Reportaje:

Gamoneda por Gamoneda

El poeta presenta 'Un armario lleno de sombra', unas memorias de infancia en los años de plomo

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS Madrid 18 MAY 2009 - 18:59 CET

El poeta Antonio Gamoneda en la presentación de su libro 'Un armario lleno de sombra' / BERNARDO PÉREZ

"Un libro que va a conmocionar". Así describió Luis Mateo Díez las memorias de infancia de Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), Un armario lleno de sombra (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores), presentadas esta mañana en Madrid. "Los recuerdos están en el olvido. Y yo he ido a atravesar el olvido sin inventar nada", dijo por su parte el premio Cervantes de 2006, que relata en su libro su vida hasta el momento que, con 14 años, empezó a trabajar como recadero en el Banco Mercantil de León, la ciudad en la que se crió.

En la presentación madrileña respondió también a quienes le preguntaron por su opinión sobre Mario Benedetti, fallecido ayer : "Su muerte me ha entristecido. Era un hombre necesario que destacó por su honradez intelectual y capacidad de crítica. Lo que intentó hacer lo hizo bien. Cumplió su propósito ampliamente. Respeto su manera de entender la poesía pero no la comparto. Para mí, la palabra meramente informativa y la crítica moral tiene su lugar en los periódicos, en la televisión, en los púlpitos si se quiere, pero la modalidad esencial del pensamiento poético no es ni reflexiva ni crítica sino un tipo de otra naturaleza, y determina un lenguaje que también es de otra naturaleza".

Gamoneda, no obstante, dedicó la mayor parte de su intervención a desgranar algunas de las claves de un libro descarnado, una elegía a su madre, una mujer viuda cuya existencia estuvo teñida de una mezcla de "lejía y ternura".

EL ORIGEN DEL LIBRO. "Dos años después de la muerte de mi madre abrí las puertas de su armario. Metí la cabeza y sentí el olor de mi madre. Viva. Subrayo la palabra. Fui sacando del armario cosas, objetos, escritos, humildes joyas. Eran de otro tiempo. Y ponían delante de mí un tiempo que un involuntario olvido había encubierto".

EL PADRE. El relato de la muerte del padre del poeta es uno de los momentos más crudos de Un armario lleno de sombra. Había sufrido un ictus cerebral y pidió a su esposa que le inyectase una dosis de morfina, a la que había sido adicto durante años. Así lo recoge el libro: "Mi padre ordenó a mi madre que le inyectase una concreta dosis de Pantopón. Hubo un breve diálogo que mi madre me repitió siempre con las mismas palabras: "No, Antonio, puede hacerte daño, no". Y la contestación de mi padre: "Prepárate entonces para verme sufrir". Amelia no dijo nada más; extrajo la solución y le inyectó. Pronto mi padre entró en un sueño del que ya no despertaría".

AUTORRETRATO. "Estas memorias son el duro reencuentro con el pequeño canalla que yo mismo fui. Ahora que ya no soy pequeño. No sé si canalla".

"APRENDIENDO" A CONTAR. "Aunque no creo en los géneros, a mis 77 años estoy en el aprendizaje de la prosa. Al principio intenté hacer un largo listado denotativo y frío, pero me di cuenta de que el pensamiento poético no es en mí un ornamento, sino una emanación de mi vida. Así, abrí la puerta al pensamiento poético con la condición de que no falseara la realidad. Es el libro de un poeta que lucha por la verdad y que cuando tiene dudas, lo advierte".

REALISMO. Un armario lleno de sombra relata los duros años de la represión durante la Guerra Civil en León. La ciudad era sede de la Legión Cóndor y el Hostal de San Marcos había sido convertido en campo de concentración. Bajo la ventana del poeta pasaban a diario cuerdas de presos que nunca hacían el camino de vuelta. Y todo ello narrado sin maquillajes. El autor advierte: "No es un libro vocacionalmente realista porque la realidad no necesita realismo. La verosimilitud es algo semejante a la verdad, y yo no he puesto aquí verosimilitud, sino verdad".

LAS MUERTES. "En mi infancia pesó mucho la orfandad. Mi madre, quizás si mucha sabiduría, me la hacía presente con frecuencia. Además, nací a la conciencia dentro de ese espacio de muerte que era la Guerra Civil. Fue algo biográficamente terrible, pero lo más terrible es que todo aquello fuera contemplado con normalidad".

LA MADRE. Así relata Gamoneda la muerte de su madre, ya anciana, en las primeras páginas del libro: "Murió suavemente, dejando caer con cuidado la cabeza sobre la clavícula izquierda. Estábamos en la galería y el sol se retiraba ya del frontón blanco de las casas vecinas. Yo estaba dándole de comer".

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