Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

El enigma vampírico de Fred Vargas

'Babelia' avanza hoy en ELPAÍS.com la nueva novela policiaca de la escritora francesa: 'Un lugar incierto' (Siruela)

Diecisiete pares de zapatos con sus respectivos pies cercenados dentro y alineados mirando a un antiguo cementerio de Londres aparecen un día sin ninguna explicación. A partir de ese momento se desencadena una historia tan macabra como entretenida, creada por Fred Vargas bajo el título de Un lugar incierto (Siruela). Enigmas, supersticiones y vampiros en la nueva novela policiaca que se convirtió en el quinto libro más vendido en Francia el año pasado, con 600.000 ejemplares. Un misterio narrativo de ficción y de ventas reales que podrán empezar a desentrañar hoy los lectores de ELPAÍS.com cuando lean el primer capítulo que avanza Babelia.

Esta vez el comisario Adamsberg está más desconcertado que nunca. Y con él los lectores. La tela de araña que suele crear Fred Vargas (París, 1957) en sus tramas policiales adquiere aquí un material que fusiona muy bien lo racional con lo supersticioso e intuitivo. El lector avanza como internándose en un bosque oscuro que se va cerrando a su espalda.

Vargas, que estudió Historia y Arqueología, es considerada como uno de los escritores que ha llevado la novela policiaca por derroteros nuevos. Aunque ella es tajante: "Yo no escribo novela negra sino novela de enigmas", dijo en una entrevista concedida a Babelia en 2008. Entonces reflexionaba sobre la ficción y la realidad en el momento de escribir y decía: "Si los hombres hacemos arte no es para repetir la vida, para hacer una doble vida". Eso lo saben sus lectores en 40 idiomas, especialmente en Francia, Alemania e Italia donde sus libros se convierten en best seller.

Como ya le ha ocurrido a Un lugar incierto, que llega hoy a las librerías de España: "Hubo un silencio, una honda de choque desagradable. Un leve quejido salió de la garganta de Estalère, Danglard cruzó los brazos. Adamsberg detuvo sus pasos y alzó la cabeza...".