Muere Michael Jackson

Un infarto acaba en Los Ángeles con la vida del autor de 'Thriller'

ROCÍO AYUSO / BÁRBARA CELIS Los Ángeles / Nueva York 26 JUN 2009 - 03:07 CET

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Al pop se le paró el corazón a las 12:26, hora de Los Ángeles. En ese minuto el teléfono de emergencias recibió una llamada: Michael Jackson había sufrido un paro cardiaco (no se especificaba de qué tipo) en su casa de Bel-Air y no respiraba. Tres vehículos de los servicios de urgencias respondieron a la petición de auxilio de un miembro del servicio del rey del pop con la esperanza de reanimar al cantante. Dentro de la mansión se iniciaron los primeros auxilios. "Fue como vivir un momento histórico", dijo una de sus vecinas. Desde el pasado mayo, Jackson vivía en Bel-Air, cuando alquiló un palacete estilo francés de siete dormitorios y 13 cuartos de baño. Esta vecina, como el resto del barrio, se enteró de la noticia cuando la policía cortó el tráfico para dejar salir a las ambulancias. Desde las aceras, los turistas, fauna habitual del exclusivo vecindario, disparaban sus cámaras "por si hay suerte".

En el interior de una de las ambulancias iba un músico sin el que no se puede entender la historia del pop. Billie Jean o Thriller convirtieron a este artista nacido en Gary (Indiana), en 1958, en el mayor superventas de la historia de la música estadounidense. Veintisiete años después de aquel éxito rotundo, que también revolucionó el mundo audiovisual con el legendario vídeo que llevó durante casi quince minutos un baile de zombis magistral a las televisiones, Michael Jackson aún es el artista estadounidense que mayor número de discos ha vendido: 750 millones de álbumes en todo el mundo, un hito de la historia de las discográficas, para las que estrellas como Jackson ya nunca generarán los mismos ingresos.

Según Steve Ruda, portavoz de los servicios de emergencia que asistieron a Jackson, la ambulancia sólo tardó seis minutos en llegar al centro médico UCLA Ronald Reagan. Pero los esfuerzos fueron en vano. El primer indicio lo dio LaToya Jackson cuando salió por la puerta de urgencias con su rostro cubierto. Su madre, Katherine, también estaba con él. A las 3:15 hora local -nueve horas más en la España peninsular- la muerte de Michael Jackson se confirmaba oficialmente. Para ese momento cientos de periodistas y fotógrafos estaban a la puerta del hospital.

Así desaparecía un artista marcado por su talento musical, sí, pero también por sus excentricidades. Primero fue la burbuja de oxígeno en la que pasaba largas temporadas para ralentizar el proceso de envejecimiento. Después los rumores de que intentaba dejar de ser negro y volverse blanco. Fue víctima de un incendio, que le desfiguró parte de la cara, y según aseguraban sus allegados, le volvió especialmente paranoico.

Después compró su rancho Neverland, donde construyó una especie de paraíso para niños a los que invitaba a su casa constantemente. Hasta que llegó la primera acusación de abuso de menores en 1993, saldada con un acuerdo multimillonario. Su reputación quedó tocada para siempre. Y una década más tarde, en 2005, cuando otra familia le acusó de lo mismo, no pudo salvarse del escarnio público que produjo un largo proceso judicial que cercenó no sólo su salud física sino, según sus allegados, también su salud mental. Consiguió que le declararan inocente, pero sirvió de poco: la prensa se cebó con él y tras el juicio, desapareció de la vida pública para enclaustrarse en el reino de Bahrein con sus tres hijos. Después de cuatro años de ausencia, tenía previsto volver a los escenarios el 13 de julio en Londres.

Y por eso descansaba en su mansión angelina. El acordonamiento de la zona del hospital repercutió en el tráfico en las principales arterias de la ciudad. Twitter también se vio colapsado por la noticia. "No, oh dios mío", escribió otra reina de las revistas de cotilleos, Lindsay Lohan, incrédula ante el fallecimiento de este eterno Peter Pan. El actor y humorista Marlon Wayans -figura de la comunidad afroamericana- también hizo llegar sus plegarias a la familia de Jackson cuando todavía ni su padre, Joseph, ni la mayor parte de sus hermanos había podido llegar a su lado. "Sin él no sería lo que soy", dijo Ludacris. "He perdido a mi hermano pequeño. Un trozo de mi alma se ha ido con él", declaró el productor y amigo Quincy Jones, junto con quien hizo posible su mayor éxito, Thriller. "La divinidad unió nuestras almas", resumió Jones, devastado por lo que sólo describió como una noticia "trágica e inesperada".

Los homenajes se extendieron en el otro extremo de la ciudad, en el Paseo de las Estrellas, donde los aficionados convocaron por Internet una vigilia junto a la estrella que lleva el nombre de este artista. Una reunión confusa porque la auténtica estrella de Jackson estaba tapada por el estreno de Brüno, la comedia de Sacha Baron Cohen. Muchos de los fans se congregaron, entonces, en otra estrella, la dedicada a Michael Jackson... pero era la de un locutor de radio del mismo nombre. Hasta en su luto pudieron la confusión y la excentricidad.

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