Crónica:

Desarme nuclear en La Croisette

BORJA HERMOSO Cannes 16 MAY 2010 - 19:09 CET

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Adivina adivinanza: es estrecho por abajo y se hace más ancho por arriba hasta adquirir forma como de seta, mete mucho ruido y sale humo, ¿qué es? Bravo para los más perspicaces o pesimistas, que lo habrán adivinado: el hongo nuclear que un buen día, si la cosa no se frena pero ya, nos mandará a todos a visitar a San Pedro, el de las llaves del cielo.

Muchos la intentan frenar, entre ellos Obama y Medvedev, que quieren evitar viejas situaciones en las que el dedito de unos y otros a punto estuvo de apretar el botón dichoso del catapúm definitivo. Ellos firman tratados de no proliferación y de reducción de arsenales, y otros, como el productor estadounidense Lawrence Bender y la directora británica Lucy Walker, hacen películas. Y otras, como la ex primera ministra noruega Gro Brundtland o la reina Noor de Jordania apoyan con su presencia activa películas como esta, Countdown to zero (Cuenta atrás), un documental tan agresivo en sus intenciones como inquietante en su relato proyectado hoy fuera de concurso en el Festival de Cannes.

Es sencillo: la vieja y sempiterna 'espada de Damocles' de la que hablara en su día John Fitzgerald Kennedy sigue ahí, con 23.000 armas nucleares sobre nuestras lindas cabezas y, lo que es mucho peor, con la nada descartable posibilidad de que algún loco iluminado que un buen día oyó en sus lindas orejitas la llamada del buen Dios, consiga hacerse con nueve gramitos de uranio enriquecido y monte la de San Quintín. Espada de Damocles real y vigente, pues. Cuánta razón tenía Kennedy.

La tesis de la película es demoledora: más allá de los países que ya tienen munición nuclear -algunos de ellos de tan preocupante pedigrí como Pakistán, India o Israel, sin contar el caso iraní- es relativamente fácil que uno de esos aspirantes a cambiar la historia del mundo (y de paso, cargársela directamente) encuentre material adecuado para fabricar su bomba nuclear, básicamente en el mercado negro de alguno de los países de la ex Unión Soviética, y es aún más fácil que la introduzca en Estados Unidos saltándose todos los controles.

Countdown to zero describe con milimétrico detalle, y pone como escarpias los pelos del espectador, el proceso de devastación y muerte que ocasionaría una explosión nuclear en una ciudad como Nueva York, y recuerda que ahora mismo hasta 40 países serían capaces de fabricar la bomba. El documental recupera imágenes de la fallida cumbre de 1986 en Reikiavik entre Reagan y Gorbachov, e incluye entrevistas a un buen número de expertos en cuestiones nucleares, ex agentes de la inteligencia de EEUU y personajes como el propio artífice de la 'perestroika' ("recuerdo con tristeza aquella cumbre, porque pudimos acabar con la proliferación nuclear pero fracasamos", reconoce) o como Valerie Plame Wilson, la agente encubierta de la CIA cuya identidad reveló The Washington Post, una vieja experta en armas de destrucción masiva hoy reconvertida en activista antinuclear. "Siempre luché para que los terroristas no tuvieran armas nucleares, y sigo haciéndolo", ha dicho Plane Wilson en Cannes, donde curiosamente se proyectará este jueves la película Fair Game, en la que la actriz Naomi Watts da vida a la ex agente.

La reina Noor de Jordania ha prestado hoy, con su presencia física en Cannes, su apoyo total no solo a esta película, sino al colectivo Global Zero, que bajo la coordinación de Bruce Blair cuenta con el apoyo de 200 líderes políticos de todo el mundo.

Bender ya sabe lo que es "remover conciencias y tratar de cambiar el mundo con el cine", como él mismo ha dicho hoy: no en vano fue él mismo quien puso en marcha la película An inconvenient truth (Una verdad incómoda), sobre el desastre del calentamianto global, y que acabó logrando no sólo un Oscar sino el premio Nobel de la Paz para su actor único: el ex vicepresidente de Estados Unidos Al Gore.... a la sazón buen amigo de Bender. "Sabemos ya el poder que puede tener el cine, y presentar esta nueva película en Cannes supone un nuevo intento de cambiar las cosas", explica el productor de películas como Reservoir dogs o Inglorious basterds.

Desde una belleza que el tiempo no es capaz de marchitar y desde una voz radiofónica y modulada que impresiona cuando se escucha de cerca, Noor de Jordania ha pedido en Cannes el apoyo explícito al colectivo Global Zero y ha advertido que hará "todo lo que pueda para que esta película se vea en el mayor número de paises".

La ex monarca jordana quiere que la película y el movimiento antinuclear Global Zero se conviertan en "auténtica información viral" ya que, ha dicho, "Estados Unidos y Rusia se están comprometiendo en reducir sus arsenales nucleares, y si siguen así muchos estados les seguirán... porque se trata de una cuenta atrás hasta cero, no hay otra salida".

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