardonar la labor del esforzado equipo de arqueólogos y científicos de otras disciplinas que desde que se produjo el primer hallazgo fortuito de guerreros en 1974 no han dejado de extraerlos a millares minuciosamente, estudiarlos, restaurarlos y dar a conocer al mundo sus maravillas. Es especialmente por esta tarea de divulgación de uno de los grandes tesoros representativos del esplendor de la cultura de la antigua China por la que el colectivo de investigadores de los soldados de Xian, que dirige Liu Zhangheng, ha merecido el premio.

El hallazgo de los más de 8.000 guerreros de terracota es uno de los grandes descubrimientos de la antropología, comparable a la tumba de Tutankamón. El lugar de la última parada de los soldados artificiales que protegían el mausoleo del primer emperador de China, Quin Shihuang, obsesionado con la inmortalidad, fue descubierto por campesinos en la primavera de 1974 durante unas obras de regadío a unos treinta kilómetros de la ciudad de Xian. Los guerreros, miles de ellos (se calcula que hay más de 8.000), de tamaño natural, rasgos individualizados y completamente equipados, estaban enterrados en un gran foso con pasillos y rampas a un kilómetro y medio del monte Li, el gran túmulo funerario del emperador, y agrupados en orden de batalla: arqueros, ballesteros, infantería, caballería y carros.

En 1976 se descubrió una segunda fosa con un contingente que acaso sea el de la guardia imperial, y luego una tercera con las figuras del Estado Mayor. En 1980 apareció aún otra fosa con carros de bronce de gala, quizá una copia de los del propio emperador. Parece que estaba previsto que el ejército enterrado fuera aún mayor -se ha encontrado una cuarta fosa vacía- pero la muerte del emperador puso límite a su tropa de ultratumba. Tras iniciarse la excavación arqueológica de los fosos se construyó un museo en el lugar, abierto al público en 1979, que permite ver en su emplazamiento a los soldados, parte de los cuales, en pequeños destacamentos viajeros, han sido exhibidos en distintas exposiciones por todo el mundo que han atraído millones de visitantes. Algunos de esos soldados itinerantes han despertado ocasionalmente dudas sobre su autenticidad. Los guerreros de Xian figuran desde 1987 en la lista de la UNESCO de Patrimonio de la Humanidad.

El túmulo sepulcral del emperador, una colina artificial, aunque claramente identificado, no ha sido excavado todavía por el respeto que provoca la magnitud de la tarea y a la espera del desarrollo de la tecnología adecuada para estudiarlo sin alterarlo. Quin Shihuang quiso que su tumba reprodujera el universo y encerrara todas las maravillas del mundo, un programa constructivo de aúpa en el que puso a trabajar, se dice, a más de 700.000 personas.

Si el hallazgo de los guerreros es un hito de la arqueología, su excavación, estudio y conservación es una de las tareas más colosales que haya acometido jamás la ciencia. Se ha hecho mucho pero queda un trabajo ingente por realizar. El material es tan abundante que las autoridades y los arqueólogos chinos han sido muy prudentes a la hora de extraer más tesoros. De hecho, las excavaciones en la zona de los guerreros estuvieron veinticuatro años detenidas hasta que se reanudaron en 2009. Entre los objetivos se contaba entonces encontrar la figura del comandante en jefe del ejército. Una de las sorpresas fue el hallazgo de soldados sin barba, lo que según los arqueólogos indica que eran esculturas de reclutas jovencísimos, quizá de 17 años de edad. Este mismo año, el equipo que dirige Xu Weihong ha descubierto 114 nuevos guerreros que conservan su pigmentación en colores vivos.