Reportaje:

La arquitecta que entierra cuadros

La obra de la brasileña Christina Oiticica, elaborada "a medias con la naturaleza", llega a Madrid

JAVIER HERAS Madrid 6 JUL 2009 - 10:02 CET

Todo empezó por accidente. Había pintado un lienzo tan grande que no cabía en su casa en el Pirineo francés y tuvo que dejarlo secar en el monte. A la mañana siguiente, la tela estaba recubierta de polvo, insectos y hojas; pero el estropicio, lejos de desagradarle, la fascinó. Desde entonces, Christina Oiticica (Rio de Janeiro, 1951) ha hecho partícipe de sus obras a la naturaleza. En el mismo lugar donde elabora el cuadro, lo planta bajo tierra. Meses después regresa para desenterrarlo. "Siempre te llevas una sorpresa", explica la artista. "Algunos cuadros se estropean sin saber por qué. Otros se transforman de manera maravillosa".

Después de experimentar con el entorno (lo que se conoce como Land art) en la India y el Amazonas, Oiticica se embarcó en 2006 en un proyecto cuyo resultado, una selección de 34 obras, llega hoy lunes a la galería Biondetta de Madrid. La exposición se desarrolla en torno al Camino de Santiago, un lugar que determinó las vidas de la pintora y de su marido, Paulo Coelho. A él le inspiró su primera novela, El peregrino de Compostela (1987). A ella, arquitecta de profesión, la motivó en 1990 a dedicarse íntegramente a la pintura. "Este camino de historias seculares, sueños y esperanzas es sagrado para Christina y para mí", señala el escritor en el prólogo del libro que recoge la historia del proyecto, Camiño Peregrino, editado por Fundación Via Galego.

La esposa de Paulo Coelho descubrió su vocación en el Camino de Santiago, que inspira la muestra

La tierra y su energía

"Mi arte es como el peregrino: necesita salir de las cuatro paredes del taller", asegura Oiticica, que nunca llega al lugar con una idea preconcebida. Se sitúa al margen del camino o incluso en medio del trayecto, planta el lienzo en el suelo, sin caballete, y comienza a pintar. Emplea, por supuesto, pigmentos y tintes naturales. Por delante pasa mucha gente, pero ella permanece absorta en sus cuadros. "En ese momento de concentración absoluta estoy en comunión con la tierra y con su energía". Después entierra el lienzo, a veces incluso antes de que se seque.

La tela se tiñe de un color u otro según el lugar, "desde Roncesvalles, con su tierra rojiza, hasta Galicia, húmeda y oscura". Bajo el suelo nada puede preverse: "Me encantan las interferencias, como las raíces que se entremezclan en la trama del lienzo", dice la pintora. Pero ¿hasta qué punto controla su obra? Sus señas de identidad son precisamente esas raíces, las flores y la superficie rugosa manchada de tierra, más que los motivos que pinta Oiticica (corazones, collares, pechos). La autora ve una relación: "Siempre he plasmado símbolos de lo femenino. La tierra los complementa y completa. Me inspira". El agua, las piedras, el viento, participan tanto o más que ella. Y también hay una aportación "del caminante, que pisa por encima". Entonces, ¿cuánto mérito se atribuye? "Trabajamos a medias. Un 50% la naturaleza, y yo la otra mitad".

Christina Oiticica expone en la Galería Biondetta de Madrid (Almagro, 30) del lunes 6 de julio hasta el 29 de julio. De lunes a viernes de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 21:00.

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