Análisis:

La Leche derramada, de Chico Buarque

El rey de la 'música popular brasileira' publica una novela que radiografía la soledad

JUAN ARIAS Río de Janeiro 30 MAR 2009 - 14:44 CET

Ya está, de manera destacada, en todas las librerías del país. Es más que un libro, más que una novela. Es una radiografía de la soledad. Y es la última novela de rey de la música popular brasileira (MPB), el inmortal músico y compositor, el poeta de los ojos verdes, embeleso de las mujeres, Chico Buarque. Todo lo que él produce, música o literatura, todo lo que él canta, se convierte enseguida en noticia. Así lo ha sido con esta su nueva novela Leche derramada, de Companhia das Letras, que llega cinco años después de Budapest, que fue llevada a las pantallas del cine.

Esta vez, Leche derramada, ha sido considerada por el crítico José Castello, "como una de las novelas más importantes lanzadas en Brasil en esta primera década del siglo XXI". O sea, que la literatura para el silencioso Buarque, que, como siempre, se ha negado a dar una sola entrevista a los medios de comunicación, ya no es un hobby más dentro de su arte polifacética. Ha llegado al olimpo de los grandes escritores.

Como sus novelas anteriores, desde la primera, Estorvo, en la que narra la angustia de un hombre perseguido por alguien que desconoce, también Leche derramada toca su tema favorito: la soledad. Es una novela sobre glorias y ruinas. Los críticos dicen de ella que "teje las páginas con una belleza triste, quebrada apenas por breves momentos de ironía". Es el retrato del gran compositor al que los críticos no le han ahorrado elogios. Francisco Bosco, en Prosa&Verso, el suplemento literario del diario O Globo, escribió que la novela revela "Nitidez semántica y elegancia sintáctica confieren claridad y estabilidad al texto, configurando el equilibrio de su economía".

Tan importantes o más que las presencias, en la novela de Chico aparecen las ausencias. Un vacío que, según Castello "Define un mundo diseñado no tanto por lo que no ofrece, sino por lo que se derrama entre nuestros dedos".

Pero tampoco harían falta los críticos. En las manos y en la boca del dios de la canción, todo lo suyo se convierte en oro. Todo lo suyo gusta, a todos los brasileños, porque es suyo, es de Chico, el inalcanzable, el sombrío, el silencioso, pero el presente en el corazón de la gente. El que con sus canciones abrió rayos de esperanza en los tiempos duros de la dictadura militar de los años setenta.

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